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El peso de la noche o el peso ciudadano

por 6 julio, 2012

Nuevamente actuaba “el peso de la noche”, expresión perfecta que acuñó Diego Portales para explicar, en los albores de la república que él mismo diseñó centralizada y autoritaria, que en Chile debía imperar un poder basado en el miedo a la autoridad y en la inercia del populacho; el mentado “peso” era para defender el antiguo orden instaurado por unas cuantas familias dueñas del poder económico y político del país.
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A fines del siglo XIX Eduardo Matte Pérez, bisabuelo de los empresarios Eliodoro y Bernardo Matte Larraín, lo dijo con todas sus letras: “Los dueños de Chile somos nosotros, los dueños del capital y del suelo; lo demás es masa influenciable y vendible; ella no pesa ni como opinión ni como prestigio”.

Él fue diputado y senador hasta su muerte (en 1902) –y también ministro de Relaciones Exteriores e Interior–, al mismo tiempo que ejercía como el mejor defensor de los intereses empresariales de la familia, simbiosis política-negocios heredada de su padre, Domingo Matte Mesías, que igualmente fue dueño de banco, diputado y senador. Ello evidencia la endogamia en el control del país por parte de un pequeño puñado de familias nativas.

El recuerdo genealógico hace ver que, en lo medular, el poder hoy se ejerce de la misma forma incestuosa a como sucedía en el siglo XIX, pues viene a colación tras lo ocurrido hace un mes: su tataranieto, Bernardo Larraín Matte (hijo de Patricia y sobrino de Eliodoro y Bernardo, que son Matte Larraín), como gerente de Colbún, una de las empresas de su holding, anunció mediante un “hecho esencial” a la Superintendencia de Valores y Seguros que la empresa familiar, propietaria del 49% de HidroAysén, recomendaría suspender la presentación del Estudio de Impacto Ambiental de la línea de transmisión del megaproyecto hasta que el gobierno diera señales de que pueden trabajar e invertir tranquilos.

Nuevamente actuaba “el peso de la noche”, expresión perfecta que acuñó Diego Portales para explicar, en los albores de la república que él mismo diseñó centralizada y autoritaria, que en Chile debía imperar un poder basado en el miedo a la autoridad y en la inercia del populacho; el mentado “peso” era para defender el antiguo orden instaurado por unas cuantas familias dueñas del poder económico y político del país.

¡Los Matte golpearon la mesa!, comentaron las altas esferas. La amenaza de paralizar su proyecto estrella, emprendido en sociedad con Endesa (controlada por Enersis, de propiedad de Endesa España, que hoy es de la italiana Enel), significaba que el club del poder debía movilizarse rápido y golpeado para rectificar. La oposición mayoritaria de la ciudadanía (un 74% consignó La Tercera cuando en mayo de 2011 salieron miles de personas a la calle para oponerse al proyecto en la Patagonia) parecía hacer dudar al gobierno. Mal que mal, el Presidente quiere que lo quieran. Sin embargo, el verdadero problema no era ese, sino cómo llevar a buen término lo más complicado del proyecto: los 2 mil kilómetros de línea de transmisión, pasando por 8 regiones y 22 comunas, debiendo para ello negociar con centenas de propietarios. Una tarea titánica. Protesta nacional mediante, aquello se hacía inviable.

El Presidente entonces anunció un posible salvavidas: una entelequia llamada “carretera eléctrica”, que tramitaría el gobierno, eliminándoles a la empresa el embrollo de presentar el trazado y diseñar cómo ejecutarlo. Pero sólo era “un anuncio”. Mientras tanto, HidroAysén igual debía presentar su estudio de impacto ambiental prometido (que, por lo demás, debían haberlo tenido hecho, pues es lo más difícil del megaproyecto, iniciado en 2006). Sin línea de transmisión, no hay represas. Y por eso ya era una anomalía que la empresa presentara separados ambos proyectos como si fueran dos y en verdad es uno.

A pocas horas de ese verdadero “hecho esencial” ya estaba el ministro de Energía dándole explicaciones públicas al vástago de los Matte. Un poco después había réplicas del mundo empresarial: “El gobierno debe reactivar HidroAysén”, dijo con cara de molesto Lorenzo Constans, presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC); igual cosa declaró Andrés Concha, titular de la Sofofa. Más tarde hablaron otros conspicuos empresarios de la plaza, socorridos por columnas de personeros supuestamente político-técnicos como el ex ministro Jorge Rodríguez Grossi y la ex directora de la Comisión Nacional de Energía María Isabel González, pidiendo que el gobierno apurara la causa. Por cierto: uno es DC y fue ministro de Lagos (fue el que dijo otra feliz frase: “El medioambiente es el lomo de toro del desarrollo”); la otra era socialista (ya no se sabe nada al respecto), pero ambos, al salir de sus cargos gubernamentales, no han dejado de operar al servicio de las empresas ligadas al rubro de la energía.

Nuevamente actuaba “el peso de la noche”, expresión perfecta que acuñó Diego Portales para explicar, en los albores de la república que él mismo diseñó centralizada y autoritaria, que en Chile debía imperar un poder basado en el miedo a la autoridad y en la inercia del populacho; el mentado “peso” era para defender el antiguo orden instaurado por unas cuantas familias dueñas del poder económico y político del país.

Pese a los años transcurridos, el “peso de la noche” se hizo tan literal que en La Moneda, tras el golpe de mesa de los Matte, abrieron sus puertas precisamente en la noche a sus emisarios y, más aún, los ministros Cristián Larroulet, Andrés Chadwick, Jorge Bunster y Laurence Golborne llegaron a recibir a las 22 horas a mandamases de Endesa España que llegaban en una delegación presidida por su mayor lobbysta, el rey Juan Carlos I. Estas inusitadas recepciones nocturnas en el palacio de gobierno, ocurridas a un año de que la gente saliera a la calle a protestar contra el megaproyecto (pero sobre todo precisamente harta del “peso de la noche”, tras la aprobación de los seremis de la construcción de las represas en Aysén) no despertaron sospecha alguna de la prensa ni de los políticos de cualquier bando. ¿Es correcto que ministros o Presidente reciban a empresarios para hablar de negocios en la sede de la república y de la democracia a la hora secreta de la penumbra?

Tampoco ha sido comentado como un descaro que, tras esas reuniones y presiones, el Presidente apareciese comunicando que se acelerarían las condiciones para que pueda ser posible la construcción de la mentada “carretera eléctrica” ideada para hacerles viable HidroAysén a los Matte y Endesa. Borja Prado, el presidente de Endesa España llegó con el rey y, tras un almuerzo con éste, Piñera y los líderes del sector empresarial nativo, dijo: “Estamos estudiando la situación, pero estamos tranquilos”. Y cómo no estarlo, si tras ello el gobierno anunció que trabajarían día y noche para adelantar para agosto el envío del proyecto de la “carretera eléctrica” al Congreso.

Días después, el golpe de mesa de los Matte llevaría a una visita de Piñera con sus principales ministros a la sede de la CPC para ponerse de acuerdo sobre “el problema energético”. La imagen, notable, del poder ejecutivo saliendo junto al poder económico después de decidir, hubiera sido una postal perfecta para enviarle a Diego Portales.

Una de las lecciones de las movilizaciones sociales del año pasado –que partieron en contra de HidroAysén, por si no se recuerda, y que luego fueron reemplazadas por el movimiento estudiantil– es la del empoderamiento ciudadano, harto ya del entramado político-empresarial que administra una élite incestuosa. Pero está por verse si el peso ciudadano podrá ser tan potente como para enfrentrase al peso de la noche.

El tema ambiental, seguramente porque en él están mezclados los intereses económicos, políticos y territoriales (es decir, la calidad de vida), explota para liberar el malestar contenido de la gente a un sistema que no da para más porque se basa en la injusticia, aunque suene altisonante decirlo.Y por eso los ciudadanos salieron a la calle: porque la batalla contra HidroAysén, sin quererlo, se ha convertido en la madre de todas las batallas. La de los ciudadanos en contra del peso de la noche.

* Columna que aparece en la nueva revista El Desconcierto (www.eldesconcierto.cl)

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