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Sister Takle: Un superclásico más que básico

por 21 marzo, 2016

Sister Takle: Un superclásico más que básico
Para más remate, en el estadio no se vio ni un solo gol. Lo único recordable es lo deleznable del baleo a mansalva de tres hinchas de la U desde un auto en movimiento, luego del partido.
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De clásico nada. Lo que vimos este domingo al mediodía entre la U de Chile y el Colo Colo no tuvo nada. Solo el rodar mediocre de una pelota sin genios de por medio. Cero concepto de juego, cero disposición, puro guatapique. El “famoso clásico” empezó por arte de la prensa y comentaristas predecibles a jugarse días antes, en los aprontes y las arengas. Que si juega este o este otro, que si es importante para no se que cosa. El domingo, día del partido, la ciudad se vio semiparalizada por una huelga de choferes que pedían garantías frente a los primates de siempre que, pintarrajeados y a torso desnudo, volvieron a ensuciar la ciudad con pintura, tierra de color y papel picado. Y, por supuesto, a ahuyentar a la gente de los estadios. Y un despliegue policial antidisturbios que le debe haber costado un turro de billetes a todos los contribuyentes, y que era auto alabado al final de la jornada por la propia dirección de Carabineros.

Que tiene esto de clásico de fútbol si, para más remate, en el estadio no se vio ni un solo gol? Lo único recordable es lo deleznable del baleo a mansalva de tres hinchas de la U desde un auto en movimiento, luego del partido.

Discúlpenme pero todo esto huele a espectáculo fascista. Esto es el fascismo en el deporte inducido por la incultura deportiva y la industria mafiosa que se ha apoderado de el. No se enfrentaron dos instituciones deportivas o dos conceptos de juego y ni menos dos imaginarios culturales como antaño ocurría con los clásicos universitarios entre la U y la UC. Lo de ayer, como siempre, fue pura explosión de marginalidad, manifestada de manera macaca desde el último hincha hasta el más encumbrado dirigente.

A mi me gustan los clásicos. A quién no. Por eso soy una de las mayores hinchas que en el mundo tiene el Sainkt Pauli FC de Hamburgo, que ojo, no es solo un club de futbol. Pues sí, me gustan los piratas de Hamburgo, por su camiseta negra cruzadas con dos tibias y una calavera. Porque aunque religiosa, mi lado mundano y carnal también se nutre de la adrenalina que producen las competiciones deportivas inducidas por una convicción.

En una visita a Hamburgo, unas hermanas que sabían de mi aficción por los deportes me llevaron al Millemtor Stadion a un partido de los piratas con el Hamburgo SV, el equipo más poderoso de la ciudad y que tiene un notorio grupo neofacista entre sus hinchas. Eso si es un CLASICO. Presencié no solo una explosión de cultura colectiva ligada al deporte sino un espectáculo de futbol y el enfrentamiento entre una concepción cívica notable acerca de la práctica profesional de ese deporte que tiene el Sainkt Pauli, y otra de corte clásico capitalista, con muchas figuras y poca espontaneidad cívica, tal como hoy son las chilenas.

Sainkt Pauli, me explicaron luego mis amigas, tiene una postura abierta contra el racismo, el fascismo, la homofobia y el sexismo al punto de haber incorporado estos principios en sus estatutos y haber hecho sacar de su estadio publicidad de la revista Maxim´s por el sexismo de sus fotos. No admiten expresiones de esa naturaleza en su barra. El club hace extensión deportiva con todas sus ramas entre los sectores de menores ingresos en el barrio de Sainkt Pauli, donde tienen su sede, y participa en campañas internacionales para juntar fondos para ayudas humanitarias en países del tercer mundo. No es un club poderoso en lo económico, y sube y baja de la primera división de la Bundesliga, más baja que otra cosa, pero tiene una potencia cultural innegable. Y llena mi espíritu de esa adhesión incondicional a algo que es querible y parte de nosotros.

Cuando el equipo entró a la cancha me quería morir. Empezó atronador a sonar un rock del grupo AC/DC: Hells Bells, Campanas del infierno (huy, Dios me perdone pues en alguna parte hablan del diablo) que todo el mundo coreaba, y ahí me enteré que muchas bandas de punk lo siguen a nivel mundial. Cuando hace un gol. Suena Song 2 del grupo Blur. Todo es un espectáculo lleno de tensión donde los gritos y cánticos son algo más que la parafernalia barata e intrascendente de líderes semifascistas y delincuentes como los de las barras nuestras. Las cosas tienen un significado para las convicciones de la gente.

El club no gasta dinero en grandes fichajes y la adhesión que recibe a través de todo el mundo, calculado en unos 11 millones de fanáticos, sirve para mantenerlo en lo que realmente es: una emoción colectiva conectada con altos valores de humanidad y de cultura deportiva, a los que aún no vence el mercado.

No quiero decir que ello deba imitarse en Chile. Con el nivel de atraso que exhibe nuestro país en materia de deporte, es como pedirle peras al olmo. Pero algo debiera hacernos pensar sobre la regulación del deporte en nuestro país y la pugna entre corporaciones deportivas y sociedades anónimas como la que vive Colo Colo. Pero esto que debiera ser materia de comentario deportivo, está lejos de la sesera y las obsesiones de los programas de radio y TV.

La joya del partido ayer estuvo a cargo de Beausejour que en un acto irracional le propinó un puntapié a mansalva a Pinilla cuando este estaba en el suelo. Anda revolucionado por algo. A lo mejor come muchos piñones que según mi médico son tirotóxicos, es decir afectan la tiroides y por impacto, el funcionamiento de la cabeza. Se ha notado en poblaciones mapuches del sur. Pero que yo sepa, Jean no es hombre del pehuen. Lo suyo es puro descontrol.

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