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Solo faltó el bombo de barra brava de los empresarios más poderosos de Chile en acto de campaña de Piñera y Vargas Llosa

por 28 septiembre, 2017

Solo faltó el bombo de barra brava de los empresarios más poderosos de Chile en acto de campaña de Piñera y Vargas Llosa
Más de doscientos empresarios y ejecutivos encabezaron la barra brava empresarial que se congregó en el hotel Ritz, de Las Condes, para respaldar la candidatura del ex Presidente. Como un cheerleader del candidato, el Premio Nobel peruano llamó sin tapujos a votar por él, destrozó a gran parte de los gobiernos de izquierda de los últimos años en la región y alabó a los de derecha en Argentina, Perú y Brasil. El escritor defendió la libertad de expresión como esencia de la democracia y Piñera dijo que prefería una prensa ruidosa, aunque luego señaló que esta había caído en la “vulgaridad”. Los periodistas presentes fueron autorizados a ingresar a último minuto, sin almuerzo, sin asientos, tres horas de pie detrás de las mesas donde comían el gran empresariado y los panelistas. Ni Vargas Llosa ni Piñera quisieron responder nuestras consultas.
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Mario Vargas Llosa, con sus 81 años a cuestas, llegó serio y sin detenerse hasta ingresar al salón Ballroom II en el segundo subterráneo del lujoso hotel. El único que hablaría con la prensa en la ocasión sería Sebastián Piñera, ‘su’ candidato. Todo preparado.

Más de doscientos empresarios y ejecutivos se habían congregado para aplaudir una y otra vez al ex Presidente, y para saborear la interminable lista de duros adjetivos que usaron ambos para criticar a los gobiernos de centroizquierda o izquierda de Brasil (Lula, Dilma), Argentina (los Kirchner), Venezuela (Chávez, Maduro) y Cuba (los Castro) y el duro trato al gobierno actual, al que Vargas Llosa se cuidó de no aludir, dejándole la tarea a Piñera.

El candidato de Chile Vamos apareció pocos segundos después y, como si de un acto oficial de La Moneda se tratase, aguardó a que el escritor se ubicara a su lado para ingresar al salón, en medio del aplauso ensordecedor de la hinchada clase A.

La exclusiva audiencia

Allí estaban en la mesa central Piñera y Vargas Llosa, acompañados del presidente del holding Penta, actual presidente de la CPC y quien fuera el canciller del ex Mandatario, Alfredo Moreno; junto al ex ministro de Hacienda, Felipe Larraín; el senador RN y escudero de Piñera, Alberto Espina; el director de El Mercurio, Cristián Zegers; y el ex presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara, miembro del equipo de campaña del ex gobernante. Todos junto al dueño de casa, el socio fundador de Picton, Matías Eguiguren.

Eguiguren es un ex socio de Celfin que trabajó por 11 meses en la administración de Piñera, donde se desempeñó en el equipo de Rodrigo Hinzpeter, en el área de Proyectos Especiales del Gobierno, del Ministerio del Interior.

En las otras 24 mesas se dispersaron ex colaboradores del Gobierno de derecha y simpatizantes. En una de ellas, cercana a la principal, estaba Juan Andrés Fontaine, ex ministro de Economía, junto al actual vicepresidente del Banco Central, Sebastián Claro.

En otra compartían el ex director del Servicios de Impuestos Internos, Julio Pereira –que dejó el Gobierno de Piñera en medio de la polémica condonación a Johnson’s–, la misma mesa del socio del controlador de Gasco, Matías Pérez Cruz. El líder del grupo colombiano Sura en Chile (dueño de la AFP Capital), Francisco Murillo, compartía en otra mesa con el socio del estudio de abogados Jorge Carey; el presidente de la Asociación de AFP y ex presidente de la patronal CPC, Andrés Santa Cruz; el director ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino; el empresario y ex presidente del club UC, Alfonso Swett; y el influyente socio de Asset, director de Cencosud y consejero del CEP, David Gallagher.

También se instalaron juntos, en otro sector, el ex ministro de Educación de Piñera y hoy al frente del CEP, Harald Beyer, el polémico columnista de El Mercurio Axel Kayser y el empresario Nicolás Ibáñez. El ex controlador de D&Y (Lider) insistía en hablar con Vargas Llosa antes de que tomara asiento, mientras Rodrigo Vergara compartía animadamente con el ex ministro de Agricultura Luis Mayol.

Silencioso, en una mesa en una esquina del salón, un invitado sorpresa: el controlador de lo que queda del grupo Penta,  Carlos Alberto Délano. El ‘Choclo’ parece no disponer del capital social para gritarle “chatito” a Piñera, como lo hacía en las visitas del ex Mandatario a Icare, y ayer observaba en silencio y sin capturar el interés de sus comensales. Incluso buscaba la mirada de otros asistentes en mesas contiguas, pero el escándalo de financiamiento masivo e ilegal, principalmente a la UDI, lo tenía relegado a un segundo plano.

También en silencio, pero en una mesa cercana al centro, se hallaba el socio controlador de LATAM Airlines y amigo de Piñera, Ignacio Cueto, multado por la SEC estadounidense por el pago de "coimas" en Argentina. Cerca, Sebastián Piñera hijo compartía mesa con el ex gerente general de AFP Cuprum, Ignacio Álvarez. Y más allá, el ex mano derecha del fallecido Ricardo Claro, Baltazar Sánchez.

La larga lista la completaban el CEO de BTG Pactual Chile, Juan Guillermo Agüero, que parecía muy conforme con lo que escuchaba, junto al presidente de la compañía de seguros de la Cámara Chilena de la Construcción (CChC), Confuturo,  Joaquín Cortés.

Por otro lado, también destacaba, representando al grupo Matte, Jorge Gabriel Larraín, esposo de Patricia Matte y padre del presidente de la Sofofa, Bernardo Larraín Matte. Y ahí, cerca, también el dueño de una de las mayores inmobiliarias del país, Manquehue, José Antonio Rabat, cuyas oficinas son ‘vecinas’ de las de El Mercurio, por lo que terminó dejando el evento junto al subdirector de ese diario, Juan Jaime Díaz. Amablemente Rabat actuaba de anfitrión, diciendo “bienvenidos” a quienes bajaban al salón para sumarse al evento.

Abriendo los fuegos

Un exultante José Miguel Ureta, socio fundador de Picton y a cargo del área de inversiones, hizo de presentador y no se guardó matices para comenzar el acto de campaña.

“La economía parece mostrar señales de recuperación y el panorama político de mediano plazo se ve prometedor. Las encuestas y un Ipsa que ha subido más de 30%, dan casi por descontado el triunfo de Sebastián Piñera”, expresó en su segunda frase, desatando las primeras palmas de la audiencia.

Ureta continuó. “(…) Y su éxito (del posible Gobierno de Piñera) en la reconstrucción del descalabro producido por la retroexcavadora de la Nueva Mayoría. Estaría volviendo la sensatez y retomaríamos el modelo que más prosperidad y bienestar ha brindado a los chilenos. Pero, cuidado, no podemos bajar la guardia, la carrera no está corrida y, sea cual sea el resultado las elecciones, el populismo hará todos sus esfuerzos por boicotear la reconstrucción. Hemos sido testigos de su perverso actuar: una reforma tributaria que desincentivó la inversión, complejizó enormemente la contabilidad y no recaudó lo esperado. Una reforma laboral que cedió a presiones sindicalistas y al viejo concepto populista de confrontar a empresarios y trabajadores”.

Luego Ureta concluiría criticando el éxito que –a su juicio– consiguieron grupos ambientalistas al lograr que fuera “casi imposible sacar adelante proyectos de inversión de envergadura”, y a NO + AFP por “lograr forzar” la creación de un sistema de reparto, aludiendo al proyecto de reforma del sistema de pensiones que envió en agosto el Gobierno de Bachelet. El populismo, dijo, pasa por encima del sentido común de autoridades y legisladores, algo que ve replicado en la región y que esperaba fuera abordado en el seminario.

Acto seguido: Vargas Llosa.

La izquierda nefasta

Si Ureta puso el ritmo, el Premio Nobel no se quedó atrás. Sin apuntes de por medio y apelando a su memoria, Vargas Llosa confirió a su discurso un carácter más político.

Aunque evitó atacar a Bachelet, sí hizo hincapié en que la gente sea “sensata” y vote por Piñera, generando uno de los momentos de mayor aplauso en el salón, mientras el candidato presidencial sonreía, satisfecho y bebiendo bebida cola.

Para Vargas Llosa no hay alternativa a la democracia liberal. “Los países que han salido del subdesarrollo, que son modernos, que están a la vanguardia del desarrollo, lo han conseguido gracias a la democracia liberal, a las políticas de mercado, respetando la propiedad privada, incentivando la actividad empresarial, incentivando la inversión. ¡Y no hay otra fórmula! Todos los intentos comunistas, socialistas o fascistas, para tener un Estado fuerte, una economía centralizada y garantizar el desarrollo, han sido incapaces de conseguirlo, han fracasado”, sentenció.

En esa línea, repasó con rudas palabras la experiencia de distintos países en América Latina y el Caribe, desplegando una larga perorata contra proyectos que no respondieron al paradigma liberal y que –en su opinión–han venido destruyendo todo lo que el capitalismo ha logrado avanzar en las últimas décadas.

Allí puso a la Venezuela del fallecido Hugo Chávez y del actual mandatario Nicolás Maduro (“la gente está muriendo de hambre”), Argentina (“de los Kirchner”), el Brasil de Lula y Dilma (“la justicia ha sido valiente frente a la corrupción”), la experiencia de Nicaragua con Daniel Ortega (“su mujer es peor”) y el más atacado, el candidato y primero en las encuestas presidenciales en México, Andrés Manuel López Obrador, quienes reflejan para Vargas Llosa lo peor en gestión gubernamental que puede vivir la región, aunque se opte por ellos vía elecciones.

En el mexicano recayeron sus palabras más duras. “No hay muchas razones para el optimismo. Hay que esperar que la población mexicana enfrente con más sensatez la difícil situación en que se encuentra. Las encuestas dicen que un líder populista profundamente demagogo podría ganar. Si fuera así, pobre México… Si un país como México, con la gravitación que tiene, cae en garras del populismo, y López Obrador gana las elecciones, creo que no solamente será trágico para México sino que las consecuencias para el resto de América Latina pudieran ser muy graves”, sostuvo.

Sobre Perú, si bien reconoció que los gobiernos liberales de los últimos años han evidenciado importantes hechos de corrupción, los destacó por haber aplicado políticas liberales.

Con ello, dejó su mensaje final, llamando abiertamente a la población chilena a movilizarse para defender el modelo y votar por Piñera. “Si hay un país que es un ejemplo de cómo se puede dar una batalla exitosa contra el subdesarrollo, es sin duda Chile", expresó.

Y, acto seguido, dijo: "Es muy importante que los chilenos no solo lo comprendan sino que se movilicen para que ese modelo, que está dando tan buenos resultados hasta ahora, no vaya a retroceder. Creo que con Sebastián Piñera en el poder eso está garantizado y por eso deseo, como estoy seguro la inmensa mayoría de todos ustedes, que Sebastián Piñera reciba un abrazo claro y una mayoría sin equívocos en las elecciones”, cerró el escritor, provocando el intenso aplauso del gran empresariado presente.

La Nueva Mayoría y “el hermano mayor”

Tras la media hora de Vargas Llosa, Piñera metió tres servilletas al texto que llevaba consigo y se tomó casi 40 minutos para suscribir plenamente los dichos de su antecesor, y luego comenzar a atacar con dureza al Gobierno actual.

Como estila, inició el discurso con un ‘chiste’. “Voy a tener que declarar el aporte voluntario”, dijo, como aludiendo al explícito apoyo del peruano, mientras los empresarios reían de buena gana.

Coincidiendo en la crítica al populismo, el abanderado de Chile Vamos recordó que este año se cumple un siglo de la Revolución bolchevique y que es llamativo “cómo esa revolución pasa prácticamente desapercibida, lo que refleja la pérdida de la fuerza de los principios, valores y motivaciones que esa revolución generó”. “Llama la atención que la izquierda, que siempre tiene excelente memoria para recordar momentos estelares, no quiera acordarse de este centenario”, ironizó.

Piñera, al igual que Vargas Llosa, criticó los proyectos que califica de populistas, asegurando que engañan a la gente con voluntarismo y sin tener “realismo”.

Y añadió que, si bien parecen ir en retroceso en la región, existen escenarios previos que abren la posibilidad de que vuelvan a aparecer, ejemplificando con la crítica que se ha instalado a lo que llamó el establishment.

“La deslegitimación y debilitamiento de las instituciones, el descontento ciudadano con el establishment, no solamente Gobierno y partidos, sino con los empresarios, las iglesias, todas organizaciones e instituciones de un país; la ineficacia de las políticas para escuchar y comprender las inquietudes de las grandes mayorías, son todas ellas el caldo de cultivo para la aparición del populismo”, afirmó.

A su juicio, la Nueva Mayoría y el Gobierno de Bachelet equivocaron el camino, principalmente por un mal diagnóstico de la realidad de Chile y “por pensar que el país estaba descontento y avergonzado de esos casi 30 años de progreso y que los clamores de las calles, que siempre son extremos y poco reflexivos, representaban el sentimiento de la mayoría, que normalmente son más reflexivas y, por tanto, más prudentes”.

Manifestó que el país multiplicó por siete el ingreso per cápita en ese periodo y que subió notablemente en índices de desarrollo humano, multiplicó por seis la cobertura educacional y que hoy solo queda uno de cada cinco pobres que había a mediados de los 80, mientras gobernaba Pinochet, asegurando que Chile pasó de tener una mayoría de pobres a una mayoría de clase media.

Y, sin embargo, dijo, el Gobierno de Bachelet rompió con esa línea y terminó asfixiando la libertad en nuestro país. Según Piñera, además del diagnóstico, el otro “gran error” de la coalición gobernante fue “ideológico”. “El creer que el Estado es el gran protagonista de lo social, y que los seres y las personas, los individuos, la sociedad civil, tiene que subordinarse a estas guías o directrices que determina el Estado, como el hermano mayor que tiene que tomar todas las grandes decisiones", apuntó.

"Porque con eso lo que logró fue ahogar, apagar, asfixiar, lo más fuerte y poderoso que tiene la sociedad, que es la fuerza de la libertad, la creatividad, la innovación, el emprendimiento, esos son los verdaderos recursos renovables que permiten a los países dar grandes saltos”, disparó, analogando el Gobierno de Bachelet con los de pasado comunista en Europa.

Los medios, la libertad de expresión y una prensa “vulgar”

Concluido el discurso, subió al estrado el director de El Mercurio para liderar un “foro” con Vargas Llosa y Piñera.
Al escritor le preguntaron cuál era el mayor valor a cuidar de la democracia. Vargas Llosa no dudó: “Si hay que elegir una institución, diría la libertad de expresión. Creo que de alguna manera encarna lo mejor de la democracia".

Y, en tal sentido, añadió: "Si se puede ejercer una crítica contra el poder, denunciar al que anda mal, es el punto de partida de todas las reformas. Cuando la libertad de expresión desaparece en una sociedad, las instituciones democráticas comienzan a funcionar peor. Son importantísimas las elecciones y la independencia de poderes, pero, si hay que elegir una institución que sea la esencia misma de la democracia, es el derecho a la información, a ejercitar la crítica, el derecho a oponerse a lo que el poder o los poderes quieren hacernos como única verdad”, sostuvo.

Piñera ya lo había deslizado antes, en su alocución, cuando dijo defender el ejercicio de la libertad de prensa que deben ejercer los medios de comunicación, agregando también que “el mejor antídoto para la corrupción es la transparencia”.

“Siempre tenemos que pensar que con la libertad de prensa pasa un poco como con el aire, cuando la tenemos no la echamos de menos y, cuando la perdemos, muchas veces es tarde para poder defenderla (…). Prefiero el ruido vital de una prensa libre, al silencio de cementerio de una prensa amordazada”, declaró.

Ya en el foro, eso sí, volvió al punto de Vargas Llosa y, cambiando su tono condescendiente con la “prensa libre”, envió un crítico mensaje a los medios a un día del debate presidencial y después que se conocieran, esta semana, indicios de financiamiento ilegal a su campaña presidencial de 2009 desde SQM.

”Yo siento que todo esto que planteaba de Chile, el eslogan, la crítica, la cosa simple, llega a los titulares, oculta la discusión de fondo de las ideas, porque uno puede hacer un planteamiento muy concreto y la única pregunta que le hacen es que 'tú comentas de lo que dijo o no dijo fulanito en tal parte’ y esa es la noticia y, si uno no está en eso, no está. Pero también es cierto que hay que hacer, en este proceso de mejoramiento de la democracia, una mejor libertad de expresión, pero, como todo en la vida, la libertad de expresión significa derechos pero también ciertas obligaciones. La prensa ha ido cayendo en una especie de vulgarización del debate político, solamente al combo, al puñete, dejando de lado los grandes temas”, afirmó el candidato.

A esas alturas, gran parte de la prensa había dejado el salón. Y es que fueron casi tres horas en que los periodistas habían estado parados detrás de las mesas, pegados a las paredes, sin almuerzo y sin sillas.

Algo que fue casi un logro, pues Picton había determinado previamente que la prensa solo esperara fuera del salón, pero, ante la presión, finalmente se permitió el ingreso de los medios.

Tampoco hubo espacio para el intercambio. Al terminar el evento, se generó un punto de prensa con Piñera solo en una sala contigua. Allí estuvo el candidato. Tres minutos para responder a la prensa libre.

Cuando este medio le quiso preguntar sobre la paradoja de tener como invitado a dos ejecutivos (Cueto de LATAM Airlines y Délano de Penta) involucrados en hechos delictivos, Piñera abandonó la sala.

Antes lo había hecho Vargas Llosa. Aunque enamorado del derecho a la información, este medio quiso entrevistarlo al pasar, pero se negó. “¿Y la libertad de expresión, don Mario?”, le preguntamos al Premio Nobel. Silencio de cementerio en el ascensor que ya dejaba el subterráneo del majestuoso Ritz.

El día anterior el escritor sí dio una entrevista y una que generó polémica.

Entrevistado en T13, Vargas Llosa valoró la despenalización del aborto en Chile y criticó a quienes votaron en contra de la iniciativa: "Se equivocaron (...). Habrá parlamentarios más civilizados que esos que representan a una derecha cavernaria".

"Una señora que es violada está obligada a tener el niño porque hay una derecha completamente cavernaria que no admite el aborto. Eso es una estupidez, es una barbaridad y hay que decírselo claramente a esa derecha. Que esa derecha no es liberal, esa derecha no entiende lo que son los Derechos Humanos", declaró.

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