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Parlamentarias 2017 o cómo cuadrar el círculo

por 6 enero, 2017

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Se designa como cuadratura del círculo a un problema matemático irresoluble de geometría, el cual consiste en encontrar con solo regla y compás un cuadrado que posea un área que sea igual a la de un círculo dado. Esto se puede calcular por el método de repeticiones sucesivas, que para el caso de la parlamentaria chilena podría tomar una vida.

No da. Esa es una de las sentencias que más se oyen en estos días en el mundo de los partidos políticos. No da el número de candidatos, el número de partidos en cada lista, las mujeres por partido, el número de cupos que requiere cada partido, los incumbentes que se quieren repetir el plato, los que quieren ir al Senado con los que quieren seguir. En fin, cruje el actual sistema de bloques partidarios que hemos conocido los últimos 28 años, y por una razón muy simple: el diseño conocido hasta ahora se desarrolló en el marco del sistema binominal.

¿Y cuáles son los principales cambios que deben comenzar a entender los que quieren obtener provecho del este nuevo sistema electoral plurinominal?

En primer lugar, a nivel mental, bajando las barreras culturales y políticas de años de binominalismo que moldearon la cabeza y alimentaron las certezas de muchos de los que están hoy en cargos de poder en política. En otras palabras, ya nadie es “designado” o “blindado" y todos compiten, pues los partidos requieren de votos en todos los distritos y circunscripciones para su sobrevivencia política y administrativa (5%), más los nuevos umbrales de elección que no aseguran a nadie su elección.

En segundo lugar, lo que antes alcanzaba, ahora ya no. Esto tiene que ver esencialmente con la competencia y el mayor tamaño del área electoral. Si antes en los bloques mayoritarios competían dos por pacto en cada zona, ahora serán de cuatro a nueve candidatos por distrito de diputados y de tres a seis por circunscripción senatorial. En el anterior sistema, la práctica determinaba que se competía esencialmente contra el compañero de lista, pues durante casi tres décadas, los doblajes fueron marginales y los electos por “fuera” aún más esporádicos, los resultados eran casi siempre uno de cada bloque. En la Concertación y luego Nueva Mayoría, era un verdadero sistema cruzado de omisiones.

En primer lugar, a nivel mental, bajando las barreras culturales y políticas de años de binominalismo que moldearon la cabeza y alimentaron las certezas de muchos de los que están hoy en cargos de poder en política. En otras palabras, ya nadie es “designado” o “blindado" y todos compiten, pues los partidos requieren de votos en todos los distritos y circunscripciones para su sobrevivencia política y administrativa (5%), más los nuevos umbrales de elección que no aseguran a nadie su elección.

Como tercer punto, está la regla de oro de los sistemas plurinominales para pactos como el que debuta este año, que es la igualdad de cupos para cada partido en distritos o circunscripciones dentro de la lista o pacto. Recordemos que no existen los subpactos en la próxima elección parlamentaria, por lo tanto, el partido opera como subpacto. Si un partido lleva más de un candidato y los otros solo uno, entregan una ventaja gigante, dado que puede abarcar más territorio y segmentos, sumando a la vez sus votos. La regla es que todos los partidos lleven la misma cantidad de candidatos en cada zona, cosa bastante difícil de ajustar en los bloques con más de cuatro partidos.

En cuarto término, el nuevo sistema, al igual que el de concejales, castiga en electividad al partido que participa solo (o mal acompañado) y a los independientes. La exigencia del 5% de los sufragios para mantener estatus de partido legal, es alto para casi todas las tiendas, por lo cual partidos que se juntan con otros en un pacto mayor, pueden eventualmente elegir a cuatro parlamentarios de dos regiones distintas (zafando del mínimo de votos exigido) con menos del 5%, lo cual permitiría sortear la valla de la sobrevivencia. El sistema es cruel con aquellos partidos solitarios y que dicen tener la “verdad revelada”.

En quinto lugar, calzar los actuales parlamentarios y sus aspiraciones con los cupos a que cada partido pretende, es una tarea cuesta arriba en los bloques históricos. En todo caso, para Chile Vamos es bastante menos complicado que para la Nueva Mayoría, al ser solo cuatro partidos. Así, el principal problema es cuando el redistritaje (de 60 distritos a 28 y de 19 a 15 circunscripciones en senadores) juntó o dejó en una misma área electoral a dos o más diputados o senadores de un mismo partido, sabiendo racionalmente que solo podrán inscribir uno, si quiere ir en pacto mayor, y/o que tampoco los votos alcanzarán para que un partido “doble”. Por ejemplo la DC en Maule, con los actuales senadores Zaldívar y Matta, o RN en La Araucanía, con Espina y García Ruminot. Dudando que los socios de estos partidos se omitan en áreas tan grandes y pobladas como estos ejemplos.

En sexto lugar, y para complejizar aún más el asunto, se integra esta vez la cuota de género de al menos un 40% en cada lista. Así, para el Senado se deberá presentar al menos doce mujeres de los treinta candidatos en el total-lista por partido. Es otras palabras, a cada partido de la Nueva Mayoría, de ir en una sola lista, le correspondería llevar al menos dos candidatas al Senado si fueran en proporciones parecidas, mientras que en Chile Vamos, si van los cuatro partidos, les corresponde tres a cada uno.

Para el caso de los diputados, cada lista deberá llevar al menos setenta y tres mujeres, derivadas del cociente de presentación de cada partido sobre 183 candidatos. Si la NM va en lista única, y cada partido hipotéticamente participará con al menos un candidato por distrito (son 28 ahora), cada tienda debería llevar al menos once mujeres, meta no menor para una actividad hegemonizada por el género masculino.

A la postre, después de todos estos ajustes y alcances teóricos, viene el examen de probabilidades político-electorales, el cual nace de una buena lectura de la realidad (cualitativa) y una muy experimentada revisión de los datos, lo cual no es comprable en el mercado del conocimiento trivial. Hay combinaciones de listas más virtuosas que otras para los partidos especialmente de la NM y menos “varianza” para Chile Vamos.

Para algunos partidos de la NM u otros de Chile Vamos es vital ir en una sola lista, pero para otros miembros de los mismos pactos históricos, existen oportunidades y composiciones con uno o dos partidos aliados que son igual de virtuosas que la agrupación de todos, dándole a la vez más espacio de crecimiento y proyección.

Finalmente, así como el año 2008 la Concertación llevó dos listas para concejales y luego tres el año pasado, lo mismo que hizo Chile Vamos el 2016, es un falso dilema que la elección parlamentaria deba estar amarrada a la presidencial indefectiblemente. Como los umbrales de elección varían según distrito y circunscripción, se debe buscar una coherencia político-electoral que movilice segmentos relacionados y más definidos de lo que ocurría con el binominal.

Este año 2017 es el comienzo del fin de los pactos binominales. En el futuro iremos caminando a pactos más pequeños y coherentes políticamente, que es lo que premia este sistema. Si antes se debía ser ancho y ambiguo, ahora se deberá ser claro y preciso.

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