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¿Niñas y niños inseguros en los autos?

por 18 marzo, 2017

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La obligación de utilizar sistemas de retención infantil fue introducida por primera vez en el mundo en 1975 en Bélgica y Dinamarca. Dicha medida siguió los avances que la industria aeronáutica había hecho en dicha materia, además de que organizaciones, como la American Pediatrics Association, también en los 70, apoyaban este tipo de dispositivos en los vehículos motorizados para proteger a los infantes ante la eventualidad de un accidente. En la actualidad más de 90 países en el mundo tienen legislación que hace obligatorio el uso de estos dispositivos.

Chile tardíamente siguió dichos pasos 30 años después cuando a finales del 2005 se hizo obligatorio el uso de estos dispositivos en infantes cuyas edades corresponden a los 0 y 3 años. La legislación de nuestro país está actualmente corrigiéndose, puesto que hay un grupo de infantes, aquellos que tienen entre 4 y 9 años de edad, que estarán protegidos por la ley de tránsito a partir del 16 de marzo. Anteriormente dicho grupo etario de infantes podían utilizar el cinturón de seguridad como pasajeros de asientos traseros, no obstante, estos dispositivos no están diseñados para infantes sino para adultos o al menos personas con alturas y pesos adecuados. Es decir, en el año 2017, cuarenta años después, Chile está ad portas de dar un paso en la dirección correcta porque el uso obligatorio de estos dispositivos se amplía, pero además restringe las edades de los pasajeros que pueden viajar en los asientos delanteros. Las dos buenas noticias. Dicha reglamentación en consecuencia pone a Chile en una situación similar a varios países de la OECD, pero sigue estando detrás de países como Australia u Holanda cuyas exigencias de uso de estos dispositivos llegan hasta los 16 y 18 años respectivamente.

Este tipo de dispositivos, de acuerdo a la literatura especializada, puede reducir en la mortalidad y morbilidad infantil en un 34% y 15% respectivamente. En Chile tras haber sido implementado de manera obligatoria el uso de las sillas infantiles para infantes entre 0 y 3 años, se observó una caída en un 17% en el número de infantes severamente heridos en dicho grupo etario. Sin embargo, esta tendencia perdió su efecto dos años después de la ejecución de dicha ley. Al menos dos razones explican esta tendencia: 1) su bajo uso, el cual por ejemplo en el 2013 llegó a que solo un 24% de las niñas y niños que debían ser traslados en dichos dispositivos efectivamente lo eran; y 2) su incorrecta instalación.

A pesar de los avances que Chile ha mostrado en esta materia—los cuales por cierto deben ser apoyados con medidas tales como difusión de buenas prácticas asociadas al uso de estos dispositivos e ir exigiendo un upgrade respecto de las edades—como bien ha hecho este país con la nueva legislación, aparece como una contradicción difícil de entender y defender que voces en nuestro país quieran detener una medida que salva vidas y por tanto busca proteger a los infantes.

A pesar de los avances que Chile ha mostrado en esta materia—los cuales por cierto deben ser apoyados con medidas tales como difusión de buenas prácticas asociadas al uso de estos dispositivos e ir exigiendo un upgrade respecto de las edades—como bien ha hecho este país con la nueva legislación, aparece como una contradicción difícil de entender y defender que voces en nuestro país quieran detener una medida que salva vidas y por tanto busca proteger a los infantes.

Las implicaciones más inmediatas de esta posición es que niñas y niños entre los 4 y 9 años seguirían viajando en vehículos livianos de manera insegura. Es importante insistir en que los sistemas de cinturón de seguridad ubicados en las partes posteriores de los vehículos no están diseñados para infantes. Se sabe también que hace más de 50 años se documentó el efecto nefasto que los cinturones de seguridad--no las sillas--pueden tener sobre los infantes, ya que tras un impacto las fuerzas de desaceleración distribuyen la carga de manera inapropiada. En simple, los niños pueden resultar ahorcados por ocupar un dispositivo diseñado para un adulto. Y ante la alternativa de no ocupar cinturón, el infante ante la ocurrencia de un accidente sale literalmente disparado del vehículo. Solo esperemos ahora que esta promulgación cuente tanto con el apoyo de la ciudadanía, en especial los adultos responsables de trasladar infantes en los vehículos livianos, como con las instituciones que llevan a cabo tareas de fiscalización, para que Chile siga avanzando en la protección de las niñas y los niños que viajan por y habitan nuestro territorio.

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