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El lento progreso del proyecto de institucionalidad para la ciencia

por 20 julio, 2017

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A inicios de marzo, la comisión “Desafíos del Futuro, Ciencia, Tecnología e Innovación” (conformada por los senadores Francisco Chahuán, Juan Antonio Coloma, Alfonso De Urresti, Guido Girardi y la senadora Carolina Goic) comenzó a revisar el proyecto presentado por el gobierno para crear una nueva institucionalidad para la ciencia. Sin temor a exagerar, este probablemente sea el proyecto de ley más importante para la ciencia y la tecnología en los últimos años, por al menos tres razones:

  1. a) es el esfuerzo más significativo para transformar la institucionalidad pública de la ciencia y la tecnología (y en parte la innovación), en condiciones de una creciente crisis que enfrenta el sector en los últimos años;
  2. b) es un proyecto que nació a partir del debate sostenido por un gran número de actores, incluyendo dos comisiones asesoras presidenciales, durante al menos los últimos siete años;
  3. c) tras un primer proyecto que no vio mayor progreso (enviado hacia fines del gobierno anterior), existen dudas sobre si tendremos una nueva oportunidad para avanzar en esta materia.

La discusión del proyecto en la comisión ha contado con la participación de un significativo número de actores e instituciones, las que han aportado sus opiniones durante los últimos cuatro meses. Producto de esta discusión, se generaron cientos de indicaciones al proyecto, aunque las posturas contrapuestas de algunos actores en ciertos puntos han influido en el lento progreso de la discusión del proyecto.

Sin embargo, y tras haberse iniciado la votación de las indicaciones en la comisión, las últimas semanas han revelado que el proyecto está enfrentando una fase de posible estancamiento, marcada por la lenta votación de las indicaciones, la dilatada discusión sobre aspectos que se esperaría estuviesen resueltos, y la cancelación de algunas sesiones y la dificultad para alcanzar el quórum necesario para las votaciones en otras. A esto se suma la campaña presidencial y la cercanía de la discusión del presupuesto para el próximo año, siendo este último aspecto uno indudablemente simbólico, por cuanto existía cierta esperanza de que el proyecto de institucionalidad para la ciencia fuese aprobado a tiempo para que la nueva cartera fuese incluida en el proyecto de ley de presupuesto, algo que a estas alturas sería inalcanzable.

Por ahora, lo que nos queda es esperar a que, desde los diversos sectores políticos e institucionales, se tome conciencia respecto a la valiosa oportunidad que representa este proyecto tanto para la ciencia como para el futuro de nuestro país.

Dado este escenario, es legítimo preguntarse si el proyecto se concretará efectivamente durante el actual gobierno, toda vez que este aún debe enfrentar las siguientes etapas legislativas. Para el gobierno, este proyecto puede significar un positivo legado en materia científica, tomando en cuenta que el saldo a la fecha es más bien negativo. Es indudable que la ciencia ha vivido momentos complejos en el último tiempo, en particular tras la renuncia de Francisco Brieva a la presidencia de CONICYT, lo que motivó una importante movilización y preocupación de parte de la comunidad científica. A esto se suma el virtual estancamiento de Fondecyt, el programa de apoyo a la ciencia más importante del país, marcado hoy por bajas tasas de adjudicación (y con una caída en el número de proyectos aprobados en los últimos años), llevando a una crítica situación, en especial para los científicos jóvenes que buscan insertarse laboralmente. Tampoco podemos olvidar otros temas importantes, como en materia de género, cultura científica, y derechos laborales y bienestar del personal en investigación, en los cuales aún es necesario avanzar. De no aprobarse el proyecto, sería evidente que este gobierno culminaría con una deuda en materia de ciencia.

Por otro lado, es imposible no mencionar a la propia Comisión Desafíos del Futuro. Esta ha sido una de las instancias que ha liderado la discusión sobre el tema de la ciencia y su institucionalidad durante los últimos años. Es un logro valioso, pero hoy queda la sensación de que se podría redoblar el esfuerzo para facilitar el avance del proyecto. Mención aparte merece la senadora Carolina Goic, con escasa presencia en las sesiones de la comisión en el marco del debate de este proyecto. Carolina Goic tiene una inmejorable oportunidad, en su posición de candidata presidencial, para demostrar un férreo interés en el futuro de la ciencia chilena, considerando además que la discusión del proyecto le permitiría escuchar las opiniones y preocupaciones de algunos de los actores del sistema científico nacional.

Tampoco debemos ser complacientes con el papel jugado por los actores del sistema científico. Las preocupaciones son indudablemente legítimas, pero probablemente se pudo hacer más por alcanzar acuerdos más rápidamente sobre algunos de los puntos del proyecto, o al menos comprender con mayor premura los límites en los que se desenvuelve el proyecto mismo. Pero existe otro punto, aún más crítico, que está en el ámbito de acción de los investigadores: alcanzar un nuevo nivel de organización dentro de la comunicad científica. Esta es una tarea de suma urgencia. Si la tramitación del proyecto se extiende de forma significativa, o si se diera la situación de que el actual proyecto no progrese y contemos con la oportunidad de un nuevo proyecto de institucionalidad en un futuro gobierno, no podemos enfrentar una nueva discusión legislativa con el mismo nivel de fragmentación con el que se ha trabajado hasta ahora en el actual proyecto. Esto es de enorme relevancia puesto que, incluso en caso de que sí se concrete la creación de una nueva institucionalidad, vendrán nuevas discusiones y decisiones, que esperemos cuenten con la participación de la comunidad científica.

Por ahora, lo que nos queda es esperar a que, desde los diversos sectores políticos e institucionales, se tome conciencia respecto a la valiosa oportunidad que representa este proyecto tanto para la ciencia como para el futuro de nuestro país. Por otro lado, es indudable que son varios los actores y sectores que se juegan algo positivo con la concreción exitosa del proyecto. Pero es la ciencia chilena la que necesita, hoy más que nunca, una señal positiva para mirar al futuro con optimismo.

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