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Reformar la educación “desde la sala de clases”: el desafío mayor del team Piñera para educación

por 22 febrero, 2018

Reformar la educación “desde la sala de clases”: el desafío mayor del team Piñera para educación
Reformar la educación “desde la sala de clases", el gran desafío de la dupla Gerardo Varela y Raúl Figueroa, implica que el espacio sala-de-clases deja de ser uno parecido al que conocemos y comienza a ser uno más semejante a un laboratorio al que se va, no a escuchar a un tipo que versea –el profesor– bien o mal sobre una asignatura, sino al que se va –digo– para aportar con ideas en la resolución de un problema y la búsqueda de respuestas a una pregunta, o al que se va con nuevas preguntas y nuevos proyectos para trabajar multidisciplinariamente. El espacio, entonces, sala-de-clases, se transforma en uno transdisciplinario, en el que se toma muy en serio el aporte específico de las perspectivas de las distintas disciplinas. ¿No es lo que está haciendo Finlandia hoy por hoy, la tan venerada Finlandia?
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Finalmente se termina por configurar el equipo que nos acompañará en la cartera de Educación durante el primer tiempo del Gobierno de Sebastián Piñera, antes de todo ajuste. Un ministro con dotes discursivas importantes y un subsecretario –Raúl Figueroa, recién anunciado– con una breve pero fuerte experiencia en la concepción de la educación desde las evidencias empírico-analíticas, que son las que en este modelo educativo chileno importan a fin de cuentas.

Ambas habilidades, las discursivas y las tecnocráticas, se pueden complementar bien si se tiene claro el horizonte hacia el cual se dirige cada una de las iniciativas de reforma institucional y política que impulsará el Gobierno de Piñera II, que comienza en marzo. Por lo menos, desde la perspectiva del sistema escolar, lo que se quiere es reformar la educación “desde la sala de clases”, desafío no menor si se lo piensa bien. Así lo han planteado y se han comprometido Piñera y su equipo educativo desde la campaña hasta hoy.

Pensemos un poco esto.

Reformar la educación “desde la sala de clases” implica, en efecto, una completa reforma en los métodos de enseñanza que hoy se utilizan en el sistema escolar chileno de masas –la educación pública y la particular subvencionada–, partiendo por los objetivos que se buscan en calidad año a año, ligados fundamentalmente a alcanzar altos puntajes en las dos pruebas estandarizadas que regulan todo el accionar de las salas de clases, a saber, el Simce y la PSU. ¿Estará dispuesto y tendrá el coraje el próximo Gobierno de desplazar a estas dos piedras filosofales? Estudiar, aprender y enseñar para rendir en el Simce y en la PSU es lo que el sistema pide y es lo que el sistema tiene que hacer para seguir manteniendo –cada cual– su propio boliche pedagógico: con bajos resultados en estas dos pruebas estandarizadas, simplemente te cierran tu emprendimiento educativo.

El sistema está orientado por resultados, no hay otra, el punto es si se tiene el coraje de dar los primeros pasos para pasar a otro tipo de escuelas menos “resultadistas” y más académico-prácticas, donde el aprender es significativo para transformar al mundo, la sociedad y la cultura en un espacio más habitable.

¿Entenderá Piñera este noble problema? ¿Será simplemente un eslogan de campaña el reformar “desde la sala de clases” la educación chilena?

Reformar la educación “desde la sala de clases” implica que el espacio sala-de-clases deja de ser uno parecido al que conocemos y comienza a ser uno más semejante a un laboratorio al que se va, no a escuchar a un tipo que versea –el profesor– bien o mal sobre una asignatura, sino al que se va –digo– para aportar con ideas en la resolución de un problema y la búsqueda de respuestas a una pregunta, o al que se va con nuevas preguntas y nuevos proyectos para trabajar multidisciplinariamente. El espacio, entonces, sala-de-clases, se transforma en uno transdisciplinario, en el que se toma muy en serio el aporte específico de las perspectivas de las distintas disciplinas. ¿No es lo que está haciendo Finlandia hoy por hoy, la tan venerada Finlandia?

Reformar la educación “desde la sala de clases” implica, en efecto, una completa reforma en los métodos de enseñanza que hoy se utilizan en el sistema escolar chileno de masas –la educación pública y la particular subvencionada–, partiendo por los objetivos que se buscan en calidad año a año, ligados fundamentalmente a alcanzar altos puntajes en las dos pruebas estandarizadas que regulan todo el accionar de las salas de clases, a saber, el Simce y la PSU. ¿Estará dispuesto y tendrá el coraje el próximo Gobierno de desplazar a estas dos piedras filosofales? Estudiar, aprender y enseñar para rendir en el Simce y en la PSU es lo que el sistema pide y es lo que el sistema tiene que hacer para seguir manteniendo –cada cual– su propio boliche pedagógico: con bajos resultados en estas dos pruebas estandarizadas, simplemente te cierran tu emprendimiento educativo.

En ese sentido y todavía más, profundizando la cuestión, reformar la educación “desde la sala de clases” significa repensar las identidades que tradicionalmente hemos configurado tanto del “profesor” como del “alumno”, es decir, como dos actores que se relacionan porque uno es activo, ya que enseña, y el otro es pasivo, pues aprende.  Si de verdad seguimos pensando al estudiante como un ser pasivo, es decir, como un “alumno”, palabra que originalmente significa “el que recibe alimento” (aprovecho de pasar el dato de que la palabra “alumno” no significa “sin luz”, como se dice por ahí), si seguimos pensando así, pues, no hemos entendido nada de lo que significa en profundidad reformar la educación desde la sala de clases.

En ellas, las salas de clases, se debiera trabajar como en verdaderas “comunidades de comunicación científica”, siguiendo en esto la idea de los filósofos Pierce y Karl-Otto Apel, es decir, trabajar como comunidades de aprendizaje en la que los pares –todos– aportan activamente en un asunto en cuestión, con responsabilidad y compromiso.

¿Es esto lo que promueve nuestro modelo centrado en el Simce y la PSU? ¡Vaya que no!

El desafío del nuevo “team Piñera”, desde esta perspectiva más educativa, más de “temas de fondo”, es de marca mayor, mayúscula.

Los actores que hacen oposición a este team se entretienen motejándolos de “neoliberales” y “pro mercado”, llevando la discusión a lo mismo de siempre, a un diálogo ideológico de sordos que ni siquiera sabe a ciencia cierta qué significa ser neoliberal en educación. Por ejemplo, solo como ejemplo, ¿qué significa que el Partido Comunista haya gestionado ATEs y universidades privadas tanto tiempo?

“Vivimos en el capitalismo y tenemos que actuar de acuerdo a las normas que impone el capitalismo”, dijo hace muy poco Guillermo Teillier, defendiendo las propiedades del partido en El Tabo y Lo Barnechea que están “tomadas”. ¿Qué más decir ante esto…? Nada. Ni que mirar a los máximos líderes del Frente Amplio y las reformas de la Nueva Mayoría que apoyaron sus eximios líderes en la Cámara, reformas todas con notas “neoliberales” que se sienten desde lejos… muy de lejos. Toda la izquierda tiene tejado de vidrio con su cacareo sobre el neoliberalismo en educación, no solo la derecha.

Por eso, sobre el tema educativo de fondo, vamos a ver si Piñera y su team lo afrontan. Bachelet lo hizo “de carambola”, pues su mayor logro –logro que ni ella misma ha pensado como tal– es el replanteamiento de la formación ciudadana en el sistema escolar… de carambola hizo reformas en este tema crucial, anhelado y necesario en el sistema escolar. Bueno, ¿qué propondrá Piñera? ¿Será más explícito y directo o solo buscará un sistema escolar para la “excelencia”, entendida esta como buenos puntajes en el Simce y en la PSU? ¿Esta excelencia estrecha es su gran reforma desde la sala de clases?

Está por verse.

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