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Ganar el centro o perder la elección

por 4 julio, 2013

Ganar el centro o perder la elección
Como el líder más carismático y legitimado internamente de la UDI, él más que nadie puede correr a su partido y al resto de la derecha decisivamente hacia el centro (“porque sólo Nixon puede ir a China”). Sí decide hacerlo, es clave que lo haga con la suficiente convicción para que este transito sea creíble y no una mera declaración de intenciones.
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Pablo Longueira tiene una difícil misión si quiere ganar en diciembre. Pero no imposible.

Partamos por precisar que en la primaria del domingo pasado ganaron los extremos políticos. Así, conectar con el elector moderado y aquellos que no se identifican con ninguna coalición, es el gran desafío para todos los candidatos. Según la última encuesta CEP, un 57 % de los chilenos no se identifica con ningún sector político y un 47 % no responde al eje Derecha-Centro-Izquierda. Por su parte, la encuesta UDP 2013, nos dice que un 72 % no se identifica con ningún partido político y que sólo una de cada 10 personas está a favor de una Asamblea Constituyente.

En este contexto, Pablo Longueira debe construir en su campaña un referente amplio, que supere a la base UDI para ser competitivo frente a la candidata de la izquierda. Instalar que esta carrera es más que una definición personal entre Michele Bachelet y el líder UDI; es sobre dos proyectos de sociedad y futuro. Uno impuesto por la agenda de la izquierda autoflagelante y otro que proyecte los avances del país de los últimos 25 años.

Longueira debe congregar en su campaña la diversidad en contenidos y rostros de una centroderecha abierta, moderna y transversal. Esto implica necesariamente entender que, a diferencia de la hegemónica creencia cultural UDI, no existe una forma correcta de vivir la vida, sino que muchas y múltiples. Y que ellas implican un valor para la sociedad. Los huérfanos del centro liberal lo demandan.

Longueira debe utilizar su liderazgo, carácter y experiencia política para proponer un proyecto que implique un perfeccionamiento al modelo, sin atrincheramientos. Abierto a cambios profundos tanto en lo político (reformas a la Constitución, integrando la propuesta de Andrés Allamand y proponiendo una alternativa al Binominal), en lo social (políticas profundas sobre segregación educacional y urbana), en la valórico (al menos, compromiso explícito con el AVP y respeto por la diversidad en todas sus manifestaciones) y en lo económico (libre competencia efectiva y ataque frontal a los abusos).

Asimismo, debe realizar gestos contundentes sobre el valor y respeto a los Derechos Humanos y la democracia, junto a la obligación moral de llamar por su nombre a los atropellos cometidos en la dictadura. Porque eso fue, una dictadura.

Debe generar, al igual que la campaña de Sebastián Piñera en 2009, un arcoíris amplio en sus equipos, en lo programático e incluso en lo estético. Longueira debe tener la capacidad de sorprender a su propio sector y al país, como lo logró el domingo. Tal como lo hizo al privilegiar el bien superior del país en el escándalo del caso Mop-Gate en el gobierno de Lagos o frente a la crisis que vivió la Democracia Cristiana cuando inscribió mal su plantilla parlamentaria.

Debe utilizar su liderazgo, carácter y experiencia política para proponer un proyecto que implique un perfeccionamiento al modelo, sin atrincheramientos. Abierto a cambios profundos tanto en lo político (reformas a la Constitución, integrando la propuesta de Andrés Allamand y proponiendo una alternativa al Binominal), en lo social (políticas profundas sobre segregación educacional y urbana), en la valórico (al menos, compromiso explícito con el AVP y respeto por la diversidad en todas sus manifestaciones) y en lo económico (libre competencia efectiva y ataque frontal a los abusos).

Como el líder más carismático y legitimado internamente de la UDI, él más que nadie puede correr a su partido y al resto de la derecha decisivamente hacia el centro (“porque sólo Nixon puede ir a China”). Si decide hacerlo, es clave que lo haga con la suficiente convicción para que este tránsito sea creíble y no una mera declaración de intenciones.

En simple, el candidato de la centroderecha debe generar un proyecto político inclusivo, integrador y de continuidad. Debe renovar las expectativas del 2009 y mostrar que, al igual que en la campaña del NO, el miedo no es la ruta. Sino más bien apuntar a ejes estratégicos diferenciadores: Futuro (vs. Pasado: MB), Avanzar (vs. Retroceder: MB) y Moderación (vs. Radicalización: MB).

Queda por ver si Longueira podrá traspasar los límites tradicionales y férrea doctrina de la UDI. No es fácil. De hacerlo, necesitará además de una campaña épica, una buena cuota de suerte y errores importantes de su contendora.

Recién ahí, esta candidatura podrá convertirse en una verdadera opción de triunfo.

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