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Educación inicial y Piñera: la brecha entre el discurso y los hechos

por 19 julio, 2012

Educación inicial y Piñera: la brecha entre el discurso y los hechos
Hoy nos encontramos con un cambio en los requerimientos para tener un jardín infantil o sala cuna que aparece en el decreto 115 del 18 de mayo del 2012, firmado por el Presidente Piñera. Se aumenta en este nivel a una educadora de párvulos cada 42 niños/as y una técnico cada siete. Entonces, ¿de qué calidad estamos hablando? Pero no sólo esto: se eliminan los auxiliares de servicio y el certificado de salud que se les exige a las manipuladoras. ¿Qué opina el ministro de Salud al respecto? Desaparece la directora con dedicación de su jornada para administrar y gestionar el jardín Infantil.
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Desde el primer año, este gobierno ha planteado la prioridad de avanzar en calidad en la Educación Parvularia, argumentando que se reconoce todo el progreso en cobertura pero que no se avanzó nada en calidad en el gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet. No haré una lista de los avances en calidad que hubo y que las autoridades que asumieron conocieron en el momento de entrega, así como los desafíos pendientes. Conocieron de los progresos efectuados hacia una política inclusiva en la primera infancia, un principio que descansa  en el reconocimiento de la ciudadanía social de los niños y niñas en tanto son titulares de derechos. Se valora la diferencia y la diversidad y supone la eliminación toda forma de discriminación. Se avanzó en inclusión de niños emigrantes, indígenas, con necesidades especiales, sin distinción de género.

La atención a la diversidad significa dar la posibilidad a los párvulos de hacer cosas distintas, en tiempos diferentes, con otros compañeros y educadores o de forma individual. Se elaboraron políticas de buen trato, se construyó un curriculum inclusivo que permitiera fortalecer la cultura de las diferentes etnias, asimismo incorporar a los niños con necesidades especiales profundizando el trabajo para potenciar al máximo el desarrollo y aprendizaje de acuerdo a cada cual. Es decir, no dar a todos lo mismo sino ofrecer a cada uno la ayuda que necesita en un momento preciso.

Hoy nos encontramos con un cambio en los requerimientos para tener un jardín infantil o sala cuna que aparece en el decreto 115 del 18 de mayo del 2012, firmado por el Presidente Piñera. Se aumenta en este nivel a una educadora de párvulos cada 42 niños/as y una técnico cada siete. Entonces, ¿de qué calidad estamos hablando? Pero no sólo esto: se eliminan los auxiliares de servicio y el certificado de salud que se les exige a las manipuladoras. ¿Qué opina el ministro de Salud al respecto? Desaparece la directora con dedicación de su jornada para administrar y gestionar el jardín Infantil.

Se elaboraron orientaciones teóricas y metodológicas para incorporar un enfoque de género en las prácticas educativas. Se incorporó la dimensión de género en la política de familia para promover la paternidad activa y la crianza compartida. Se generaron diplomados para técnicas y educadoras en apego, en buen trato, género, además de capacitaciones en los temas de género e interculturalidad, así como material didáctico que expresara la riqueza de la diversidad. Por primera vez los niños tuvieron acceso a muñecas que no tenían una pierna y usaban muletas, sólo por compartir un ejemplo.  Se avanzó también en una política de territorialidad del país, entendiendo territorios que tienen historia y cultura común, entre otras cosas, basados en participación ciudadana en la formulación de políticas públicas y en mirar al niño desde su comunidad, desde su espacio sociocultural, incorporándolo y valorándolo en su desarrollo.

De todo lo anterior nació una política de supervisión entendida como acompañamiento de procesos de un equipo multidisciplinario, incorporando por primera vez a psicólogas/os, educadoras especiales, especialistas en educación indígena a los equipos existentes. No fue suficiente. Faltó  mucho pero nadie puede desconocer los avances que hubo. Borrarlos no sirve. Ignorarlos tampoco. Hay que construir y retroalimentar lo realizado, avanzar en el tema de inclusión social, pues el seguir focalizando sólo para los sectores más pobres significa más exclusión social y cultural que hace difícil romper el círculo de la pobreza.

He dejado para el final un tema clave en calidad: personal que debe atender a los grupos de niños y número de niños por adulto. La clave para poder potenciar el desarrollo y el aprendizaje en esta primera etapa de la vida son las interacciones que se producen entre el niño y un tercero que, en primer lugar, es la madre, el padre. Pero en un espacio educativo, la educadora y la técnico de párvulos es quien interactúa con en el niño, quien le ofrece oportunidades de descubrimientos nuevos, quien responde a sus gorjeos, quien le ofrece oportunidades de gozo y juego y hace del espacio físico un lugar donde cada interacción del niño tiene un sentido para él, sin olvidar el afecto, el dar seguridad, confianza, acunarlo, protegerlo. Estas profesionales de la educación son quienes trabajan con las personas en el periodo más importante de su vida. Con una educación de calidad dan un empuje fundamental para romper el círculo de la pobreza de aquellos niños provenientes del 40% más pobre.

Es por eso que se avanzó. Es  por eso que se entregaron nuevas herramientas. Es por eso que se subió su salario. Pero sobre todo es por eso que avanzamos en contratar educadoras para que en cada grupo de niños menores de un año y entre uno y dos tuviese una educadora de párvulos y una técnica cada seis niños. Esto da un promedio de cinco niños por adulto. No son los estándares de los países que están en los primeros lugares del análisis del Economist Intelligence Unit que ranqueó los sistemas de educación inicial de 45 países y que sitúa a Chile en el lugar 20. Ellos tienen un adulto cada tres o cuatro. Pero para nuestro país, en que el decreto 181 establece una educadora cada 40 niños, es decir a cargo de dos grupos, es o era un gran avance. Gigantesco. Es cierto que en una primera etapa esto no implicó un cambio de norma y sólo fue para la Junta Nacional de Jardines Infantiles, Junji.

Pero también es cierto que era el primer paso para lograr definitivamente el cambio del decreto 181, en lo que estábamos de acuerdo con Fundación Integra y el equipo de educación preescolar del Ministerio de Educación. Este desafío pendiente fue planteado en la reunión sostenida con las autoridades que asumían el Ministerio de Educación los primeros días de marzo de 2010.

¿Qué pasó? Hoy nos encontramos con un cambio en los requerimientos para tener un jardín infantil o sala cuna que aparece en el decreto 115 del 18 de mayo del 2012, firmado por el Presidente Piñera. Se aumenta en este nivel a una educadora de párvulos cada 42 niños/as y una técnico cada siete. Entonces, ¿de qué calidad estamos hablando? Pero no sólo esto: se eliminan los auxiliares de servicio y el certificado de salud que se les exige a las manipuladoras. ¿Qué opina el ministro de Salud al respecto? Desaparece la directora con dedicación de su jornada para administrar y gestionar el jardín Infantil.

Se trata de  un retroceso grave para la educación parvularia en Chile. Se invalidan  los avances en cuanto a los derechos que tienen los niños y niñas para recibir una educación de calidad. ¿De qué se trata? ¿De beneficiar a los jardines infantiles privados? ¿De despedir a funcionarios de la Junji?

Públicamente, con gran despliegue comunicacional, se dice que este gobierno avanzará en calidad, sugiriendo que en el pasado no se hizo nada al respecto. La promulgación de este decreto, que va precisamente en la dirección contraria a la calidad en educación parvularia, es inaceptable y muestra la nula coherencia, una vez más, entre el discurso y los hechos.

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