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Lo razonable y lo posible: a propósito de la Reforma Tributaria

por 18 agosto, 2014

La capacidad comunicativa tiene que ver con la capacidad de la clase capitalista de instalar los límites de lo “razonable” y “lo posible” en la conciencia de todas las personas, es decir, cómo hegemonizan la esfera ideológica en la sociedad. Esto tiene sus bases tanto en la propiedad y control de los medios de comunicación masivos como en la dependencia financiera de políticos e intelectuales que, si desean seguir ejerciendo en sus labores, no pueden salirse del libreto de lo “razonable” y lo “posible”.
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El debate público y político chileno se caracteriza por no salir de un marco “razonable” y dentro de “lo posible”. Sin embargo, lo razonable y lo posible no son conceptos absolutos sino que se deben entender dentro de un contexto político en particular en el cual los límites de la discusión son establecidos según los intereses de los sectores más fuertes y de cómo éstos desarrollan sus capacidades para profundizar su control, el que nunca es total, sobre lo que podemos definir como la esfera ideológica; es decir, y valga la redundancia, la concepción subjetiva de “lo razonable” y lo “posible”. En este contexto, ideas que conlleven transformaciones estructurales profundas de nuestra sociedad no pueden tener cabida dentro del marco ideológico si es que no existe detrás una fuerza social lo suficientemente potente para sostenerla. En otras palabras, no basta con las ideas, sino que se requiere personas concretas que desarrollen la capacidad no sólo de producir tales ideas, sino de sostenerlas y llevarlas a cabo. La clase dominante entiende esto tan bien, que lo tiene profundamente incorporado en su comportamiento; sin embargo en los discursos de diversos grupos que plantean la transformación social y superación del capitalismo, pareciera ser que se ha olvidado la preocupación central por generar una fuerza social potente capaz de llevar adelante estos cambios. Para caracterizar las capacidades desarrolladas por la clase capitalista y de las cuales podemos aprender, utilizaremos como ejemplo la reciente coyuntura de la reforma tributaria.

El proceso de reforma tributaria ha estado en el centro del ojo público. Tanto la izquierda (representada principalmente por el PC) como la derecha han jugado sus cartas en función de una mejor redistribución estadística del ingreso y los otros buscan quitarle cualquier tipo de freno al desarrollo empresarial. El resultado final, que no deja muy contento a nadie (pero tampoco tan tristes) es que la reforma se llevará a cabo; es decir, subirán los impuestos a los más ricos, pero se dejará ciertos “espacios” o “flexibilidades” que, en términos concretos, significan mayores posibilidades (aunque menores que previo a la reforma) de elusión para los empresarios. En este “juego”, las fuerzas que lograron el acuerdo entendieron que el actor que jugaba el rol de pivote en esta disputa, es decir, una especie de “árbitro”, eran las PYME. En el momento en que Juan Pablo Swett (presidente de la ASECH y autodesignado “vocero” de las PYME durante la coyuntura) se sube al bote de la reforma declarando que esta “es una reforma tributaria histórica para las PYME”, la percepción pública de la reforma aumentó notablemente. Esto era de esperarse, ya que, en términos de percepción subjetiva, hablar de PYME es similar a hablar de “clase media”, se perciben como empresarios que no necesariamente representan el oscuro mundo del gran capital, sino que incluso de la ansiada movilidad social.

La capacidad comunicativa tiene que ver con la capacidad de la clase capitalista de instalar los límites de lo “razonable” y “lo posible” en la conciencia de todas las personas, es decir, cómo hegemonizan la esfera ideológica en la sociedad. Esto tiene sus bases tanto en la propiedad y control de los medios de comunicación masivos como en la dependencia financiera de políticos e intelectuales que, si desean seguir ejerciendo en sus labores, no pueden salirse del libreto de lo “razonable” y lo “posible”.

Este pequeño relato, aunque obviamente incompleto, sirve perfectamente para evidenciar que, si hubo elementos ausentes de la discusión tributaria, éstos tienen que ver con los intereses de la clase trabajadora en términos de transformación social. Es que estos intereses, al no tener una fuerza social que los sostenga y dado su carácter contradictorio a los de la clase capitalista, no caben dentro ni de lo “razonable” ni de “lo posible”. La clase dominante establece los marcos de la discusión y se esmera (consciente e inconscientemente) para que la discusión no escape de estos límites. Para ello, utilizan las capacidades que han desarrollado como fuerza dominante y que, a la vez, van profundizando en su ejercicio cotidiano. En el marco de la Reforma Tributaria, resaltaremos dos capacidades que utiliza la clase dominante para delimitar la discusión, las que, sin ánimos de generar una discusión conceptual, denominaremos como capacidad reflexiva y capacidad hegemónica.

En primer lugar, la capacidad reflexiva la podemos definir en dos aristas. Una tiene que ver con el reconocimiento y la capacidad de generar hipótesis sobre cuáles serán las consecuencias de la reforma tributaria y de cómo éstas pueden afectar los intereses a corto, mediano y largo plazo de la clase dominante. Lo anterior se expresa en organizaciones tales como centros de investigación, “think tanks” e incluso universidades que estructuran sus análisis de la reforma en los términos establecidos por lo “razonable” y “lo posible”. La otra arista reflexiva refiere a la capacidad de incorporar estos análisis a los intereses de la clase capitalista en su totalidad, es decir, de establecer objetivos políticos que unifiquen a las distintas fracciones de la clase dominante.

Y, en segundo lugar, la capacidad comunicativa tiene que ver con la capacidad de la clase capitalista de instalar los límites de lo “razonable” y “lo posible” en la conciencia de todas las personas, es decir, cómo hegemonizan la esfera ideológica en la sociedad. Esto tiene sus bases tanto en la propiedad y control de los medios de comunicación masivos como en la dependencia financiera de políticos e intelectuales que, si desean seguir ejerciendo en sus labores, no pueden salirse del libreto de lo “razonable” y lo “posible”. Pero, también, tiene sus bases en un trabajo previo, la instalación del proyecto neoliberal con todas sus consecuencias ideológicas asociadas a lo que se tiende a nombrar peyorativamente como individualismo, consumismo y otros ismos. En este contexto, las ideas de la clase capitalista reproducen una ideología que se ha sedimentado en las últimas décadas en el país.

A pesar de lo breve del análisis anterior, este se puede extender sobre casi cualquier debate político de importancia nacional, ya que es muy difícil encontrar una posición de la clase trabajadora. Es muy compartido dentro de la izquierda que el pueblo chileno se encuentra desarticulado a nivel organizativo, pero si la recomposición organizativa no va de la mano de una disputa ideológica, entonces no podremos escapar del marco establecido de lo “razonable” y lo “posible”. Los que aspiramos a una transformación profunda de esta sociedad, debemos generar capacidades reflexivas y comunicativas que rompan con los marcos establecidos; y de esta manera contribuir en la generación de una fuerza social capaz de construir una sociedad para todos y no sólo para unos pocos. Esta disputa ideológica y, por ende, el desarrollo de estas capacidades es lo que nos planteamos como Centro de Investigación Fragua, en tanto investigadores sociales militantes que no pretendemos entregar herramientas para el movimiento, sino que ser parte del mismo en su desarrollo y despliegue.

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