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Ecología humana: la sustentabilidad no solo se agota en “lo verde”

por 1 julio, 2015

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En el marco del primer aniversario del Centro Latinoamericano de Políticas Sociales (Clapes UC), el pasado martes 16 de junio, Jeffrey Sachs, profesor de Columbia y director del Earth Institute, dio en la Universidad Católica una clase magistral titulada “Pobreza y desarrollo sustentable”. El académico, haciendo eco de la realidad chilena y adelantando interesantes puntos de la encíclica “Laudato si'”, publicada por el Papa Francisco, expuso los lineamientos generales para una política basada en el desarrollo sustentable e integral.

La reflexión del profesor Sachs, muy bien documentada, por lo demás, no nos puede dejar indiferentes, pues revela que las preocupaciones ecológicas del Papa Francisco son transversales a todos los sectores políticos y sociales.

En este sentido, entendemos que buena parte de la crisis de la política no se soluciona solamente con más regulación o incentivos para cumplir con la ley. Como lo dijo la misma Presidenta Bachelet, a propósito de las medidas anticorrupción, “las leyes, aunque sean buenas, no bastan”. Por eso, en medio de la crisis política en que vivimos, es importante que nos situemos en un horizonte de reflexión más amplio, que nos permita encontrar soluciones a los problemas humanos que como sociedad, atravesamos.

 El gran problema de nuestra sociedad es que hemos perdido el contacto con el otro y con el mundo. Ese es el origen más íntimo de nuestros problemas ciudadanos, que van desde aquellos relacionados con la planificación urbana, la desigualdad territorial, hasta la pobreza. Todos son problemas “ecológicos” porque afectan la calidad de vida y el bienestar de las personas, principalmente en su forma de relacionarse con los demás.

¿Qué es lo que la encíclica propone? El Papa plantea que tenemos una “deuda ecológica” ante la que hemos reaccionado “débilmente”, con un “cierto adormecimiento y una alegre irresponsabilidad”. En efecto, una lógica del “usa y tira”, en la que el ser humano se “declara autónomo de la realidad”, es la responsable tanto de la crisis de la biodiversidad, que ha ocasionado la desaparición de miles de animales y especies vegetales y ha llegado incluso hasta la experimentación con embriones humanos. En el fondo, la pregunta radical que se plantea respecto a la ecología humana es ¿cómo podemos lograr un desarrollo que sea verdaderamente sustentable desde una perspectiva de lo humano?

Un problema humano fundamental, al que poco o nada le damos atención, son las profundas transformaciones demográficas que desde hace décadas estamos viviendo. Hoy, en términos demográficos, el mundo sigue creciendo, pero dicho crecimiento es muy diferente al experimentado hasta la década de los 60, donde el aumento poblacional se debió al incremento de la población juvenil. Hoy, 40 años después, el 58% de la población mundial se ve incrementada por personas mayores de 60 años y solo un 6% estaría constituido por menores de 30 años, esto según los últimos pronósticos de la variante media de las Naciones Unidas.

Siguiendo en esta línea, el mismo organismo, pronostica que para el año 2035 la población de niños menores de 5 años, ya en descenso en muchos países del mundo desarrollado, comenzará a decrecer a nivel global. Curioso es que una de las únicas voces públicas que ha advertido acerca de este problema sea Ricardo Lagos Escobar, sin embargo, sus declaraciones no han tenido mayor impacto público. Según Lagos, los cambios demográficos han ocasionado “estructuras poblacionales desiguales”, en las que “grupos con mejores condiciones socioeconómicas”, “viven más y controlan su fecundidad”, concluyendo que “es necesario revisar las políticas a favor de más nacimientos”. El diagnóstico de Lagos es encomiable, sobre todo porque el ex Presidente de la República pertenece a un sector político al que no le es fácil plantear problemas políticos que no tengan relación con las libertades individuales.

 La pregunta entonces es ¿qué estamos haciendo frente a esta realidad humana, que está relacionada con problemas tan distintos, como el futuro de la infancia, hasta cómo enfrentaremos esta problemática con el actual sistema de pensiones? Hoy, llama la atención que a ninguna voz le parezca escandaloso que cada vez más niños nazcan en estructuras familiares que no siempre son más favorables a su interés superior, por ejemplo, el año 2013 nacieron 182.516 niños fuera del matrimonio, lo que representa un 70,7% del total de nacimientos. ¿Cuánto nos importa el futuro de los niños?, ¿vemos en esta temática un problema político que va más allá de las elecciones individuales que cada pareja quiera hacer? ¿Hasta qué punto somos responsables de la crisis de la política y la confianza al haber abandonado toda discusión deliberativa de nuestro ámbito de acción más íntimo?

El gran problema de nuestra sociedad es que hemos perdido el contacto con el otro y con el mundo. Ese es el origen más íntimo de nuestros problemas ciudadanos, que van desde aquellos relacionados con la planificación urbana, la desigualdad territorial, hasta la pobreza. Todos son problemas “ecológicos”, porque afectan la calidad de vida y el bienestar de las personas, principalmente en su forma de relacionarse con los demás. Hemos perdido el horizonte comunitario de los problemas políticos y nos ha parecido que vivir en comunidad es equivalente a estar “juntos”, cuando “vivir en común”, al contrario de las vidas autónomamente juntas, significa compartir un espacio o hábitat, sobre todo porque el espacio físico es lo primero que los ciudadanos comparten. Hoy no parece existir esta conciencia, ni en los propios legisladores ni en los ciudadanos.

La reflexión que se abre tras la publicación de esta encíclica papal, la cual sin duda logrará permear más allá del mundo católico, permitirá ampliar el estrecho concepto actual que tenemos de la sustentabilidad, creando un nuevo paradigma para tratar los problemas de justicia, llevando la discusión hacia lo verdaderamente importante. Es urgente que entendamos que la sustentabilidad no solo se agota en “lo verde”, sino en un nuevo estilo de vida que haga posible un desarrollo humano e inclusivo, donde confluyan los enfoques económico, político, social y ambiental.

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