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El imaginario padrón electoral y el fantasma de la abstención

por 13 octubre, 2016

El imaginario padrón electoral y el fantasma de la abstención
Si el 2012 acudieron a las urnas (entre votos válidos, blancos y nulos) cerca de 5,8 millones de electores, en esta oportunidad una cifra alarmante estaría en torno a 5,2 millones de votos total, es decir, una cifra que no contendría la expansión natural del padrón de los últimos cuatro años y que a la vez bajaría sustancialmente la participación del 2012. Estaríamos hablando de un 37% de participación sobre el padrón Servel de 14,1 millones, aproximadamente.
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¿Se puede calcular la abstención en la próxima municipal? ¿Es confiable el actual padrón de 14.121.316 de electores habilitados para votar el 23 de octubre? Ambas preguntas no se pueden responder afirmativamente, pues no sabemos en realidad cuántos habilitados efectivos tiene el actual padrón, es decir, solo personas que existen y están en condiciones prácticas de hacerlo.

En algunos países centroamericanos y europeos, el padrón de electores es sagrado. Se le conserva, audita y actualiza con sigilo y pulcritud, solo se restan los fallecidos o aquellos que, por alguna razón legal o de cambio ignorado de país de residencia, no pueden seguir siendo parte de esa valorada lista de electores.

En Chile nada de eso ocurre, el padrón electoral es el resumidero de todo tipo de manipulaciones administrativas e informáticas, y una creciente falta de rigor por parte de los indicados por la ley para hacerlo. El productor original de la información es el Registro Civil, el cual va “traspasando” las actualizaciones al Servel, institución que no cuenta con las fortalezas técnicas para dudar o auditar exhaustivamente aquellos datos entregados por el Registro Civil.

Lo más insólito de todo ha sido el crecimiento en más de 715 mil electores que hubo en cuatro años. El 2012 el padrón alcanzaba los 13,4 millones y ahora más de 14,1 millones. ¿Cómo tanto crecimiento? Aparentemente entran más de los que deberían o se mueren menos de lo que observan las catas de defunciones, pues según el INE los chilenos que cumplen 18 años cada año alcanzan entre 230 y 240 mil y, por otra parte, la mortalidad supera en promedio los 102 mil fallecidos por año. Sumando y restando, el crecimiento neto debería estar en torno a los 515 mil, sin contar los inhabilitados por razones legales. ¿Y el resto, para llegar a los 715 mil? Podrían ser extranjeros que adquirieron en estos años su derecho a voto u otra clase de registro indescifrable.

Es irresponsable no comprender que el voto voluntario efectivo es un cambio cultural que debe estar acompañado por una legislación que haga cercano el sufragio a las personas y no una carrera de obstáculos como lo es hoy en día.

Pero a esos 14,1 millones, para calcular la abstención real, deberíamos, al menos, restar los chilenos que actualmente están en el exterior, los cuales –según la Dirección para la Comunidad de Chilenos en el Exterior (Dicoex)– llegan a los 900 mil. De esta cifra, al menos la mitad nació en Chile y sus hijos podrían también estar inscritos en nuestro país o en sus nuevos países. Es decir, no sabemos cuántos de ellos están en el padrón actual.

Al anterior ejercicio, restemos también extranjeros que teniendo derecho a voto ya retornaron a sus países, encarcelados sin condena que podrían ser entre 12 y 15 mil y, finalmente, los 500 mil electores que fueron cambiados de inscripción electoral por error del Registro Civil, muchos de los cuales quedaron en comunas lejanas o, en la práctica, fuera de la posibilidad votar. La legislación tampoco se ha hecho cargo de un número no preciso de casos de detenidos desaparecidos que, estando en procesos judiciales abiertos, siguen apareciendo en los registros.

Haciendo una pequeña resta, nos damos cuenta de que el padrón real está actualmente más cerca de los 13 millones, o menos, que de los 14,1 millones de electores administrativamente habilitados para sufragar.

Entonces, ¿cómo saber si el 23 de octubre debemos alarmarnos por la alta abstención (como algunos en secreto lo anhelan)?

Si el 2012 acudieron a las urnas (entre votos válidos, blancos y nulos) cerca de 5,8 millones de electores, en esta oportunidad una cifra alarmante estaría en torno a  5,2 millones de votos total, es decir, una cifra que no contendría la expansión natural del padrón de los últimos cuatro años y que a la vez bajaría sustancialmente la participación del 2012. Estaríamos hablando de un 37% de participación sobre el padrón Servel de 14,1 millones, aproximadamente.

Nadie se podrá arrogar la representación de los que no voten, pero tampoco faltarán aquellos que, sin haber resuelto el voto voluntario efectivo cuando se legisló (aquel que les permite a las personas realmente votar donde quieren con facilidades), traten de imponer el voto obligatorio. Es irresponsable no comprender que el voto voluntario efectivo es un cambio cultural que debe estar acompañado por una legislación que haga cercano el sufragio a las personas y no una carrera de obstáculos como lo es hoy en día.

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