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Parisi, los evangélicos y la política

por 24 febrero, 2017

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El pasado martes 21 de febrero fue publicada en este medio una nota titulada “Los Evangélicos de Parisi”. El titular ya causa extrañeza, puesto que la figura de Franco Parisi no guarda relación con ninguno de los estereotipos clásicos del pueblo evangélico, salvo que se le quisiera comparar con el excéntrico y tristemente célebre Pastor Javier Soto.

Quisiera rebatir algunas ideas expresada en la nota: primero, que existe una visión única de los evangélicos hacia la política; segundo, que los evangélicos en su totalidad tendrían una cercanía especial con la Dictadura; tercero, se da a entender que el pueblo Evangélico es siempre conservador; y cuarto, que existen “los” evangélicos como una agrupación unitaria.

Primero, no es posible asumir uniformidad en el discurso o las convicciones del pueblo Evangélico, principalmente por la diversidad de corrientes existentes dentro de las Iglesias Evangélicas (o Protestantes), donde sería un error asumir que un Bautista, un Luterano, un Metodista o un Pentecostal tienen la misma aproximación, por ejemplo, frente a propuestas que hoy la sociedad chilena discute como Matrimonio Igualitario o incluso la paridad de género. Por otra parte, en Chile existen más de 2.500 Iglesias Evangélicas reconocidas por el Estado. Comprenderá entonces el lector que encasillar o uniformar las posturas del pueblo Evangélico es un ejercicio imposible.

En segunda instancia, si bien hubo algunas Iglesias que a través de sus pastores establecieron un diálogo cercano con la Dictadura (como los Obispos Vásquez o Anabalón), hubo otras que a través de Confraternidad Cristiana de Iglesias, la Fraternidad Judeo Cristiana de Iglesias o la Fraternidad Ecuménica, jugaron un rol fundamental para la recuperación de la democracia y la defensa de los DD.HH. En la misma línea de los esfuerzos que hacía la Vicaría de la Solidaridad y otras comunidades cristianas de base.

¿El pueblo Evangélico es conservador? Quizás esta sea la aseveración más cercana a la realidad que establece la nota, pero es mezquina, sesgada e incompleta. Es evidente la intencionalidad política de ciertos sectores conservadores en tratar de reducir la diversidad y riqueza de los evangélicos a una postura de rechazo a propuestas como el matrimonio igualitario o adopción de menores por parejas del mismo sexo.

Las Iglesias Evangélicas son herederas de una tradición libertaria, democrática y revolucionaria en el mundo. Lo que se observa con claridad en su origen en la Reforma Protestante del Siglo XVI, también en su influencia fundamental en los países con mayor presencia de justicia y equidad social en el mundo: Dinamarca, Suecia y Alemania, por nombrar solo algunos.

Quiénes hemos recibido una formación evangélica en nuestras vidas sabemos que la verdadera riqueza de esta tradición es la comunidad que se conforma en torno a las Iglesias. Estas comunidades cristianas de base, que también existen en la religión Católica, son verdaderos oasis de esperanza en poblaciones vulnerables de nuestro país, ahí donde la pobreza, el tráfico de pasta base y la falta de oportunidades destruyen a nuestros jóvenes. Quizás la única esperanza que puede tener un padre es que su hijo tome la guitarra y salga a predicar a la calle con los hermanos de la Iglesia.

Sin lugar a dudas hay muchos evangélicos que son contrarios al matrimonio igualitario o a la Ley de Identidad de Género, probablemente la mayoría, pero más que reducir la opinión de los evangélicos a la postura que puedan tener sobre uno o dos proyectos de Ley, el deber de los políticos es conocer al Pueblo Evangélico, esa comunidad que está construyendo sociedad civil en las comunas populares de nuestro país, del mundo urbano y rural, congregando a cientos y miles de fieles, en comunidades religiosas con altos estándares éticos.

En Chile, las Iglesias Evangélicas han colaborado con algunas de las gestas libertarias más importantes de la historia de nuestro país: la construcción de cementerios laicos, las organizaciones de trabajadores (caso especial el tremendo rol en la defensa de los trabajadores del carbón en Lota y Coronel), la separación de la Iglesia Católica y el Estado, y en las últimas décadas, la promulgación de la Ley de Igualdad de Culto, entre otras.

Sin lugar a dudas hay muchos evangélicos que son contrarios al matrimonio igualitario o a la Ley de Identidad de Género, probablemente la mayoría, pero más que reducir la opinión de los evangélicos a la postura que puedan tener sobre uno o dos proyectos de Ley, el deber de los políticos es conocer al Pueblo Evangélico, esa comunidad que está construyendo sociedad civil en las comunas populares de nuestro país, del mundo urbano y rural, congregando a cientos y miles de fieles, en comunidades religiosas con altos estándares éticos. El Pueblo Evangélico es fiel reflejo del pueblo chileno: son personas de esfuerzo, luchadores, trabajadores y estudiantes; niños, jóvenes, hombres, mujeres y adultos mayores que sueñan con una vida mejor, que son víctimas de un neoliberalismo salvaje que los empuja al individualismo, cuando su fe los empuja a vivir en Comunidad.

Finalmente, lo más rescatable de la nota mal llamada “Los Evangélicos de Parisi” es la invitación que el Obispo Emiliano Soto hace a la clase política cuando señala “nosotros buscamos personas que puedan escuchar nuestra perspectiva respecto a una diversidad de temas, alguien que canalice lo más fiel posible los principios y valores que propiciamos. Queremos una persona que pueda desarrollar la igualdad religiosa en el país”. Acepto esta invitación.

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