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El PC y la Universidad ARCIS

por 15 marzo, 2017

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¿Qué movió al Partido Comunista de Chile a involucrarse en la administración de la Universidad ARCIS (UA)?

Como se sabe, hace una década, el PC decide tomar posiciones en la dicha universidad mediante el aporte de recursos financieros y de personal para lo cual creó o extendió las funciones de algunas entidades de gestión inmobiliaria y de formación, todo esto bajo las normas que regulaban la participación de privados en organizaciones de educación superior. El paso dado pudo haber tenido algún desarrollo “normal” si no hubiesen ocurrido (como ocurrieron) varias situaciones que hicieron insostenible su actuación.

Desde luego, el hecho de que desde los inicios mismos de ARCIS, militantes y dirigentes comunistas hubieran tenido constantes relaciones con esta universidad, probablemente alimentó el anhelo de, en algún momento, llegar a “hacerse” de ella: razones de inserción y prestigio académico, a lo que luego se sumaron las perspectivas de buen retorno de los recursos financieros partidarios, seguramente sellaron el involucramiento. Por cierto, tampoco se deben descartar las muy probables invitaciones, adulaciones y tironeos de parte de personalidades del ARCIS para que el PC se involucrara, asedios que el partido recibió con agrado, “dejándose querer”. En este mismo plano, está por verse cuál fue el rol que, en la decisión, cupo a la fallecida Gladys Marín quien, al parecer, fue una de las principales interesadas en el arribo comunista a la UA.

Todo indica que la materialización de la decisión en 2006 muy poco tuvo que ver con el análisis cuidadoso del proyecto a emprender. Y no es que no se tuvieran elementos y antecedentes adecuados para contar con un diagnóstico pertinente. Sólo que, aún si tal diagnóstico se hubiese tenido, por sobre todo pesó más la fantasía, la inexperiencia, el engreimiento, la evidente falta de talento de estos “emprendedores”. Llegaron a ocupar cargos directivos y funcionarios recurriendo a lo único que sabían: cumplir con la tarea de proporcionar a los socios los réditos esperados a sus aportes. Tal finalidad actuó como exclusivo criterio racionalizador, de modo que el segundo lustro de la década pasada no pudo sino ser de escozores y altibajos, de buscar eliminar las malas decisiones de negocio anteriores, cerrar sedes, terminar programas, despedir gente, lidiar con opositores internos (descontentos múltiples, grupos nihilistas), buscar responder a las exigencias de la acreditación institucional, afrontar deudas, pagar al personal, renegociar pasivos, etc. Claramente, otra cosa era con guitarra, y no era posible seguir con una universidad buena onda, pluralista, diversa…por parte de la rudeza militante.

El PC se hizo del “proyecto ARCIS” cuando este ya estaba completamente erosionado. Su brillo estuvo en su resistencia ochentera concluyendo con algunos relumbrones noventeros, luego de lo cual sobrevino la confusión. Cierto es que en su vida ha contado con académicos y artistas relevantes, pero ello en caso alguno cimentó una fortaleza de largo plazo. Desde antes de la llegada del PC a la dirección, ARCIS transitaba por una crisis con mucho de irreversible dadas las condiciones de financiamiento proveniente, en lo fundamental, del pago de los estudiantes. Su persistencia como casa universitaria implicaba un prolongado proceso de reconversión como unidad económica y académica de amplia convocatoria social y profesional que, en caso alguno tenía que ver con la lógica privatista –según las reglas del juego del mercado de la educación - asumidas por el PC.

En otros tiempos un bochorno de este calibre habría significado un descalabro importante en sus aparatos de dirección y varias cabezas rodando. Pero ahora no ha sido así ¿Por qué? Entre las razones de esta interesante vista gorda, probablemente la más importante sea el hecho de que quienes protagonizaron el caso ARCIS son los mismos que, a la par, llevaron al partido a la NM, fungiendo hoy de ministros, parlamentarios, embajadores, asesores, y otras funciones; por tanto, no se podría haber esperado entre ellos las consecuencias de la “vigilancia revolucionaria”.

El movimiento estudiantil de 2011 y, más aún, los preparativos para el ingreso del PC a lo que sería la Nueva Mayoría (a fin de ser parte de lo que en su momento se llamó “gobierno de nuevo tipo”), hicieron crecientemente incómoda su participación en la UA, de modo que había que salir de ahí con más rapidez que elegancia, retirando, por cierto, lo que se estimaba propio, precipitándose la debacle.

La experiencia comunista en ARCIS ha sido repudiada por muchos, partiendo ¡oh, paradoja! por el propio partido, quien ha hecho lo posible por alejar los recuerdos y sinsabores de tan amargo trago, apostando a la pronta liquidación y cierre del asunto. No es exagerado suponer que, a la luz de los resultados, no pocos personeros han asomado el arrepentimiento apelando a las consabidas expresiones: ¡en qué momento estuvimos! ¡Cómo nos fuimos a meter en eso!

De otra parte, no han faltado aquellos que al interior de la organización, aunque tímidamente, han hecho ver su crítica por lo acontecido. Se ha tratado de voces aisladas, preferentemente ligadas al ámbito de la educación superior del PC, a los que se agregan los comentarios en privado, donde sí se revela la desazón por lo acontecido. Lo que ha primado, como era de esperar, es callar y cuadrarse con lo que dicen los dirigentes y, claro está, no prestarse a las “maniobras de la derecha” que, cómo no, ha querido hacerse su agosto, pero sin respaldo moral para ello.

Para quienes conocemos la historia de este partido, en otros tiempos un bochorno de este calibre habría significado un descalabro importante en sus aparatos de dirección y varias cabezas rodando. Pero ahora no ha sido así ¿Por qué? Entre las razones de esta interesante vista gorda, probablemente la más importante sea el hecho de que quienes protagonizaron el caso ARCIS son los mismos que, a la par, llevaron al partido a la NM, fungiendo hoy de ministros, parlamentarios, embajadores, asesores, y otras funciones; por tanto, no se podría haber esperado entre ellos las consecuencias de la “vigilancia revolucionaria”.

Como se señalara más arriba, fue la ausencia de evaluación y criterios fundados lo que llevó a la aventura comunista en ARCIS. Es falso, en consecuencia, que ella haya que asumirla como “un error forzado difícil de comprender previamente”, según reza un informe partidario sobre esta situación de marzo de 2016. Y es que de algún modo el asunto ARCIS, en clave comunista, no es sino epítome de la manera como se ha hecho y se ha sido partido, en particular en las últimas décadas. Convenimos en que a mediados de la década pasada ARCIS daba muestras evidentes de inviabilidad, y que por lo mismo, que debía entrar a reformarse y reformularse como iniciativa académica democrática y, por qué no, de izquierdas ¿Era eso posible? No lo sabemos; lo que sí sabemos es que lo que se ofreció fue –más allá de la buenas intenciones- una modalidad que sólo prolongó la agonía, con el agravante de que al final imperaría la política del sálvese quien pueda.

No estimo que el PC sea EL responsable de la liquidación de la UA, pensarlo así es una exageración más o menos mal intencionada; de lo que sí es responsable -como producto de su manifiesta postración ideológica- es de fantochería (de suponer y exponer que tenía las habilidades, además del dinero, para solventar un proyecto universitario) y, a fin de cuentas, de actuar con puro cálculo y oportunismo, si bien es probable que en la vuelta haya perdido dinero.

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