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Transformación de las becas sociales del Sence: el futuro del empleo

por 14 noviembre, 2018

Transformación de las becas sociales del Sence: el futuro del empleo
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En el Servicio Nacional de Empleo (SENCE) se discute la modernización del Sistema Nacional de Capacitación que después de 1998 no ha tenido una gran revisión. En estos últimos 20 años nuestra sociedad se ha transformado velozmente. Han cambiado nuestras formas de comunicación, de aprendizaje y la producción de millones y millones de datos en todas las áreas del conocimiento han sumado un nuevo actor en el mundo de los servicios, con el desarrollo acelerado de asistentes virtuales en el campo de la educación, de la medicina, y el transporte, entre otros.

Ahora, del mismo modo en que la Cuarta Revolución Industrial está modificando el ecosistema social y productivo, el mercado laboral también se transforma, tal como lo destacó el estudio The Future of Jobs, publicado este año por el Foro Económico Mundial, que puso el foco en la demanda de nuevos empleos y la necesidad de nuevas habilidades. En esa dirección es que apunta el ministro del Trabajo Nicolás Monckeberg cuando hace algunos meses -apropósito de la modernización del Sence- sostuvo que: “Tengo la misión de adecuar nuestra legislación laboral a los nuevos empleos que hoy se están demandando”.

La adaptación a este nuevo mundo laboral podrá ser efectiva únicamente a través de la movilización concertada de gobiernos, empresas privadas, instituciones públicas y la sociedad civil por medio de agendas comunes y una acción colaborativa.

El SENCE, de hecho, ajustó su mirada y hoy puede dar cuenta de una experiencia muy exitosa en este sentido. Al lanzar el programa “Becas de Programador” se estimó que el grupo de interés estaría en el borde de los jóvenes y lanzó el plan de becas de acuerdo a esa estimación. Los cupos se llenaron inmediatamente, pero mayor fue su sorpresa cuando cuantificaron la cantidad de interesados que se inscribieron en el programa gratuito. ¡En solo unos meses postularon más de 33 mil personas!

La capacitación, muy lejos del estigma que se le ha intentado imprimir tras las observaciones de la Comisión Revisora de Capacitación e Intermediación Laboral del PNUD, más conocido como informe Larrañaga, es de gran relevancia para el desarrollo económico de los nuevos tiempos y para la mejora de la calidad de vida de los trabajadores chilenos.

Con independencia de una de las principales conclusiones del informe, que reiteradamente es utilizado para argumentar que el sistema de capacitación no genera impacto en los trabajadores ni en la calidad del empleo y que se deriva del cruce de la variación de los sueldos de los trabajadores capacitados versus los no capacitados, determinando un variación menor al 2% entre los dos grupos, desde la Asociación de OTIC afirmamos que la inversión en capacitación sí genera impacto y para ello basta medir la disminución en la rotación laboral de un trabajador, o por ejemplo determinar la baja en la tasa de accidentabilidad de un trabajador capacitado versus uno que no, tal como lo sostiene los estudios de la ACHS.

Pero fuera de esos indicadores clásicos, para multiplicar el impacto en las remuneraciones de los trabajadores y en la productividad de una economía que comienza a transitar hacia la sociedad digital y en la cual Chile está muy inserto, no es recomendable descansar en que la sola promulgación de leyes pueda resolver problemas complejos de oferta y demanda.

El cambio de impacto real que se requiere pasa por la modificación del foco que estamos usando, por ejemplo, en los programas de Becas Sociales de SENCE o de las mismas OTIC.

Durante años el foco estuvo puesto en la cobertura, con cálculo en el número de beneficiados y no en calidad y pertinencia de los cursos impartidos. Muy por el contrario de lo que se viene haciendo, hoy las becas sociales deben estar orientadas a generar empleo, con visión en las nuevas demandas laborales para captar interés e influir positivamente en la economía. Una manera de hacerlo efectivo sería incorporar a los OTIC, que están vinculados con las empresas (que son las que contratan) en la definición de los cursos en los que jóvenes desempleados deberían capacitarse.

El SENCE, de hecho, ajustó su mirada y hoy puede dar cuenta de una experiencia muy exitosa en este sentido. Al lanzar el programa “Becas de Programador” se estimó que el grupo de interés estaría en el borde de los jóvenes y lanzó el plan de becas de acuerdo a esa estimación. Los cupos se llenaron inmediatamente, pero mayor fue su sorpresa cuando cuantificaron la cantidad de interesados que se inscribieron en el programa gratuito. ¡En solo unos meses postularon más de 33 mil personas!

¿Qué nos dice esto? Que el programa estaba bien pensado y funcionó, y que todavía existen más de 32 mil personas esperando una oportunidad de formación en un área en que las empresas y gremios de este rubro vienen hablando hace meses de la escasez de programadores certificados en la norma SFIA.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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