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La Concertación y la medida de lo posible

por 20 septiembre, 2012

En el cuadro actual de las mayorías existentes en la Cámara de Diputados y el Senado, dicho proyecto de reforma constitucional difícilmente podrá prosperar. La mayoría del Parlamento se ha opuesto sistemáticamente a hacer modificaciones importantes relacionadas con el sistema binominal, de tal manera que es muy difícil que para un tema más relevante y trascendente, como es la elaboración de una nueva Constitución Política, a través de una asamblea constituyente, se pueda obtener un pronunciamiento favorable por parte de esa misma mayoría que no ha querido realizar un cambio.
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La política es evidentemente el arte de lo posible. Aylwin, durante su gobierno acuñó el concepto de que en política sólo se podían hacer las cosas “en la medida de lo posible”.

Ciertamente, actuar “en la medida de lo posible”, es un ejercicio intelectual muy difícil y constituye uno de los nervios vitales de la política. En su momento, el hombre de la transición, fue muy criticado, por haber acuñado dicha frase. Se especuló que ese concepto implicaría, en la materia específica para lo cual se expresó, los derechos humanos y la sanción de sus violadores, un renunciamiento a buscar la verdad y la justicia. El tiempo demostró que tuvo razón y a pesar de que las cosas no se pudieron hacer rápido, incuestionablemente Chile, bajo un estado de derecho, ha podido ir juzgando prácticamente gran parte de las conductas constitutivas de violación de derechos humanos.

Este mismo concepto, últimamente, se ha planteado por diversos articulistas y en algunas obras para definir que, en materia económica, durante los gobiernos de la Concertación, se hizo también lo que era posible. Es decir, se hicieron los cambios que sólo permitía el sistema institucional y el mantenimiento de las reglas económicas basales para no introducir desequilibrios económicos.

En el cuadro actual de las mayorías existentes en la Cámara de Diputados y el Senado, dicho proyecto de reforma constitucional difícilmente podrá prosperar. La mayoría del parlamento se ha opuesto sistemáticamente a hacer modificaciones importantes relacionadas con el sistema  binominal, de tal manera que es muy difícil que para un tema más relevante y trascendente, como es la elaboración de una nueva Constitución Política, a través de una asamblea constituyente, se pueda obtener un pronunciamiento favorable por parte de esa misma mayoría que no ha querido realizar un cambio.

Se ha dicho que esto se produjo porque los partidos de la Concertación renunciaron, por una parte, a su ethos más fundamental; que la Democracia Cristiana se habría rendido al liberalismo y la izquierda se habría olvidado de su estatismo. Que los cambios que se habían promovido desde el proyecto alternativo para la transición no pudieron realizarse porque lo impidió el Congreso, los Senadores designados, el sistema binominal y las altas exigencias que impone la Constitución Política para hacer modificaciones sustanciales. Todo ello es  efectivo, en gran parte, pero no es toda la verdad.

Cabe recordar que la Concertación propugnaba una economía mixta, en que el Estado tenía un rol más activo. En este punto hubo una renuncia explícita. En este campo no se puede responsabilizar al sistema, porque fueron gobiernos de la propia Concertación los que continuaron privatizando, sanitarias, puertos, carreteras, empresas eléctricas y todo lo que quedaba en manos del Estado; ahí no cabe la explicación en la medida de lo posible.

Durante los gobiernos de la Concertación, especialmente los de los Presidentes Frei y Lagos, los mecanismos de control no fueron capaces de impedir una excesiva concentración económica en los mercados y para ello no se requería más que la voluntad de la autoridad en casi todos los casos, y esa voluntad no existió. No se hizo todo lo posible para  abordar la creciente concentración económica en los mercados principales y así construir una sociedad más justa.

Se ha sostenido que ello se discurrió para focalizar el ejercicio económico en terminar con la indigencia o bajar los niveles de pobreza. Sin poner en duda la buena fe de esta argumentación, no nos parece del todo aceptable. Una mayor concentración económica y la privatización de empresas públicas que la alimentaron no benefició la solución de la pobreza. En efecto, no se ha probado que todo ello produjo beneficios para el Estado que fueron determinantes para aumentar los ingresos autónomos y generar ciudadanos con mayor capacidad de emprendimiento.

Esa prueba no ha sido rendida.

Podemos decir entonces que los gobiernos de la Concertación hicieron cambios sustantivos en materias tributarias, laborales y sociales y que efectivamente se “corrió” en alguna medida la frontera de lo posible. Sin embargo, no cabe la menor duda, que por razones que aún no se han investigado a cabalidad, se dejaron de hacer cosas y se  permitieron otras que habrían marcado otros rumbos y probablemente habría significado que la Concertación no perdiera el poder ni la cohesión interna que tuvo, provocando una atomización de voluntades que aún persiste y, lo que es más grave, se sigue agudizando.

Eso tiene que ver con lo pasado. Veamos que nos depara el futuro, “en la medida de lo posible”.

Se ha propuesto una reforma constitucional destinada a hacer viable la existencia de una asamblea constituyente que elabore una nueva Constitución Política.

En el cuadro actual de las mayorías existentes en la Cámara de Diputados y el Senado, dicho proyecto de reforma constitucional difícilmente podrá prosperar. La mayoría del parlamento se ha opuesto sistemáticamente a hacer modificaciones importantes relacionadas con el sistema  binominal, de tal manera que es muy difícil que para un tema más relevante y trascendente, como es la elaboración de una nueva Constitución Política, a través de una asamblea constituyente, se pueda obtener un pronunciamiento favorable por parte de esa misma mayoría que no ha querido realizar un cambio, importante, pero que no tiene la repercusión que tendría un cambio constitucional elaborado por una asamblea constituyente.

Así las cosas, y recurriendo nuevamente a la frase “en la medida de lo posible”, una asamblea constituyente, con las actuales mayorías del Parlamento, pareciera ser que no resultaría posible materializar.

Por el contrario, un análisis sereno y objetivo nos lleva a la conclusión de que en este punto no será posible avanzar, porque el sistema electoral y la opinión de la alianza gobernante será completamente refractaria a esta posibilidad.

Obviamente esto no significa que no se puedan hacer auténticas reformas constitucionales si cambia la correlación de fuerzas o se producen hechos nuevos, pero como en política y siguiendo la frase del hombre de la transición sólo cabe hacer aquello que puede ser medido como posible, es mejor orientar, en una primera etapa, los esfuerzos del país a crear conciencia sobre la necesidad de introducir cambios institucionales importantes y dar así contenido a un proyecto de una nueva Constitución para Chile. Dentro de esta estrategia se deben orientar las energías de los movimientos sociales a proponer como un tema relevante en la discusión de la próxima campaña presidencial y en la elección de los Diputados y Senadores, eventos que se realizarán en noviembre del año 2013, el tema de una nueva Constitución para Chile y dentro de ese contexto, de un amplio debate, llevar a la discusión el proyecto de una asamblea constituyente. De esta manera esta temática pasaría a estar incorporada en ese debate presidencial y la ciudadanía podrá informarse en detalle sobre la misma y manifestar su opinión.

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