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Consejo para la Fed: que las ramas no tapen el bosque

por 16 junio, 2016

Consejo para la Fed: que las ramas no tapen el bosque
"Un elemento que ha sido menos tomado en cuenta es que, además de la relación necesaria entre la política monetaria y fiscal dentro de los países, en ausencia de mayor coordinación entre naciones, el resultado termina siendo un juego de suma cero a través de los tipos de cambio y su efecto sobre el crecimiento".
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Típicamente este consejo se refiere a que la importancia de eventos cercanos disminuye al compararla con tendencias de mediano plazo. Eventos como la reunión de la Fed esta semana son ejemplos de cómo a veces la rama de un árbol puede esconder lo que hay detrás.

Lo que haga la Fed tiene importancia para EE.UU. y para el resto del mundo. Tras mantener la TPM en junio, la Fed volverá a intentar construir el caso para alzas próximas, probablemente septiembre. Por esto la información del comunicado y las proyecciones entregadas tras la reunión del miércoles, así como los discursos que los consejeros hagan a partir de ahora, pueden tener un impacto significativo sobre los precios, a través de las monedas, tasas de interés y bolsas, con movimientos que hemos visto que pueden ser grandes.

Pero al final del día estamos hablando de un aumento de 1/4 de un punto porcentual en el rango de la tasa de interés, que en un caso extremo llevaría a 3/4 de un punto porcentual de alzas a fin de ese año, si creemos que la Fed se apegará a sus proyecciones de marzo. Al ponerlo en contexto, el análisis meticuloso de comunicados y minutas, junto al alto interés que los consejeros tienen en sus discursos, parecen ramas en medio del bosque más tupido de la economía global.

Las malas noticias son que el panorama amplio muestra una economía que todavía tiene resaca de la crisis financiera. EE.UU. solo ha logrado tener un crecimiento en torno a su promedio histórico y desde mediados de 2012 la inflación está bajo la meta del 2%, lo que ha jugado en contra de la normalización de la política monetaria, que recién en diciembre pudo subir la TPM después de casi 8 años.

En la Eurozona y Japón el problema deflacionario es incluso peor, lo que ha llevado a sus bancos centrales a implementar tasas de interés negativas, compras de activos e incluso a pagarles a los bancos por dar crédito. En el mundo desarrollado la política monetaria se ha convertido en el gran arma para mover los engranes de la economía, en buena parte obligada por la parálisis de una política fiscal que, en lugar de servir de complemento en el estímulo de la demanda agregada, ha sido incluso un obstáculo.

En el mundo emergente el fenómeno más importante es la desaceleración estructural de China, lo que tendrá consecuencias sobre el resto del mundo en desarrollo, particularmente para países exportadores de commodities como Chile. En los próximos años seguiremos viendo un mundo que crece menos y bancos centrales en el mundo desarrollado que ya no tienen las municiones tradicionales para enfrentar una crisis.

A esto se suma que desde el lado de los consumidores el envejecimiento de la población, entre otros factores, lleva a mayores tasas de ahorro y juega en contra al consumo. La inversión privada también está débil, en parte por las bajas tasas de interés real alrededor del mundo. Dentro de las alternativas disponibles, será importante lo que pueda hacer el sector público en lugares donde tenga las holguras suficientes, como EE.UU., Japón y algunos países de la Eurozona, para estimular la demanda agregada. En caso de existir este espacio, las medidas debieran apuntar a reformas estructurales que fomenten el consumo privado, pero también en inversión y gasto público.

Un elemento que ha sido menos tomado en cuenta es que, además de la relación necesaria entre la política monetaria y fiscal dentro de los países, en ausencia de mayor coordinación entre naciones, el resultado termina siendo un juego de suma cero a través de los tipos de cambio y su efecto sobre el crecimiento.

Para aumentar el tamaño de la torta mundial se debe enfrentar el desafío del desarrollo de largo plazo, que se basará principalmente en el crecimiento de la productividad. Por lo tanto, el desarrollo e implementación de reformas estructurales que apunten a este objetivo podría beneficiarse de esfuerzos multilaterales que complementen las medidas que cada país decida tomar de manera individual. Por ejemplo, desde la política monetaria medidas macro y micro prudenciales pueden ser útiles para hacer del crecimiento más robusto y menos expuesto a crisis financieras.



Mirando más allá de los eventos del día a día, el panorama más amplio muestra una economía global que sigue frágil. A lo que hagan las autoridades de cada país, debiéramos ver una coordinación creciente entre naciones para hacer frente a problemas comunes como el estancamiento de la productividad y la fuerte interconexión de los mercados financieros.

Jorge Cariola
Economista
Grupo Security

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