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Sigue creciendo la delincuencia y desintegración social

por 23 abril, 2019

Sigue creciendo la delincuencia y desintegración social
Estamos en un proceso de desintegración social lento pero seguro, que garantiza no solo que el problema delictual continuará en aumento, sino que nuestra sociedad manifestará diferentes patologías que a la larga nos llevarán a crisis y convulsiones de impredecible naturaleza, no solamente de seguridad pública. De crecimiento sustentable, ni hablar. A estas alturas algunos lectores me tildarán de agorero. Los que tengan estómago suficiente, espero que sigan hasta quedar lo suficientemente convencidos como para que, entre todos, comencemos a hacer despegar un megaproyecto de rescate de nuestra infancia y adolescencia, que es la que termina en la cárcel, por cierto. Rescate, sí, y uso deliberadamente la palabra rescate, porque los estamos maltratando, al punto de hacer pedazos a una cuarta parte de ellos, es decir, más de 1 millón de niños, niñas y jóvenes. Y así, no hay desarrollo sostenible que sea posible, ni delincuencia que disminuya.
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El título de este ensayo proviene de una angustiante y reciente columna del ex ministro de Justicia Felipe Bulnes. Parafraseando a la ex autoridad del primer Gobierno de Piñera: “En su momento, puse especial énfasis en señalar que condiciones de encierro como las nuestras, infligen un castigo que va más allá de toda pena admisible, ya que despoja a la persona encarcelada no solo de su libertad, lo previsto, sino que también de su dignidad, lo inaceptable… en cubículos de 4 m2 llegan a dormir más de 10 personas tendidas de costado, porque de espaldas simplemente no caben (...) si seguimos como vamos solo cabe pronosticar un nivel creciente de delincuencia con presos que salen y entran de nuestro sistema penitenciario en una espiral que solo empeorará… Se ha dicho que el grado de civilización de una sociedad o más propiamente su alma, se refleja en la forma en que trata a sus presos. Quizás hoy día correspondería agregar que no solo el alma, sino también su inteligencia”.

Una expresión de esa falta de alma e inteligencia es el insensato y estúpido llamado –frente a las noticias del aumento de portonazos–de algunos parlamentarios a endurecer las penas. Tal vez creerán que si los hacemos dormir montados unos arriba de otros y por más tiempo, se van a arrepentir más efectivamente y se van a reinsertar más eficazmente en la sociedad. Cabe desatacar que cerca de un 70% de los egresados de las cárceles vuelve a tener contacto con el sistema de enjuiciamiento criminal, mediante formalizaciones y/o requerimientos (Paz Ciudadana y UAI, 2012). Esto es lo que se llama "legislativismo populista".

Desde otro ángulo, dado que en Chile hay una población penal estable en situación de encierro de unas 50 mil personas, se podría afirmar que con un poco de decisión y dinero se podría duplicar la superficie construida de cárceles, triplicar los gendarmes, cuadruplicar los esfuerzos de capacitación y reinserción laboral, para que este grave problema de hacinamiento delictual se resuelva en, digamos, una década.

Me temo que no. El problema delictual es complejo, “retorcido” e influyen muchas variables sistémicas. Sería tan absurdo como pretender que los problemas de la infancia quedarían resueltos mejorando las residencias cerradas del Sename, cuestión por cierto tan indispensable como resolver los problemas de las cárceles cerradas, pero que solo rascaría la punta de ese iceberg.

El problema es mucho más grave

Estamos en un proceso de desintegración social lento pero seguro, que garantiza no solo que el problema delictual continuará en aumento, sino que nuestra sociedad manifestará diferentes patologías que a la larga nos llevarán a crisis y convulsiones de impredecible naturaleza y no solamente de seguridad pública. De crecimiento sustentable, ni hablar.

Hagamos las cuentas del panadero. Si invertimos en 1 millón de niños, niñas y adolescentes, de manera bien pensada, coordinada comunal y nacionalmente, el 1% del PIB anual, sale cerca de $3 mil dólares per cápita, desde los 0 a los 18 años. Desde cárceles más humanas a programas de reinserción juvenil al trabajo, atención en el hogar, adopción, deporte, artes, combate a las drogas y al alcohol, difusión televisiva, manejo de bases de datos, formación de profesionales especializados, subsidios directos, centros de atención familiar en lugar de salas cuna y jardines rígidos, el paquete completo y bien coordinado.

A estas alturas algunos lectores me tildarán de agorero y buscarán algo más estimulante para leer. Los que tengan estómago suficiente, espero que sigan hasta quedar lo suficientemente convencidos como para que, entre todos, comencemos a hacer despegar un megaproyecto de rescate de nuestra infancia y adolescencia, que es la que termina en la cárcel, por cierto. Rescate, sí, y uso deliberadamente la palabra rescate, porque los estamos maltratando, al punto de hacer pedazos a una cuarta parte de ellos, es decir, más de 1 millón de niños, niñas y jóvenes. Y así, no hay desarrollo sostenible que sea posible, ni delincuencia que disminuya.

No creo esas cifras, dirán. Waissbluth es un pesimista. Siempre lo ha sido. Haga entonces una prueba en silencio. Piense en su familia ampliada y/o los hijos de colegas y amigos… haga el recuento de chicos y jóvenes que conoce con calma, papel y lápiz. Luego, haga el recuento del porcentaje de ellos, entre 3 y 20 años de edad, que padezca de uno o algunos de los siguientes problemas:

a) Adicción (consumo reiterado semanal o más frecuente) de alcohol o alguna droga.
b) Problema sicosocial reiterado de depresión, angustia, violencia hacia su familia o compañeros, bulimia, anorexia, dificultad severa de aprendizaje.
c) Sobrepeso u obesidad.
d) Adicción a la pantalla del televisor o el smartphone.
e) Rendimiento deficiente de aprendizajes con repitencia o deserción escolar.
f) Rumores de violencia intrafamiliar, que según Unicef bordean el 25% a nivel grave, física o sexual, en Chile. Nótese que con la pura violencia intrafamiliar grave llegamos al millón de niños por este otro lado.

¿Soy exagerado?

En muchos niños, niñas y adolescentes (NNA) se superponen comprensiblemente varios de estos problemas y mientras mayor es el nivel de pobreza, la frecuencia aumenta, aunque también está presente en las clases altas, como los secretos de familia mejor guardados.

El costo social del alcohol y drogas es más de lo que “ganó” Bachelet con su Reforma Tributaria.

A nivel de toda la población, según la Facultad de Medicina de la PUC (2018), el costo económico anual atribuible al consumo de alcohol es de USD$ 2.200.000, incluyendo costos directos de salud, mortalidad prematura, crimen y violencia. El ausentismo laboral y algo potencialmente peor, la perversa y sutil pérdida de productividad, no quedaron evaluadas y probablemente nunca podrán serlo.

El Observatorio Chileno de Drogas analizó el comportamiento de los jóvenes de 19 a 25 años: 6 de cada 10 se emborrachó alguna vez en el último mes. Relea por favor. 60% se emborrachó el último mes.

Marihuana: en 2015 aumentó la cantidad de alumnos de 8° a 4° medio que declararon haber consumido marihuana en el último año, llegando a un 34,2%, lo que equivale a 3,6 puntos porcentuales más que los registrados en el estudio anterior (2013) y 19,1 más que en 2009. La marihuana hoy contiene 5 veces más principio activo que hace 10 años.

De la obesidad a la enfermedad mental y la droga y, de ahí, a la delincuencia.

Chile actualmente se encuentra en el 6° lugar mundial en obesidad infantil y en el primer puesto en América Latina. El INTA advierte que en Chile el 70% de los niños va a ser obeso en el corto plazo. Piense en las consecuencias para la salud física, la autoimagen y la salud mental de los NNA.

Para terminar con las cifras: registramos 20 mil sentencias condenatorias a adolescentes por año; el 47% de la población penal inicia su carrera delictual a los 13 años; la prevalencia total para cualquier trastorno psiquiátrico y/o discapacidad psicosocial en niños y adolescentes es de 22,5%. Con esta última cifra también llegamos al millón de NNA.

¿Estoy exagerando o tal vez me quedé corto?

Según la Asociación Chilena de Seguridad, las enfermedades profesionales de salud mental han aumentado 51% en los últimos 4 años. Una interpretación suspicaz es que ha aumentado la tendencia a “tirar licencia” falsa y que los médicos dan manga ancha al respecto, a veces cobrando. Algo de verdad hay. Según la Subsecretaría de Salud, 10 médicos emitieron cerca de 5 mil permisos cada uno en 2017. Pero es una gota de agua en el mar. En el otro escenario, los crecientes deseos de “tirar licencia” no hablan bien de nuestro clima laboral y la productividad nacional.

¿Cómo explicar que este es un problema sistémico? Los analistas simplones presuponen que cada problema tiene un costo y una solución. ¿Obesidad? Un programa. ¿Drogas? Otro programa. ¿Educación en las cárceles? Otro. Cien ONGs dando vueltas de manera desintegrada. Luego sumamos y listo.

Procure ahora meterse en la cabeza de una joven madre adolescente obesa, deprimida y desempleada, a ver cómo le va; o de un chico de 5 años, sistemáticamente golpeado en su casa y carente de la dosis mínima de amor; o de una madre que pide a gritos que le enseñen cómo estimular a su hijo en casa. Las matrices de marco lógico fueron inventadas por el enemigo, si de resolver estos problemas se trata.

Un oficialista agradecimiento: se abrió una pequeña ventana de esperanza por primera vez.

Nunca me he caracterizado por escribir columnas halagüeñas, para ningún Gobierno. Soy un poco chúcaro de más. Pero en esto el Presidente Piñera y su Gobierno merecen aplauso. En su Programa de Gobierno, Capítulo "Infancia Protegida", se planteó que los niños son la base y el futuro de nuestro país y deberían siempre ser prioritarios en la atención del Estado y la sociedad y, ¿sabe qué?, lo ha ido cumpliendo.

Puso una excelente directora de Sename, aumentó su presupuesto, la está apoyando en una difícil reestructuración; aumentó significativamente los presupuestos para la educación parvularia, equiparando la mezcolanza que existía entre Junji, Integra y los Jardines VTF. Lanzó, con el apoyo del Gobierno de Islandia, escuchando de veras a su Primer Ministro, el programa “Elige Vivir Sin Drogas”, inspirado en esos mismos principios, por ahora en seis municipios, aunque con una dotación de recursos y una cobertura que por el momento es muchísimo menor de lo que requeriríamos. La Municipalidad de Providencia y otras están lanzando programas de combate a la obesidad. Vitacura echó a andar la segunda fase del programa “cero alcohol a menores”. Algo está comenzando a pasar, aunque tímida y desintegradamente.

Soñar no cuesta nada

Espero haber dejado claro más arriba que este es un problema “retorcido”, sistémico, de requerimientos multimillonarios en recursos profesionales, deportivos, carcelarios, humanos y de infraestructura. Es la gran batalla por Chile y de Chile, que, de no librarse hoy, no dejará espacio abierto para el futuro.

Requeriremos a nivel nacional un programa masivo y permanente de comunicación televisiva sobre la protección intrafamiliar de los niños, sobre la importancia de pasar tiempo con ellos, sobre el daño del alcohol y las drogas. Asimismo, necesitamos formar un ejército adicional de psiquiatras infantiles que hoy no existen, profesores de deporte, educadoras de párvulo y asistentes sociales muy calificadas y una base de datos integrada, donde podamos seguirle la pista a cada NNA que esté sufriendo, institucionalizado o pasando por diversos centros de atención de salud, programas ambulatorios, jardines infantiles, liceos y escuelas.

A nivel comunal, necesitaremos cientos, sí, cientos de jefes programáticos muy bien entrenados y de gran liderazgo para echar adelante el “programa islandés”, con una muy buena oferta de instalaciones y profesores de todo tipo de deportes, controles de niño sano, atención especializada en sus escuelas y centros de salud, controles de alcohol, droga y obesidad, festivales deportivos y artísticos. Y sobre todo, con una oferta de alegría y ganas de vivir, de ver el vaso medio lleno y no medio vacío.

¿Quiere que siga soñando? El Centro de Estudios Públicos analizó recientemente la estructura de subsidios a los hogares del quintil más pobre, encontrando que, por niño, estos reciben $10.600 mensuales, y por adulto, $42.400. Si ambas transferencias se igualaran, la pobreza en ese segmento se reduciría de 18,2% a 10,6%, y la indigencia de 5,8% a 1,8%. Posiblemente no hay subsidio o transferencia alguna que pueda ser más ética y necesaria. Subsidiemos a los niños de una vez por todas. ¡Son el futuro de Chile!

Criar niños en ambientes de indigencia o extrema pobreza, en los escenarios que hemos descrito, es una condena para su futuro. El costo total de esta propuesta del CEP sería US$ 890 millones o 0,36% del PIB. La semana pasada estuvo de visita la Dra. Kimberly Noble, neurocientífica de la Universidad de Columbia y nos demostró lo que muchos sospechamos, pero no nos atrevemos a decir en voz alta: en un ambiente de pobreza, estrés familiar y poca estimulación, se produce subdesarrollo en zonas de la corteza cerebral del niño, medido por escáner. Así de grave.

Hagamos las cuentas del panadero. Si invertimos en 1 millón de niños, niñas y adolescentes, de manera bien pensada, coordinada comunal y nacionalmente, el 1% del PIB anual, sale cerca de $3 mil dólares per cápita, desde los 0 a los 18 años. Desde cárceles más humanas a programas de reinserción juvenil al trabajo, atención en el hogar, adopción, deporte, artes, combate a las drogas y al alcohol, difusión televisiva, manejo de bases de datos, formación de profesionales especializados, subsidios directos, centros de atención familiar en lugar de salas cuna y jardines rígidos, el paquete completo y bien coordinado.

Si el Presidente da este paso transformador, habrá redibujado el futuro de Chile. Bastaría con que le saque un 1% más del PIB a los empresarios en la actual Reforma Tributaria. Estoy seguro que si se los explica lo darían felices y si les explica las consecuencias de no hacerlo lo darían no solo felices, sino también urgidos y asustados.

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