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“Convocatoria” de ChileVamos: luces y sombras

por 6 abril, 2016

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El documento “Convocatoria” de ChileVamos tiene grandes aciertos, pero también falencias que será preciso mejorar. Ahora, partamos por lo más relevante: se agradece el esfuerzo colectivo de intelectuales y políticos por dialogar entre sí –superando el muro tan típico de la derecha entre academia y acción política–. Más aún, es preciso destacar que el producto sea un documento eminentemente político. Declaremos enterrados los tiempos donde lo que unía era el “cosismo” pragmático. ChileVamos asume con este documento el desafío de hacer política en serio. Y eso, ya vale la pena el esfuerzo.

Entre los aciertos destaco el reconocimiento de las distintas vertientes que debiesen nutrir a la centroderecha, especialmente en tiempos de diversidad social. El desafío de llevar adelante un trabajo mancomunado de “unidad en la diversidad” aparece como la clave del futuro. Dar espacio a las distintas expresiones y hacerlas competir en buenos términos. Ser atractivos para diferentes personas y generar frenos y contrapesos internos que impidan excesos de alguna de las posiciones.

Otro acierto es reconocer dentro de su diagnóstico la situación de inseguridad social que experimentan nuestros compatriotas. La centroderecha –acostumbrada a hablar de seguridad solo a propósito de la “puerta giratoria”– reconoce que la libertad exige de ciertas seguridades sociales, las cuales evidentemente no pueden descansar solamente en las propias potencialidades. Es preciso valorar –como el documento lo hace– el rol del Estado como generador de condiciones sociales que permitan un real ejercicio de la libertad. Me habría gustado que se le ponga nombre: Estado solidario.

Me parece que existe un velado propósito de responder a los términos impuestos por los ideólogos de la centroizquierda, lo cual a ratos nubla la generación de un relato propio. Eché de menos conceptos novedosos como la solidaridad, la sustentabilidad, la corresponsabilidad público-privada, la generación de espacios públicos y otros tantos conceptos propositivos de una nueva generación política que emerge.

Finalmente, resulta motivante ver que este documento sirve de base para uno de los desafíos más profundos de la centroderecha: tener la capacidad de entrar en debate con otras expresiones en el ámbito del tejido social. En simple: hay bases para construir discursos que entusiasmen a líderes gremiales, sindicales, estudiantiles y sociales. Se acabó el triunfo por W/O de expresiones radicalizadas de izquierda en esos espacios.

Sus principales desaciertos son el tono a ratos pesimista que trasuntan sus palabras, lo cual además se ve reforzado por la excesiva autoflagelación pública por la “falta de relato”. De tanto reiterarlo, podría hacerse una profecía autocumplida. Es tiempo de abandonar esa dinámica, porque –por lo demás– “Convocatoria” le ha puesto fin.

Además, el énfasis en la premisa del individuo como fundamento último de la sociedad desconoce y contradice el carácter social connatural que el mismo documento dice reconocer. La base de la sociedad es la familia, pues no se conciben personas aisladas sin esa clase de vínculos. Sería interesante reflexionar cómo asumimos a la familia como la base de la sociedad y pensamos la política desde su favorecimiento.

Finalmente, me parece que existe un velado propósito de responder a los términos impuestos por los ideólogos de la centroizquierda, lo cual a ratos nubla la generación de un relato propio. Eché de menos conceptos novedosos como la solidaridad, la sustentabilidad, la corresponsabilidad público-privada, la generación de espacios públicos y otros tantos conceptos propositivos de una nueva generación política que emerge. Es cierto: era menester hacerse cargo de ciertos debates imperantes. Pero es tiempo de construir relatos propios, que se desentiendan –al menos en parte– de las obsesiones de ciertos académicos de centroizquierda.

Volvamos a la relevante: el documento permite un punto de partida que –de hecho– nos ha tenido a varios reflexionando sobre ideas y sobre principios, lo cual se agradece. Ojalá no se cometan los mismos errores de antaño, donde la crítica desmedida termine por obviar el avance logrado. Insisto: este barco está recién zarpando. Ya habrá tiempo para evaluar los vientos y ver las rutas concretas. Lo bueno es que –como nunca antes– ya hay las bases de una carta de navegación.

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