lunes, 23 de septiembre de 2019 Actualizado a las 17:57

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La cuenta pública de… Santiago

Sebastian Piñera hizo algo similar y durante su campaña llegó incluso a prometer que “sería el presidente de las regiones”, sin embargo, en su última cuenta pública volvió a hacer lo que han hecho todos los presidentes desde el retorno a la democracia: realizar un balance para los ciudadanos de Santiago. Volvió a anunciar la remodelación del Parque Metropolitano; prometió, era que no, mejorar el Transantiago, hacer navegable el Mapocho, ampliar las líneas y extensión del Metro. El resto ya lo saben: bonos hasta por los codos, incluso para procrear.
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Piñera ahondó una tragedia nacional que tuvo en sus orígenes la ira de Concepción y La Serena en enero de 1823, marchando sobre Santiago y haciendo abdicar a O'Higgins. Su cuenta fue solamente sobre Santiago, donde ha concentrado la inversión, el Fondo del Norte es un proyecto escuálido como ha denunciado el alcalde Esteban Velásquez de Calama, inauguró el metro a Los Domínicos pero no hay tren a Concepción. Somos el único país de la OECD que no une por tren a sus principales ciudades. Lo rescatable es el proyecto de elección de los consejeros regionales, pero al dividirlo en provincias y en sub-zonas de provincias, los grupos oligárquicos de los partidos volvieron a minimizar un poder ciudadano fuerte y autónomo de las regiones. Tampoco se dejó existir partidos en una región o plataformas independientes agrupadas, lo que coarta dicha diversidad, lesionando, en la práctica, una posibilidad de participación territorial de los pueblos originarios.

Piñera es del Barrio Alto y habló más del Mapocho navegable —otro tema “no cumplido”, con la mismísima capital— y las numerosas inversiones en la zona metropolitana. No hay ley de rentas, ni devolución de porcentajes del IVA, ni ejecutivo regional autónomo. Envió un proyecto hipercentralizador que le quita a los consejos regionales votar por proyectos, sólo marcos globales de presupuesto. Quita al presidente de los consejos la posibilidad de nombrar al administrador regional. Incluso, le da al intendente delegado el poder de fijar las tablas de los consejos. La dictadura centralista intacta en el Chile de las desigualdades y la 'presicracia', el cóctel paternalista chilensis del presidencialismo con centralismo, el padre dador en vez de los modelos horizontales de respeto a potestades de otros, los hermanos diversos que tienen su autonomía.

Sebastian Piñera hizo algo similar y durante su campaña llegó incluso a prometer que “sería el Presidente de las regiones”, sin embargo, en su última cuenta pública volvió a hacer lo que han hecho todos los Presidentes desde el retorno a la democracia: realizar un balance para los ciudadanos de Santiago. Volvió a anunciar la remodelación del Parque Metropolitano; prometió, era que no, mejorar el Transantiago, hacer navegable el Mapocho, ampliar las líneas y extensión del Metro. El resto ya lo saben: bonos hasta por los codos, incluso para procrear.

La tradición centralista no es sólo piñerista. El ex Presidente Lagos había comprometido en su programa de gobierno la más radical de las reformas descentralizadoras desde el retorno a la democracia. Una docena de expertos en descentralización apoyados por la Fundación Ebert de la socialdemocracia alemana, aportamos las ideas de un programa que incluía las obviedades para mejorar la mala política territorial en Chile: regiones autónomas, áreas metropolitanas, fondos regionales con solidaridad inter-regional. En su personal y característico estilo de conducción hizo un acto emblemático a la altura de los anuncios: en la Universidad de Talca le manifestó al país que durante su gobierno se elegirían no sólo los consejeros regionales, sino que incluso el propio ejecutivo. Se comunicaron, además, medidas de descentralización y desconcentración del Estado en un plazo de cinco años y la cesión de poderes a las regiones, lo que iría acompañado de un plan de fomento, con su consiguiente contrato de desarrollo regional.

En fin, hasta allí era el plan más ambicioso en nuestra uniforme, autoritaria y centralista historia política, para construir un país más variopinto. De hecho, la estrategia se adelantó en nueve años al complejo diagnóstico que haría en 2009 la OCDE sobre el problema de la metropolización de Chile. Para lograr aquello, Lagos —que se acostumbró muy pronto a mirarse en Manuel Montt— nombró como ministro del Interior a José Miguel Insulza, orgulloso del récord ministerial al estilo de Antonio Varas (el Montt-varismo fue señal de centralismo para liberales y federalistas que se levantaron en 1851 y 1859) responsable del trámite legislativo que concretaría las medidas. Bueno, como ya se sabe, el inquilino de Palacio apenas ocupó el cargo no se le ocurrió nada mejor que instalar detrás de su escritorio un retrato de Diego Portales. Simbólicamente, se había matado la agenda prometida en Talca.

Por el contrario, Ricardo Lagos, se concentró durante sus últimos años, luego de la crisis de institucionalidad que lo afectó, en modernizar la administración pública y comunicar y concretar obras para la capital, lo que incluyó ampliaciones del Metro, un Museo en la propia Moneda y una nueva red de trasporte. También, para ser justos, creció la inversión en rutas e infraestructuras regionales, con peaje y libres, pero no hubo devolución a regiones de poder político ni recursos. Nicolás Eyzaguirre prometió a la Bancada Regionalista dejar el 50 % de los recursos del royalty minero a las regiones, pero nada ocurrió. La paradoja fue que dicha bancada hizo los proyectos con la opinión tibia de La Moneda, pero luego fue olvidada la plataforma regional.

Sebastian Piñera hizo algo similar y durante su campaña llegó incluso a prometer que “sería el Presidente de las regiones”, sin embargo, en su última cuenta pública volvió a hacer lo que han hecho todos los Presidentes desde el retorno a la democracia: realizar un balance para los ciudadanos de Santiago. Volvió a anunciar la remodelación del Parque Metropolitano; prometió, era que no, mejorar el Transantiago, hacer navegable el Mapocho, ampliar las líneas y extensión del Metro. El resto ya lo saben: bonos hasta por los codos, incluso para procrear.

Por cierto, no dijo nada de lo que realmente nos importa en regiones: elección de los intendentes, facilitar la inscripción de partidos y plataformas regionales, regiones democráticas con interculturalidad y poder indígena, Ley de rentas regionales, Fondos de cohesión interregionales, educación superior e investigación en todas ellas, establecimiento de incentivos a la desconcentración de Santiago y limitar el crecimiento de Santiago. Y así los postergados de siempre en el modelo portaliano, seguiremos esperando, condenados a mirar como a ellos les sisgue creciendo la nariz.

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