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Análisis

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Cambio de candidato en la UDI: al estilo House of Cards

por 2 mayo, 2013

Cambio de candidato en la UDI: al estilo House of Cards
Según la última encuesta CEP, Pablo Longueira es uno de los políticos medidos con más alto nivel de rechazo y más bajo nivel de aprobación, y Golborne era por lejos el mejor político evaluado de la derecha. A manera de ejemplo, el rechazo de Golborne alcanzaba un 19 %, mientras que el de Longueira alcanza un 39 % siendo el peor evaluado de la derecha.
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“House of Cards”, la exitosa serie trasmitida en Netflix y protagonizada por Kevin Spacey, es el referente para entender estos días en la UDI.

El mejor momento tomado desde la serie en Internet, podrían ser las palabras de despedida del Presidente de la UDI, Patricio Melero, al que hasta ese momento era el candidato presidencial de su partido. Lo hace ocupando palabras melosas sobre corazones y responsabilidad política muy parecidas a las que usa en la serie el representante Underwood para despedir del poder a sus víctimas políticas.

Y al igual que como se cocina el poder en House of Cards, la renuncia del bien intencionado Laurence Golborne había sido que aceptaba salir de la campaña presidencial si no había primarias, pero el fin resultó ser demasiado humillante: hay primarias y no está el ex ministro de Minería en la papeleta.

¿Hicieron buen negocio cambiando al malogrado héroe del rescate de los mineros por el incansable Longueira?

Varios elementos, más allá del enorme despliegue comunicacional, incluyendo un discurso que parece escrito hace meses, indican lo contrario.

Según la última encuesta CEP, Pablo Longueira es uno de los políticos medidos con más alto nivel de rechazo y más bajo nivel de aprobación, y Golborne era por lejos el mejor político evaluado de la derecha. A manera de ejemplo, el rechazo de Golborne alcanzaba un 19 %, mientras que el de Longueira alcanza un 39 %, siendo el peor evaluado de la derecha.

El impacto en la agenda legislativa de la falta del “Premier Longueira” se sentirá en la gestión de La Moneda, que ahora sí que entra en el completo síndrome del pato cojo. Y como se ha visto en numerosas ocasiones, Piñera, en picada en las encuestas, es peligroso y torpe, con los consiguientes daños a las pretensiones electorales de la Alianza.

Más aún, si se toma la sub-muestra de derecha —que debiera ser el público objetivo de la primaria de la Alianza—, en la que Longueira también es de los peores evaluados, y en este caso, la evaluación de Golborne es de un 80 %.

Por otro lado, es efectivo que el ex ministro de Minería ha ido sufriendo un desgaste sostenido a lo largo del tiempo, pero no implicaba necesariamente un alza de Allamand.

Asimismo, la encuesta de la UDP, indicaba que pese a todo el desgaste que se habría producido, Golborne aventajaba cómodamente en una eventual elección primaria. Si bien se filtró que había una encuesta donde empataban, nunca se hizo público dicho sondeo.

Es cierto que no estaba medido el efecto Cencosud e Islas Vírgenes en la malograda candidatura, pero en el submundo de la derecha no habría sido suficiente como para provocar un quiebre en la tendencia de votación, claramente sí para desgastar personalmente y en su reputación al ex Gerente de Cencosud, que fue lo que finalmente ocurrió. Por otro lado, pese a la seguridad y los “enormes sacrificios” que manifestó Longueira, no está en su mejor momento político. El efecto INE es la primera amenaza.

Pese a la estrategia de La Moneda y del propio ex ministro de Economía en desligarse en lo que será el peor escándalo de la administración Piñera, sus huellas en el desastre están en todas partes. Se ha sabido, por ejemplo, que el jefe de Gabinete del ahora candidato conocía lo que se urdía en el organismo de las estadísticas y el reportaje de Ciper muestra e-mails de asesores muy directos del Presidente de la República refiriéndose al Censo.

Francisco Labbé, ex director del INE, que ahora es un peligro suelto, ha dicho claramente a quien quiera escucharlo que nada de esto habría ocurrido si el INE fuera autónomo. ¿Qué significa esta frase? ¿Que durante la ejecución del CENSO no hubo autonomía, ergo hubo intervención en las cifras y la metodología por parte de sus superiores?

Más aún, está pendiente la amenaza de saber qué ocurrió con el IPC. Un destacado economista de la banca privada hizo ver hace varias semanas que había un error grave en dicho cálculo. Si bien desde el INE montaron una operación comunicacional cuidadosa respecto a que las dudas de dicho operador del mercado se habrían aclarado, no es así como lo han hecho ver reputados economistas, instituciones internacionales y la prensa extranjera.

La oposición ya ha mostrado los dientes al respecto, y es muy probable que se constituya una comisión investigadora que puede ser una pesadilla para Longueira, pues ahora que es candidato, claramente se centrará en su participación en el escándalo del INE. Y como se ha demostrado en estos días, en dicho organismo hay muchos y muchas dispuestos a hablar en on y en off con los parlamentarios. No solamente en los técnicos, sino incluso en ex asesores comunicacionales del ministro, que tenían vinculaciones y redes con Golborne. Y parafraseando al gran Quentin Tarantino, admito que “hay demasiados Djangos desencadenados” buscando cobrar al ex ministro la sangre derramada en estos días.

El mejor negocio de Longueira es que lo acusaran constitucionalmente. Por dos razones, la primera, porque el rechazo de ésta significaría el fin de la discusión sobre sus culpas en el caso INE, en relación a una comisión donde el tema estaría en discusión pública por varios meses y, segundo, porque puede que después del fin de la acusación a Beyer, donde la oposición no ganó punto alguno, tambaleen algunos a la hora de votar por destituirlo.

Con todo, Longueira entrega algo que gusta en la UDI: coherencia ideológica. Inmediatamente salió a decir que Bachelet estaba capturada por “grupos radicales”, refiriéndose a la polémica armada por las declaraciones de Fernando Atria, en el sentido que los cambios constitucionales debieran ser por las buenas y por las malas, y su historial de vínculos con la Izquierda Autónoma —relatados en una columna en El Mostrador— y otro tema que gusta mucho en la derecha política: reivindicar lo hecho por el gobierno de Piñera.

No por casualidad, como filtraron desde el oficialismo a todos los medios, en La Moneda monitorearon al detalle la nueva operación San Lorenzo, hecha esta vez para enterrar en el olvido a quien fue su ministro más popular.

La salida de Longueira tiene además un punto en contra para el gobierno, se había convertido en un superministro, que veía temas más allá de lo que históricamente fue la cartera de Economía. Su habilidad política y sus años en el Parlamento estaban destrabando numerosos temas en los que el gobierno tenía compromisos tomados. El impacto en la agenda legislativa de la falta del “Premier Longueira” se sentirá en la gestión de La Moneda, que ahora sí que entra en el completo síndrome del pato cojo. Y como se ha visto en numerosas ocasiones, Piñera, en picada en las encuestas, es peligroso y torpe, con los consiguientes daños a las pretensiones electorales de la Alianza.

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