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Birmania: un país lleno de esperanzas

por 10 septiembre, 2016

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La líder máxima de la actual transición a la democracia en Birmania (hoy denominada Myanmar) Aung San Suu Kyi es una mujer de extraordinarias condiciones humanas, inteligencia emocional e intelectual frente al destino de su pueblo. Luego de ganar las elecciones de 2015 con más del 80% de los votos en condiciones de férreo amarre institucional por parte de las fuerzas armadas, ha definido como primera prioridad y condición del desarrollo birmano las negociaciones de paz interna y la reconciliación nacional luego de más de 70 años de conflicto armado contra los pueblos indígenas, que representan más del 30% de la población (cerca de 20 millones) y el ejército birmano central.

El ambiente de esperanza que se vive en estos días en el país es emocionante, ya que la perspectiva de terminar con décadas de horrendos sufrimientos en el seno de los pueblos indígenas de tradiciones milenarias como los Karen, los Shan, los Naga, los Chin, los Rakhaine, los Mon, los Karenni y los Kachin, entre otros, ha despertado una disposición de enfrentarse de cara al conflicto con la verdad, característica principal del liderazgo de Aung San Suu Kyi. Todos saben de los crímenes cometidos por el ejército birmano contra los pueblos indígenas: políticas de “tierras quemadas”, masacres, “limpiezas étnicas” con la violación sistemática de mujeres y niñas indígenas , saqueo de sus recursos naturales, expropiación de tierras y las criminales políticas de represión interna. Estos pueblos debieron organizarse en la clandestinidad, huir fuera del país o resistir con sus propios ejércitos la traición histórica cometida contra ellos al romper la promesa de establecer después de la II guerra mundial un estado federal con autonomía económica y política para la totalidad de los pueblos indígenas.

La fineza de estos pueblos, su orgullo y tenacidad los llevó a sacrificarse más de siete décadas en la lucha armada en las selvas del norte, sur y centro del país en pos de sus derechos sobre la tierra y la autodeterminación cultural y política. Cabe recordar que Birmania es un país de altas temperaturas que llegan hasta los 50° en algunas zonas, por lo que la guerra se torna aún más cruenta. La secuela de dictaduras de corte socialista, brutalmente burocratizadas y corruptas, lanzaron al ejército a una guerra que terminó siendo una pelea de intereses creados por algunos generales que se hicieron ricos y que al parecer lo seguirán siendo cuando se firme definitivamente la paz durante la “Conferencia de Panglong” del siglo XXI en la capital de Nay Pyi Taw. Esta Conferencia tiene su origen en la “Conferencia de Panglong” del siglo XX que fue convocada por el padre de la actual máxima líder, el general Aung San, quien fuera fundador del ejército independiente de Birmania tras lograr la independencia de la dominación colonial británica en 1947. Pang Long era un pueblito del estado de Shan ubicado cerca de la frontera con Tailandia. Alli, el venerado general Aung San, el creador de la Birmania autónoma, se comprometió solemnemente y en base a su conocida sabiduría a entregar la autonomía a los pueblos indígenas en vistas y en aprecio a la gran contribución de sus soldados a la guerra antifascista durante la II Guerra Mundial contra los japoneses. Pero Aung San fue asesinado en Yangón a manos de un comando traidor junto a otros cuatro líderes del ejército birmano el 14 de Julio de 1947 justo seis meses antes que Gran Bretaña se retirara definitivamente de Birmania a principios de 1948.

Este crimen selló el destino de los pueblos indígenas y acabó con el sueño de la autonomía acordado con el general Aung San. La noche oscura de Birmania comenzaría con una seguidilla de dictaduras al mando de diversos generales que condenó a Birmania a transformarse en el país más atrasado y pobre del sudeste asiático, luego de haber sido llamada la Perla de la región debido a sus altos niveles de desarrollo en infraestructura, educación, comercio y producción arrocera. Los birmanos estuvieron aislados completamente del mundo, y al interior ni siquiera podían recibir visitas personales en sus casas so pena de ser encarcelados por sospecha de sedición.

La población Birmania resistió esta verdadera ocupación interna de elites corruptas mientras que los pueblos indígenas se alzaron y combatieron con las armas a un ejército armado hasta los dientes especialmente con la ayuda china.

Birmania es actualmente un país lleno de esperanzas, de realismo y moderación frente a su propia historia. Lo que impresiona es el manejo de la verdad histórica. Aquí nadie se llama a engaños y se pone la venda ante la cruda evidencia de lo acaecido. No sólo sufrieron los pueblos indígenas, sino que también miles de soldados rasos usados brutalmente por el ejército y obligados a una guerra interna sucia, a veces en paupérrimas condiciones, que costó cientos de miles de vidas.

Hoy, Myanmar está dando muestras de madurez, de disposición a enfrentarse a este trágico pasado que dura aún hoy, pues ningún ejército indígena ha entregado las armas a la espera de acuerdos con garantías de seguridad reales para sus combatientes durante las negociaciones en Nay Pyi Taw. Se tratará probablemente del comienzo de un duro proceso de paz, pero ya no hay vuelta atrás… los birmanos quieren la paz y cederán cada uno su parte, pero sin olvidar. Cuentan con una líder de lujo con una base partidaria sólida que construyó la Liga por la Democracia al mando de Aung San Suu Kyi, quien fuera mantenida en arresto domiciliario en Yangón durante décadas por los militares y separada de su familia. Asimismo tienen organizaciones civiles y militares indígenas bien estructuradas y preparadas para negociar, como también un ejército llano a buscar la paz.

El orgullo indígena y el respeto por sus soldados en esta horrenda guerra interna es palpable. Me tocó participar en la celebración del Día Internacional de los Pueblos Indígenas en el Teatro Nacional de Yangón el 9 de agosto de 2016, y lo más emocionante y sensible fue el minuto de silencio que se pidió por los caídos. Fueron instantes de gran espiritualidad, de recogimiento y dolor que fue compartido por las autoridades birmanas y los representantes indígenas, todos ellos ataviados con sus trajes tradicionales. Cabe recordar que tan solo unos meses atrás las organizaciones indígenas funcionaban en la clandestinidad.

Lo demás fue alegría, bailes, discursos memorables y una increíble generosidad, diversidad cultural y tolerancia por parte de todos los presentes. Sin embargo existe profunda conciencia de los retos ligados a los efectos mortales de cualquier guerra sucia y que deben ser abordados eficazmente luego de la firma de la paz y la construcción de una Unión Federal de Myanmar, que son: la atención a los desplazados internos de la guerra, el combate contra el narcotráfico, la integración de los soldados indígenas, la regulación equitativa de la tenencia de la tierra, la distribución justa de los frutos de la explotación de los recursos naturales en tierras indígenas ( pago de royalties), impulsar la economía federal y luchar contra la extrema pobreza y destrucción de infraestructura.



Birmania es actualmente un país lleno de esperanzas, de realismo y moderación frente a su propia historia. Lo que impresiona es el manejo de la verdad histórica. Aquí nadie se llama a engaños y se pone la venda ante la cruda evidencia de lo acaecido. No sólo sufrieron los pueblos indígenas, sino que también miles de soldados rasos usados brutalmente por el ejército y obligados a una guerra interna sucia, a veces en paupérrimas condiciones, que costó cientos de miles de vidas. La solución del conflicto con los Roghinas, la minoría musulmana en la frontera con Bangladesh, será otro gran desafío para el actual gobierno, tal como lo expresó Ban Ki-moon, secretario general de la UNO durante su estadía en la conferencia de paz en Nay Pyi Taw.

Es inmensamente simbólico que sea la hija del general Aung San quien continúe la promesa que hiciera su padre a los pueblos indígenas en la Conferencia de Pang Long hace 70 años en el estado de Shan para hacerla realidad e intentar la paz duradera para este extraordinario pueblo. En el discurso inaugural de la conferencia de paz en Nay Pyi Taw, la consejera de estado y símbolo máximo de la lucha por la democracia en Birmania Aung San Suu Kyi concluyó con sabias palabras: “ el soñador que hace sus sueños realidad es el señor entre nosotros. Si somos capaces de hacer realidad los sueños de todo un país seremos los verdaderos señores de nosotros mismos. Esa fue la aspiración de los padres fundadores de nuestra nación independiente: ganarnos el derecho de construir el destino de nuestro país”.

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