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Trabajo, flexibilidad y neoliberalismo

por 3 septiembre, 2019

Trabajo, flexibilidad y neoliberalismo
Suponer trabajar 4 días y descansar otros 3, no significa que ellos sean distribuidos en la semana de forma corrida, ya que pueden incluir domingos y festivos, con más horas diarias de trabajo. No se hace cargo de una serie de problemas que hoy tienen los inicios de jornadas, como los tiempos de traslado del hogar al lugar de trabajo y la distancia de los controles de asistencia. En el actual proyecto, por ejemplo, a los actos preparatorios (cambio de vestuario o aseo personal) no se les considera jornada, y se da 1 hora diaria para eso, que se suma a la jornada máxima de 12 horas. Podrán presionarte para disminuir la colación a media hora si quieres salir antes. A eso hay que sumar que se eliminarían los 2 domingos al mes de descanso obligatorio, y se cambian por 12 domingos semestrales.
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Hoy se discuten en el país varias reformas en torno a pilares neoliberales. Están en trámite la tributaria, la de pensiones y la laboral. Este último proyecto del Gobierno de Piñera nos genera una preocupación especial, dado que la relación entre jornadas de trabajo, remuneraciones y descanso son esenciales para las relaciones humanas que las personas llevan a cabo. Por algo fue una de las primeras demandas en el siglo XIX las 8 horas de trabajo, de recreación y de descanso, herencia de la idea cristiana de la regla de San Benito y su lema "ora et labora".

Históricamente en Chile se consideró que la jornada laboral no debía exceder de 8 horas por día o 48 horas semanales, de acuerdo con el primer Código Laboral de 1931. Solo en 2005 empezó a regir el cambio que rebajó a 45 horas semanales la jornada ordinaria, distribuidas en no más de 6 ni menos de 5 días en una semana, sin exceder las 10 horas diarias. Luego de ello, si bien han sido aprobadas varias modificaciones legales para trabajadores de comercio, casa particular, deporte, de ferrocarriles, y sin dejar de lado al rubro de la entretención -los cuales cuentan con una flexibilidad laboral a prueba de cualquier ley que dignifique su labor-, no han existido reformas globales como la que se propone por parte del ministro Monckeberg.

¿Qué es lo que ofrece el Gobierno con la flexibilización laboral? A grandes rasgos, dos temas: primero, regular una jornada mensual de 180 horas, que podrá ser distribuida en forma diferente cada semana, en no menos de 4 ni más de 6 días, lo que daría como resultado trabajar en promedio 41 horas semanales. Y segundo, convenir bolsas de horas extraordinarias, compensando con días adicionales de vacaciones; junto con anticipar o postergar la recuperación de horas de permisos; y disminuir el tiempo de colación para adelantar el horario de salida.

Estas propuestas, que comunicacionalmente pueden resultar atractivas, esconden una serie de factores que las hacen un engaño.

En efecto, se sabe que Chile es uno de los países con mayor jornada laboral y menores salarios en relación tiempo/trabajo. De acuerdo con la OCDE, en 2016 la cantidad de horas trabajadas en promedio por las y los trabajadores chilenos fue de 1.988 horas. Eso significa que trabajamos cerca de 249 días del año, en jornadas de 8 horas, 28 días más que el promedio de los países estudiados por esa organización. A eso se suma que la mitad de las trabajadoras y los trabajadores chilenos recibe un sueldo igual o inferior a 400 mil pesos al mes, según la Encuesta Suplementaria de Ingresos publicada por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).

Luego, en Chile existe una tendencia a permanecer de manera muy prolongada en los lugares de trabajo, lo que lleva a que las denuncias e infracciones respecto de materias relacionadas con la jornada laboral sean recurrentes. De hecho, según la ENCLA 2014, una de cada cuatro denuncias realizadas ante las Inspecciones del Trabajo fue por vulneración a las jornadas, principalmente por no llevar registro de asistencia, no pago de horas extraordinarias, no otorgar descansos dentro de la jornada y no otorgar el feriado anual. Por ende, no existen las garantías al respecto para que las trabajadoras y los trabajadores.

Pretender extender el régimen excepcional de 180 horas mensuales que hoy tienen camioneros, choferes y pilotos como regla general para la totalidad de las trabajadoras y los trabajadores demuestra lo feble de la idea. Es algo que empeorara la calidad de vida de las familias, afectando el principio de certeza y predictibilidad. Es ofrecer al empresariado un amplio abanico de cláusulas que este podrá imponer a su antojo según los intereses de su negocio, definiendo arbitraria y discrecionalmente las horas de trabajo.

Suponer trabajar 4 días y descansar otros 3, no significa que ellos sean distribuidos en la semana de forma corrida, ya que pueden incluir domingos y festivos, con más horas diarias de trabajo. No se hace cargo de una serie de problemas que hoy tienen los inicios de jornadas, como los tiempos de traslado del hogar al lugar de trabajo y la distancia de los controles de asistencia. En el actual proyecto, por ejemplo, a los actos preparatorios (cambio de vestuario o aseo personal) no se les considera jornada, y se da 1 hora diaria para eso, que se suma a la jornada máxima de 12 horas. Podrán presionarte para disminuir la colación a media hora si quieres salir antes. A eso hay que sumar que se eliminarían los 2 domingos al mes de descanso obligatorio, y se cambian por 12 domingos semestrales.

Por lo demás, gran parte de los cambios que pretenden introducir a la jornada -supuestamente negociados individualmente por cada trabajador con su empleador- ya están hoy disponibles en la legislación con los pactos de adaptabilidad laboral, consecuencia de la reforma sindical de Bachelet. Sin embargo, hasta el momento sigue existiendo un solo pacto inscrito en la Dirección del Trabajo entre empresas y sindicatos, que es lo que recomienda OIT. Eso demuestra un interés en este proyecto para profundizar la asimetría en las relaciones laborales y la desaparición de la organización sindical.

El Derecho del Trabajo es un estatuto jurídico protector de las trabajadoras y los trabajadores, que reconoce que son la parte más débil en la asimétrica relación laboral. Ignorar o deliberadamente omitir que las condiciones de desequilibrio entre capital y trabajo hacen extremadamente difícil que un trabajador pueda negociar con su empleador el contenido de su contrato, es simple maldad. La jornada de trabajo, tal como la remuneración, el descanso, o las condiciones de seguridad, son pisos mínimos irrenunciables, que este proyecto pretende dejar en manos de los empresarios, en pos de una mal llamada “libertad”.

No dejemos que el Gobierno regale nuestro tiempo a las empresas para que dispongan de las jornadas. La gran mayoría no somos gerentes para negociar de igual a igual frente a empleadores y salir victoriosos. Si se quiere flexibilidad en empresas, que la colectividad en los sindicatos decida, pero, ante todo, preocupémonos del pueblo. Por ello, ¡reducir la jornada a 40 horas semanales es fundamental!

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