domingo, 24 de octubre de 2021 Actualizado a las 14:00

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Salud mental: no están solos ni solas

Salud mental: no están solos ni solas
Necesitamos avanzar en entender la salud mental como un derecho, para que el país se haga cargo de quienes sufren. Mujeres, pueblos originarios, personas mayores y personas en situación de calle, son algunos de los grupos en que el sufrimiento es mayor. Por ello, en el caso de las mujeres se debe generar un programa integral de salud mental perinatal, que se haga cargo de la depresión durante el embarazo y el postparto, un programa de reparación real para quienes sufrieron abusos sexuales, y un plan de salud mental intercultural compatible con la cosmovisión de los pueblos originarios. En el caso de las personas mayores se debe reimpulsar el plan de demencia y crear un programa que permita la inclusión de quienes habitan en las calles, muchas veces con enfermedades mentales severas o con problemas de adicción Además, sin duda debemos acompañar a las más de 48 mil familias que han perdido un ser querido en la pandemia y que aún esperan nuestro apoyo.
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En el  Día Mundial de la Salud Mental no podemos olvidar que las enfermedades mentales son un factor crucial en la generación de pobreza y es hoy la principal condición que hace que las personas vivan menos años. En Chile, estas enfermedades son la primera causa de enfermedad y de licencia médica, lo que condice con los estudios que muestran al país entre los líderes de la región en el consumo de alcohol y drogas, en patologías en menores de 6 años y en la percepción de malestar psicológico. Antes de la pandemia, uno de cada cuatro compatriotas presentaba una enfermedad mental, pero solo el veinte por ciento logra ser atendido.

La principal causa de esta discordancia entre la magnitud del problema y las soluciones que estamos dando, es el estigma que enfrentan las enfermedades mentales: se desconoce la recuperación existente con tratamientos adecuados o simplemente se niega su existencia. Contamos con cerca del 2% del presupuesto de la salud dedicado a Salud Mental, pese a que el mínimo establecido por la Organización Mundial de la Salud es de 5% hay falta de iniciativas de prevención, y hospitales y clínicas no cuentan con camas para estas enfermedades. En la protección social, las licencias generalmente se rechazan o reducen, y cuando las aceptan, se retrasan los pagos, o las personas no pueden tratarse por el tope máximo de sesiones o no encuentran horarios disponibles.

Esta realidad ha empeorado con la pandemia. Aunque las Naciones Unidas recomendaron fortalecer la red, aumentar los recursos, y generar campañas comunicacionales y de atención que contrarresten los aumentos de enfermedades mentales, Chile no le ha dado la prioridad que requiere.

El desafío es urgente. No podemos continuar con la indolencia del actual gobierno. Debemos avanzar en tener una ley de Salud Mental, consolidando la no discriminación en relación con la cobertura de prestaciones, aceptación de licencias médicas, y en la disponibilidad de tratamientos en la red de salud pública y privada.

Necesitamos avanzar en entender la Salud Mental como un derecho, para que el país se haga cargo de quienes sufren. Mujeres, pueblos originarios, personas mayores y personas en situación de calle, son algunos de los grupos en que el sufrimiento es mayor.

Por ello, en el caso de las mujeres se debe generar un programa integral de salud mental perinatal, que se haga cargo de la depresión durante el embarazo y el postparto, un programa de reparación real para quienes sufrieron abusos sexuales, y un plan de salud mental intercultural compatible con la cosmovisión de los pueblos originarios. En el caso de las personas mayores se debe reimpulsar el plan de demencia y crear un programa que permita la inclusión de quienes habitan en las calles, muchas veces con enfermedades mentales severas o con problemas de adicción Además, sin duda debemos acompañar a las más de 48 mil familias que han perdido un ser querido en la pandemia y que aún esperan nuestro apoyo.

La salud mental viene a ayudarnos a ver la diferencia y sobre todo a humanizarnos, de partida, con el acto de decir a quienes sufren que vemos su dolor y que no están solos ni solas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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