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El club de los mimos

por 5 octubre, 2016

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Evelyn Matthei y Manuel José Ossandón lograron entrar en la pauta noticiosa gracias a sus llamativas declaraciones, las que, aunque no estaban conectadas entre sí, tenían un punto en común: la visión de los dos líderes de derecha respecto de la educación. Partamos por señalar que ambos improvisaron. Dudo que fueran parte de una estrategia o estuvieran planificadas, por tanto, reflejan de mejor manera lo que piensan ambos.

La candidata por Providencia –quien ha mostrado en esta campaña un sorprendente autocontrol, alejada de la ira y rabia que suelen traicionarla– lanzó una idea muy curiosa para los vecinos de la comuna a la que busca representar: contratar mimos para que a la salida de los pubs puedan conducir a los enfiestados clientes y así evitar los ruidos molestos.

Una iniciativa superficial, liviana y, por cierto, de muy poca altura considerando que este es uno de los temas que tensionan la convivencia entre residentes y una creciente oferta de lugares que atraen a personas de otros sectores de la ciudad. Recordemos que la actual alcaldesa tuvo que retroceder en su anhelo de limitar el horario de bares y restaurantes ante la fuerte presión de los empresarios de locales nocturnos.

Creo que la propuesta de Evelyn habla de la pobreza del debate y la escasez de ideas, justo en una elección en que se busca reconquistar a un elector desencantado de la política, de las promesas incumplidas y de la falta de respuestas concretas. Pero también muestra la visión que se tiene de los ciudadanos. Matthei calificó su propuesta como una forma de “educar” a las personas. ¿Así se educa, es decir, con un sujeto pasivo que es conducido en silencio por otro? Una imagen pobre, limitada y simple de la gente. Estoy de acuerdo con la ex candidata presidencial en que a los chilenos nos falta humor e iniciativas “más divertidas, más simpáticas”, pero siempre que no desafiemos la inteligencia de los ciudadanos. La rápida reacción de los creativos de Wom dejó en evidencia esto último.

Hay que reconocer que Ossandón se dio cuenta rápidamente de su paso en falso, de su error comunicacional, retractándose de lo que había dicho y pidiendo disculpas. Eso habla bien de él. Precisamente es lo que le ha faltado a muchos políticos que siguen escudándose en una especie de defensa corporativa para no echar pie atrás cuando se equivocan. Pero también habla del pragmatismo del candidato, de esa capacidad de hablarle al otro lo que quiere escuchar aunque se piense lo contrario. Si bien siempre es mejor conocer lo que piensa, quien postula a un cargo, en materias claves como la educación y la sexualidad.

El senador Ossandón estaba literalmente “desaparecido” de la agenda pública desde que anunció su candidatura presidencial. Seguramente optó por ahorrar energía y recursos. Más que mal, la contienda con Piñera será larga y el desequilibrio en cobertura mediática e “inversión publicitaria” puede ser crítico para mantenerse a flote durante un año completo. Su opción es ir creando hitos que logren levantar su imagen cada cierto tiempo. Lo esperable, por tanto, es que el ex alcalde estuviera preparando la estrategia comunicacional para irrumpir el 23 de octubre.

De seguro la votación de sus apadrinados en la zona que representa en el Parlamento será buena y ese plus podría ser muy positivo para su opción presidencial. Pero Ossandón se salió del libreto. Su naturaleza lo traicionó, al igual que a Evelyn. ¿Era necesario para sus intereses salir a polemizar en un tema que evidentemente divide casi en la mitad a la población chilena?, ¿qué ganaba con enfrentarse al sentido común ciudadano, que indica que es mejor no esconder la cabeza como avestruz frente a ciertos temas?, ¿no es acaso la población joven donde está el voto más esquivo?

El arrebato de Ossandón nos mostró a un hombre distinto del que estaba tratando de posicionar en el último tiempo. Mucho más conservador, mucho más apegado a la moral religiosa tradicional y mucho más distante de la realidad y de los temas que hablan los jóvenes y adolescentes. Sus futuros electores.

Hay que reconocer que Ossandón se dio cuenta rápidamente de su paso en falso, de su error comunicacional, retractándose de lo que había dicho y pidiendo disculpas. Eso habla bien de él. Precisamente es lo que les ha faltado a muchos políticos que siguen escudándose en una especie de defensa corporativa para no echar pie atrás cuando se equivocan. Pero también habla del pragmatismo del candidato, de esa capacidad de hablarle al otro lo que quiere escuchar aunque se piense lo contrario. Si bien siempre es mejor conocer lo que piensa, quien postula a un cargo, en materias claves como la educación y la sexualidad.

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