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MERCADOS

El río revuelto de la jornada laboral: la tensión empresariado-La Moneda y las discrepancias entre los gremios

por 26 agosto, 2019

El río revuelto de la jornada laboral: la tensión empresariado-La Moneda y las discrepancias entre los gremios
Los empresarios han intentado reconstruir qué paso ese 8 de agosto y los días previos para que La Moneda cambiara tan rápido su rumbo. La primera pregunta fue cómo sacaron el cálculo: mientras el Gobierno amenazaba con que el proyecto de Vallejo destruía 350 mil empleos, el de las 41 horas generaría 250 mil puestos de trabajo. El número no les cuadraba para nada. Lo que lograron recoger es que, sin considerar ni acoger la opinión crítica desde el Ministerio de Hacienda, la vocera de Gobierno, Cecilia Pérez, y el Ministro del Trabajo, Nicolás Monckeberg, convencieron al Presidente Piñera de introducir la indicación de las 41 horas, una propuesta que a nivel de empresarios bautizaron como un "Caballo de Troya" y que consideran un verdadero disparo en los pies de la administración piñerista.
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Todo por una indicación. El jueves 8 de agosto La Moneda puso suma urgencia al proyecto de flexibilidad laboral y, aunque desde ese momento el resto de la historia es conocida, lo cierto es que las relaciones entre el empresariado y el Gobierno de Sebastián Píñera se pusieron aún más cuesta arriba después de tal decisión. Es que en el sector privado no entendieron cómo solo 60 minutos podían cambiar tanto un panorama que antes había sido calificado por La Moneda como inviable para el mercado laboral, luego de conocerse la propuesta de la diputada Camila Vallejo (PC) para reducir la jornada obligatoria a 40 horas semanales.

Los empresarios han intentado reconstruir qué paso ese 8 de agosto y los días previos para que La Moneda cambiara tan rápido su rumbo. La primera pregunta fue cómo sacaron el cálculo: mientras el Gobierno amenazó con que el proyecto de Vallejo destruía 350 mil empleos, el de las 41 horas generaría 250 mil puestos de trabajo. El número no les cuadraba para nada. Lo que lograron recoger es que, sin considerar ni acoger la opinión crítica desde el Ministerio de Hacienda, la vocera de Gobierno, Cecilia Pérez, y el Ministro del Trabajo, Nicolás Monckeberg, convencieron al Presidente Piñera de introducir la indicación de las 41 horas, una propuesta que a nivel de empresarios bautizaron como un "Caballo de Troya".

La trastienda de la decisión es la encuesta Cadem que señaló que 72% de los trabajadores creía que favorecía la productividad y 86% apoyaba la iniciativa, lo que puso nerviosa a La Moneda, tanto así que el jefe de asesores del segundo piso, Cristián Larroulet, apoyó la idea que tampoco habría sido consultada en profundidad con el ministro del Interior, Andrés Chadwick, otrora el hombre más poderoso de la administración piñerista.

La sorpresa fue total. Los teléfonos y los grupos de  WhatsApp de empresarios se incendiaron tratando de explicar qué había pasado, pero nadie tenía antecedentes concretos sobre el anuncio. Todos compartieron un diagnóstico: la decisión de La Moneda era totalmente improvisada, empujada por las encuestas de esa semana. Entre los gremios, incluso, se consultó a expertos en materia de encuestas para saber si era cierto que la propuesta de Vallejo suscitaba tal nivel de aprobación y la respuesta que recibieron fue que la pregunta estaba muy direccionada, es decir, que ante la consulta a una persona sobre si desea trabajar menos, era raro que el apoyo no haya sido aún mayor.

La "pauta" se hizo a última hora. La instrucción que se le dio al subsecretario del Trabajo, Fernando Arab, fue la de reclutar la mayor cantidad de representantes del mundo laboral en La Moneda para hacer el anuncio. Algunas organizaciones invitadas después reclamaron y acusaron haber sido "timados" por la autoridad, porque no tenían idea de lo que el ministro Monckeberg iba a anunciar en dicha actividad.

La sorpresa fue total. Los teléfonos y los grupos de WhatsApp de empresarios se incendiaron tratando de explicar qué había pasado, pero nadie tenía antecedentes concretos sobre el anuncio. Todos compartieron un diagnóstico: la decisión de La Moneda era totalmente improvisada, empujada por las encuestas de esa semana. Entre los gremios, incluso, se consultó a expertos en materia de encuestas para saber si era cierto que la propuesta de Vallejo suscitaba tal nivel de aprobación y la respuesta que recibieron fue que la pregunta estaba muy direccionada, es decir, que ante la consulta a una persona sobre si desea trabajar menos, era raro que el apoyo no haya sido aún mayor.

Por eso, el análisis del Gobierno les pareció superficial. Y tras quedar sorprendidos y molestos con la propuesta que consideran que solo sube el costo del empleo, nadie supo muy bien qué decir y, por lo mismo, la primera reacción desde el sector descolocó a las dirigencias gremiales. "Me parece un debate pertinente. Celebro que se haya generado a partir de una moción parlamentaria y por un proyecto de Gobierno. Desde el mundo empresarial hay que empatizar con una sensibilidad que existe, vemos las virtudes que tiene el cambio tecnológico y cómo requiere que el mercado laboral y la economía sean más flexibles. Pero hay que empatizar con el trabajador, que, si bien valoriza la flexibilidad, al mismo tiempo dice apoyar la iniciativa parlamentaria de bajar la jornada de 45 a 40 sin flexibilidad", contestó en una entrevista en Pulso el presidente de la Sofofa, Bernardo Larrraín Matte.

Las reacciones no se hicieron esperar. El chat de los consejeros de la Sofofa se plagó de comentarios, porque no se había definido una postura gremial. Andrés Montero –consejero por Maltexco– y Fernando Barros –consejero electivo por Oxiquim– solicitaron debatir el tema en un consejo extraordinario. Se sumaron al debate Juan Pablo Armas (Veterquímica), Francisco Gazmuri (Gasco), Paz Ovalle (AChS) y Felipe Joannon (Saam). El representante de CCU, Patricio Jottar, intentó mediar y dijo que, estando tan cerca de fin de mes, el tema se debatiera en consejo.

El intercambio no es menor, pues tras ello se sucedió una serie de situaciones que, en medio de la visceralidad del debate, ha sumado más confusión sobre cuál es la postura que quieren defender los empresarios. Si bien La Moneda la semana pasada logró desviar comunicacionalmente el tema y sacarlo del patio de Palacio, eso no quita que el asunto sigue vigente y que el sector privado está contrarreloj para definir una posición.

Entre tanta confusión, Larraín Matte expresó en otra entrevista que sus declaraciones no significaban un apoyo a rajatabla para el Gobierno, pero dicho intento por poner paños fríos entre los empresarios no logró calmar las aguas que ya se habían enrarecido. Más aún, después que la semana pasada el presidente de la CPC, Alfonso Swett, intentara "salvar" la postura de los empresarios, enganchando el trabajo que han hecho hace un tiempo con casi todas las centrales sindicales –excepto la CUT, que ha mantenido más distancia–, subiendo a la pauta una versión actualizada de su mesa laboral.

"No es lo mismo plantear este debate ahora, en medio de una crisis mundial de la economía, que cuando se debatió el ajuste de las 49 a las 45 horas. Hay que leer el momento", reclamó un empresario. La intención de la CPC, a la que se ha allanado el Gobierno, es demorar el debate por la indicación y que se discuta con mayor altura de miras y no con la urgencia de las encuestas.

Los bandos

Entre los privados hay acuerdo en que tanto la propuesta del Gobierno como la de Vallejo "son un disparate", pero no han logrado consensuar una manera de cómo enfrentar este zapato chino, lo que quedó en evidencia otra vez el martes 20, cuando la CPC sacó la bandera blanca para ofrecer soluciones.

Larraín Matte aceptó la invitación del ministro Monckeberg, quien convocó a una serie de gremios a una conversación con el experto laboral argentino Alejandro Melamed. El presidente de la Sofofa se fue apurado de la pauta que había ese mismo día en la CPC, con el argumento de no podía negarse a la invitación de un secretario de Estado.

Efectivamente se sumaron otros gremios a la reunión con Monckeberg como la Corma y las generadoras eléctricas, pero ninguna otra de las cinco ramas de la CPC asistió, y prefirieron seguir en su pauta paralela. No hubo ánimo de boicot, aseguraron, aunque al otro día se leyó la actitud del ministro como un cazabobos.

"Gobierno encabeza reunión con gremios para buscar apoyo para rebaja de jornadas", consignó El Mercurio y desde la administración piñerista se destacó que el presidente de la Sofofa valoró la calidad del debate que se vivió en el encuentro, señalando que siempre es muy positivo el intercambio de ideas. Pero Larraín Matte trató de sacudirse del hecho de que lo acusaran de dar un espaldarazo al proyecto del Gobierno y subrayó que "las conversaciones, el diálogo, la pausa, la reflexión, le hacen bien a un debate que está completamente monocorde, de si es 40, 41, 45 horas, eso no es lo relevante. Eso creo que hay que decirlo con claridad".

El comentario, entre las ramas que no fueron a la cita, fue que es mejor dejar de descolgarse y actuar, de una vez por todas, en bloque. Allegados a la Sofofa comentaron que Bernardo Larraín Matte no apoya el debate del Gobierno y que la disidencia de cierto sector es porque tampoco ven como un aporte real la propuesta de Swett, que habló de debatir respecto a una rebaja que se inicie en media hora por jornada.

Con estas discrepancias sobre la mesa, la tensión en el seno del mundo empresarial se elevó nuevamente y los bandos se dividieron entre quienes apoyan a Matte y los que comulgan con Swett.

Es evidente que ambos líderes tienen un estilo diferente, lo malo es que ello afecta la necesidad del empresariado de mostrar una sola voz ante un Gobierno que está librando una batalla comunicacional, en la que parece importarle poco lo que dice el sector privado.

Para la Sofofa, el asunto no término ahí. El martes, antes del consejo, la dirigencia insistió en una reunión urgente para tratar los tropiezos que le ha implicado el tema laboral, cita a la que no llegaron todos los consejeros. Sin embargo, entre los que asistieron el comentario fue que el tono fue duro, ya que se continúo en la línea que se había tenido informalmente días antes: que necesitan discutir con base y ser escuchados por La Moneda lo antes posible.

Así, al menos en lo que a la escena pública se refiere, los gremios no parecen ponerse de acuerdo en cuanto a cómo quieren mostrarse ante del debate laboral, aunque es obvio que el tema pilló por sorpresa a todos de manera transversal y eso no les gusta. En lo que sí comparten opinión, es en que lo que está haciendo el Gobierno es un disparo en los pies solo por salir mejor parado en las encuestas.

Guerra de declaraciones

El Presidente Piñera salió este fin de semana a marcar posturas en el debate. En entrevista con La Tercera insistió en que "tenemos una economía sana, enfrentando tiempos difíciles", al mismo tiempo que en el Cuerpo B de Economía y Negocios de El Mercurio –el segmento preferido de la elite– agregó que los "indicadores muestran una probabilidad cada vez más alta de recesión global, que Chile enfrentaría con mayor deuda y menor espacio fiscal que 2008".

Piñera, de paso, dejó claro que no tiene intención de acercar posiciones con los empresarios. Con ninguno de sus bandos. Consultado sobre si se hacía cargo de las críticas de los empresarios "que califican como falta de convicción del Gobierno y que actúa mirando las encuestas", el Mandatario respondió que "esa crítica la he leído y creo que es una majadería. Les pido a estos gurús y sabios que, antes de dar opiniones, analicen y estudien mejor la situación. Nosotros tenemos un programa de Gobierno que lo dimos a conocer a todo Chile durante la campaña presidencial y lo discutimos en los foros de televisión. Es es nuestro norte y nuestra quilla y nos hemos apegado estrictamente a él. Sin perjuicio de eso, no tenemos mayoría ni en la Cámara ni en el Senado", aclaró.

No se quedó ahí Piñera: "Tengo mucho aprecio y respeto por los empresarios, por los emprendedores, pero yo no soy el Presidente de los empresarios, soy el Presidente de todos los chilenos y tengo que velar por el interés de ello".

En el mismo medio, Swett salió a profundizar su propuesta de retrasar el debate de la jornada laboral. "Acá hubo una batalla comunicacional que el Gobierno perdió, hubo una batalla política que también estaba perdiendo. A mí me sorprende la responsabilidad de los chilenos, porque cuando les preguntaron por trabajar menos horas, la aprobación no llegó al 100%, sino que solo al 70%, porque los trabajadores miran su realidad y entienden que si van a trabajar menos horas, les va a afectar en sus comisiones. Entonces, decir que no tiene impacto en salarios, la verdad es no haber pasado Economía", manifestó.

Como en la cueca, le tercera patita estuvo de la mano de Larraín Matte, quien optó por sentarse en 'Estado Nacional' de TVN, donde aseguró que no es mandatorio rebajar la jornada, que hay trabajadores en momentos particulares de su carrera que hasta quieren trabajar más horas, que el punto no es trabajar más sino mejor, el cómo organizar el trabajo en plena revolución laboral y que esto no sea un guarismo.

Sus propuestas, nuevamente, parecieron más cercanas a lo que ha planteado Trabajo: libertad para el que emplea y el trabajador, flexibilidad que privilegie la calidad de vida y equilibrio en la conversación libre y asimétrica. Quienes son críticos de la gestión del presidente de la Sofofa, aseguraron que lo anterior va en línea con un pseudopacto de apoyo al que llegó con Monckeberg, un ministro que tiene poca o nula llegada en la elite empresarial.

De paso, tiró un pase a La Moneda: propuso que en el Senado se debata la baja de impuestos de primera categoría como parte de las indicaciones. Lo que, dijo, no debe pasar inadvertido. Había, previamente, una fracción grande de empresarios que habían estado de acuerdo en no insistir con la idea, pues solo desataría "pasiones" en la discusión parlamentaria y podría demorar, nuevamente, la Reforma Tributaria. Algo que incluso ha compartido el ministro de Hacienda, Felipe Larraín.

La discusión en la prensa suma expertos, exministros, académicos, políticos y dirigentes gremiales. En medio de ese debate comunicacional, los empresarios deberán unirse en un único frente para defender su postura en materia de jornada laboral y, por otro lado, si el Gobierno avanza en la tramitación –y eventual aprobación de la indicación de acortar la jornada–, surge la posibilidad real de que desde el sector privado le cobren esa cuenta a Piñera, el mismo Presidente que ellos respaldaron para que regresara al poder y que ahora no les está cumpliendo la palabra empeñada.

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