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Metáforas y muñecas: el regreso de la cópula original

por 16 diciembre, 2016

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¿Qué más podríamos decir de la imagen que nos dejó, a modo de vergonzoso regalo navideño, el conspicuo grupo de asistentes al último “convite” de Asexma?

No persigo en esta breve columna resaltar especialmente la obscena y abusiva utilización de la mujer como objeto cultural asociado al sexo y a la satisfacción de necesidades, tan libidinosas como primitivas, de machos hambrientos repletos de lasciva testosterona; tampoco insistiré en el gran aporte que estas elementales, no obstante influyentes performances mercado-técnico-civiles, le hacen a la construcción de una sociedad en donde la mujer no es más que una suerte de cosificación ideal de la eyaculación masculina y, por lo tanto, reducida a una dimensión objetual que la deshumaniza y atrinchera en la vitrina de lo consumible. No, no es mi intención.

No me planteo, tampoco, profundizar en la idea de que la muñeca de Asexma es la última expresión mediática y pirotécnica de una sociedad que ha hecho de la mujer, de su cuerpo y de su genitalidad, la fiesta preferida de los intercambios virtuales, de los mensajes por WhatsApp entre futboleros u oficinistas favorecidos de un gran humor, de las portadas de ciertos diarios y de los programas de trasnoche en la televisión abierta que, entre discapacidades físicas y silicona, han sabido, muy efectivamente, ganarse un lugar en la parrilla programática.

No me referiré, por último, a la reducción de la mujer a una muñeca llena de hoyos como si se tratase de un pornográfico buen chiste que apuntaría a ser la metáfora de una economía multiorificios que debe, cual mujer siempre dispuesta, ser estimulada y dilatada para beneficio de nosotros, los gentiles buenos hombres que desde siempre hemos sabido cómo llevar adelante esa tarea: “Yo sé cómo se calienta una hembra perro, yo sí sé”. No, no se tratará de todo esto, aunque de esto se trate al mismo tiempo.

Se trataría, en principio, de la metáfora, de cómo se trasladan los sentidos de una palabra a otra, de una imagen a otra, alterando en este desplazamiento el sentido lógico de una significación. Pero también se trataría de muñecas, de objetos, de artefactos inhumanos a los cuales se les exige expresar algo más allá de su sola condición plástica y dúctil. Una muñeca posee significante cero si es que a ella misma no se le atribuyen sentidos que vienen desde sujetos conscientes, racionales, humanos.

Una muñeca de plástico llena de orificios potencialmente penetrables es, a mi juicio, inocua, burda, radicalmente inofensiva e inexpresiva a la vez, hasta que, ciertamente, es utilizada como metáfora para vitalizar intereses específicos que no pueden ser sino humanos nuevamente. Finalmente se trataría de una cópula –y de una original, como hemos titulado–; cópula desde la cual se fecunda algo, se crea y se materializa algo, para puntualizar.

El chiste mismo es la expresión de un juicio que ha sido reprimido pero que debe salir a la superficie de alguna manera, en este caso, de modo cómico y desvirtualizado.

Decía Tomás Moulian en su libro Chile Actual. Anatomía de un mito, publicado en el año 1997, que el “Chile actual proviene de la fertilidad de un ‘ménage à trois’, es la materialización de una cópula incesante entre militares, intelectuales neoliberales y empresarios nacionales y transnacionales. Coito de 17 años que produjo una sociedad donde lo social es construido como natural y donde (hasta ahora) sólo hay paulatinos ajustes”.

De nuevo la metáfora. Lo que decimos es que en esta cita del feroz libro de Moulian se encuentra condensado, metafóricamente, lo que hace 3 días se transformó en escena en la reunión de Asexma. Si lo que Moulián perseguía era, a modo figurativo, dar cuenta de la configuración del Chile Actual (de su Chile Actual de hace casi 20 años), la muñeca de plástico acompañada de las risotadas de empresarios, intelectuales neoliberales y candidatos políticos, no es más que el retorno de esta cópula original e incesante que Tomás Moulián nos enrostraba.

Es, en esta línea, imposible esquivar el sinuoso camino que lleva a emparentar la pulsión sexual con el afán acumulativo; resulta casi imposible no intuir que esa muñeca inflable regalada por Fantuzzi al ministro, no sea más que la sublimación del empresariado penetrando una y otra vez –y por todos los orificios posibles– a la sociedad chilena (“sociedad” tiene nombre femenino) desde su ímpetu mercantil. En esta perspectiva, la metáfora de Moulian tiende a resignificar, a actualizarse permanentemente y a exigirnos revisar ese origen orgiástico que dio por resultado a la sociedad chilena actual, y al interior de la cual, amparados por la banalización grosera del cuerpo femenino, candidatos, ricachones y mercadopensantes se atribuyen y distribuyen poder, una y otra vez, en irrefrenable y execrable sodomía.

Creo que en este ir y venir de objetos, de muñecas polimorfas y de economías metafóricamente estimuladas, se juega algo más que un ingenuo chiste. Tal como lo decía Freud en El chiste y su relación con el inconsciente (1905): “El chiste es un juicio que juega”, es decir, más allá de su tonalidad y puesta en escena cómica, todo chiste, por burdo que sea, esconde un juicio, una idea y una certeza respecto del mundo real. Es por eso su vinculación con el inconsciente. El chiste mismo es la expresión de un juicio que ha sido reprimido pero que debe salir a la superficie de alguna manera, en este caso, de modo cómico y desvirtualizado.

Si esto es así, diríamos que una puesta en escena como la de Asexma es un mal chiste, un grosero mal chiste que, sin embargo, abrevia lo que somos como país y lo que aún seguimos construyendo al ritmo de la fonda heredada por la dictadura y a la cual nuestra Concertación, por más épica que pueda parecernos, le puso las guirnaldas.

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