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Crónica de un crimen: la derrota de Ricardo Lagos

por 14 abril, 2017

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El Partido Socialista ha proclamado oficialmente, en votación secreta, que apoyará la candidatura de Guillier. Esto, en los últimos días se iba volviendo claro, pero hace un par de meses era tan improbable como ser alcanzado por un rayo. Ricardo Lagos fue alcanzado por ese rayo.

Varios analistas se han apresurado en asegurar que el Partido Socialista voto por las encuestas, por lo seguro y popular, por un caballo ajeno pero ganador. Pero se ha forjado en mí, la certeza en las ultimas horas que esta explicación es poco contundente. No quiero aseverar que las encuestas no jugaron un rol, sino más bien que el veintitantos porciento de Guillier es la coartada de un crimen pasional: una venganza.

Son específicamente tres los sucesos que me llevan a presentir y entender esta vendetta, que por lo demás son símbolo claro del modus operandi de Lagos y el laguismo y exponen de manera clara la brusquedad y arrogancia con que él y su comando han actuado en los últimos meses.

El primer suceso es por supuesto la bajada forzosa de Isabel Allende. Lo que pasó en esa reunión es fácil de adivinar: Lagos chantajeo a Allende. A saber con el mismo chantaje con el que los partidos nos han obligado al juego del duopolio. Le debe de haber dicho algo así como que “somos representantes del mismo mundo”, “Su candidatura solo daña la mía”, “Ud. no tiene posibilidades, yo sí” para finalmente rematar con “Si Ud. no se baja señora Allende gana la derecha”. Isabel Allende calló redondita. Se tragó completo todo ese discurso del “yo soy la izquierda, ayude a la izquierda”. A Allende le tomó unos días caer en cuenta de que había sido presionada de mala manera (demasiado para una política con ese trayecto).

Divulgó públicamente la reunión secreta con Lagos y contradijo con esto su versión de los hechos públicamente. Pera ya era muy tarde para rectificar, el único candidato con alguna proyección del PS se había bajado por cuenta propia y solo quedaba un sabor amargo en la boca, muy amargo.

El segundo episodio es para el PS, o más bien para cualquier organización con algo de orgullo, una afrenta irremediable: como si no fuera poco haber bajado forzosamente al candidato legitimo del socialismo, se deja, a paso seguido, proclamar como carta presidencial por otro partido. Con esto no hace más que enrostrarle al poderoso PS que él, Ricardo Lagos, es más que un partido, que él es, a fin de cuentas, la izquierda devenida carne. Y por tanto que él no esta para servirle a los partidos, sino que todo lo contrario.

El voto del PS no tiene, en este sentido, nada de superfluo o de interesado, todo lo contrario, es un voto cargado de sentimientos profundos e intensos, difíciles de sofocar. Ahí no hubo nada de calculo y solo se verá en los próximos meses cuanto daño se ha auto infringido el socialismo al ponerse de lado de un outsider.

El tercer episodio y final de este drama violento, es a la vez, el principio del fin del candidato Lagos. Es muy probable que el laguismo haya calculado mal el giro que toda la cuestión estaba por tomar. Seguramente pensaron que al PS, arrinconado sin ninguna otra opción que consumirse en primarias sin sentido y finalmente nombramientos de candidatos sin ninguna esperanza ni competitividad real, no le quedaría otro camino que acoplarse a la candidatura de Lagos. El mal calculo radicó en que los partidos con historia tienen algo así como una cierta susceptibilidad a ser usados y desechados. El resentimiento que debió haber generado el otrora amado y venerado Lagos debe haber sido enorme, más allá del perdón. Que marcara pocos puntos en las encuestas solo sirve para encubrir el hecho de que todo ha sido motivado por sed de sangre. El voto del PS no tiene, en este sentido, nada de superfluo o de interesado, todo lo contrario, es un voto cargado de sentimientos profundos e intensos, difíciles de sofocar. Ahí no hubo nada de calculo y solo se verá en los próximos meses cuanto daño se ha auto infringido el socialismo al ponerse de lado de un outsider.

En fin, si es que Lagos no lo vio venir, es que simplemente esta perdiendo el toque mágico de la videncia política. Lagos quedó herido de muerte, pues el PS le quitó lo único que él anhelaba con fervor, la posibilidad de defender su legado. El apoyo del PPD, que sonaba al principio como un as bajo la manga, resultó insuficiente a toda vista. Para más colmo de males se queda sabiendo que el asesino, nada más y nada menos que el PS, quedará impune pues tiene la coartada perfecta: todo fue por las encuestas.

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