viernes, 15 de enero de 2021 Actualizado a las 11:54

Autor Imagen

Las Izquierdas al borde del Síndrome Español

por 31 diciembre, 2017

  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

Parte de las causas del triunfo electoral de Sebastián Piñera y la derecha en Chile se debe  a la confusión de la centroizquierda y la izquierda. No obstante los conservadores ganaron las recientes elecciones por un giro valórico conservador y el pragmatismo, por cierto indolente de la segunda vuelta, donde sin vergüenza incorporaron a sus promesas la gratuidad en la educación superior. Más lo estratégico  fue el miedo, etiquetado como denuncias de fraudes electorales, ese reclamo emocional les permitió montar una brigada de apoderados de mesas electorales y un cuerpo de ejército de electores potenciados y organizados. Así mantuvieron su ventaja y ganaron la segunda vuelta. Todo facilitado pues al frente había dos fuerzas políticas sin posibilidades de responder por separado a una ofensiva simple, conectada con atrasados reclamos religiosos, de católicos y evangélicos chilenos.

Es difícil ver dos Piñera, uno conservador y otro en la segunda vuelta como señalan analistas tradicionales. La derecha es más de derecha que centro derecha. Los votos que le quitaron a la centroizquierda, son pocos, son los votos de la revoltosa derecha concertacionista; freno de mano de la transición política chilena. Lo sorprendente en los conservadores chilenos  es que en pleno pluralismo de las relaciones internacionales siguen ocupados de la guerra fría y mantienen una indolencia de años con la corrupción, desde cuando expropiaron el patrimonio nacional enriqueciendo a sus corsarios civiles y militares y sus parientes.

Sus propagandistas de manera ligera y ficticia definen a sus electores como nuevas clases medias, con el mismo desparpajo de cuando pregonaban que el aumento de la torta de los más ricos era el principio de un mundo más equilibrado. Desde entonces en Chile aumentó el consumo vía crédito, eso fortaleció una plutocracia y una deuda financiera en los trabajadores manuales e intelectuales,  y en los micro empresarios o productores. El aumento del consumo trajo un bienestar de las cosas eso es cierto y beneficioso para los más humildes. Concluir que ello puede transformar las visiones de mundo de los sectores populares es razonable lo erróneo es creer que fortalece el conformismo. El abuso del poder financiero es más evidente para quien recibe ingresos y en quien usa el crédito. Por eso la derecha no centró la campaña en los números lo hizo en lo más subjetivo: las creencias, y dejó para la galería la discusión programática. Con las creencias armaron una campaña negra contra los derechos especialmente los de las igualdades. Asustaron. Así encontraron más votos que tratando de conectar con ficticios nuevos sectores medios. Primó el espíritu de cuerpo de los que se sienten amenazados por los cambios globales.

Una izquierda plural puede surgir desde lo programático pero debe llegar a un acuerdo sobre la ética. Separar política y negocios, y política y dinero es vital para la estabilidad política. Hoy cuando prima lo financiero se requiere una definición ética no pragmática sobre la corrupción.

Todo ha cambiado desde los 70, incluida la desigualdad, esta aumenta sin parar en USA y Chile y en Europa va por el mismo camino de la mano de los conservadores. Más, igual vivimos otro mundo, la materialidad es otra, los avances en el conocimiento, información, y el uso de nuevos artefactos cambian la vida diariamente.

Los conservadores a nivel global van a un choque sideral con las nuevas generaciones, estas tienen la delantera.  Son fuerzas democráticas, parte de ellas participan en las elecciones y crean nuevas organizaciones  pues no quieren ser tributarias de la confusión, la corrupción y menos de la “elitocracia”. Eso ocurre en Chile desde hace una década.

En la mayoría de los países la izquierda moderna es plural y pacta su accionar en coaliciones programáticas. La diversidad enriquece y fue molesta para las tendencias más verticales del siglo XX en  Europa, donde Socialdemócratas y Comunistas desarrollaron, mientras pudieron, grandes partidos omnipresentes. Hoy la obsolescencia llegó a las organizaciones políticas, por más historia y pasado que tengan, las organizaciones o son plurales internamente o son parte de una pluralidad más amplia o son ambas cosas. América del Sur y el Cono, se caracteriza porque la izquierda es plural y se organiza en coaliciones con otras fuerzas políticas. Mientras  Europa vive un periodo  de especulación política en torno a qué deben hacer sin guerra fría. Las polémicas de las izquierdas españolas contemporáneas son inteligibles  como podrían llegar a serlas las de las izquierdas chilenas. La tragedia de la guerra civil española desangró a las izquierdas en el mundo y todavía marca el desarrollo social y político  de España. No es viable derrotar totalmente a una fuerza de bases comunes salvo convirtiéndola en enemiga. Cuando eso ocurre, la posibilidad de disminuir las desigualdades se encogen exponencialmente.

Una izquierda plural puede surgir desde lo programático pero debe llegar a un acuerdo sobre la ética. Separar política y negocios, y política y dinero es vital para la estabilidad política. Hoy cuando prima lo financiero se requiere una definición ética no pragmática sobre la corrupción.

En Chile podemos evitar el Síndrome Español justamente porque estamos muy cerca de repetirlo.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV