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Nueva Directiva de Seguridad Nacional en EE. UU: ¿efectos para Chile?

por 12 marzo, 2021

Nueva Directiva de Seguridad Nacional en EE. UU: ¿efectos para Chile?
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La semana pasada, la Administración Biden emitió la Interim National Security Strategy Guidance mientras diseña una genuina Estrategia de Seguridad Nacional. La prisa es comprensible. Luego de cuatro años de contradicciones, avatares, incertidumbres y arrebatos personalistas, Estados Unidos debía definir pronto sus prioridades de política exterior y seguridad nacional, recomponer las relaciones con sus aliados y asegurarles su apoyo, determinar con precisión y sin ambages sus adversarios y, en una óptica más profunda, reafirmar su condición de primera potencia mundial.

El documento apunta a todo eso. Tiene un diagnóstico de la situación de seguridad internacional; identifica sus adversarios: China y Rusia y, en menor medida, Irán y Corea del Norte; singulariza sus objetivos de seguridad nacional, y las prioridades e instrumentos de su política exterior y de defensa, de manera integrada y mutuamente complementaria. De igual modo, establece intereses, objetivos y medios de Estados Unidos en diversas regiones del mundo. Además, asume las realidades actuales de la política doméstica estadounidense y su efecto en su situación internacional, una cuestión fundamental en cualquier análisis estratégico y de formulación de políticas de seguridad nacional. Aunque se trata de un documento provisional, es razonable suponer que la versión definitiva de su nueva estrategia de seguridad nacional no será fundamentalmente diferente, sólo que más detallada y específica.

Aunque no contiene casi referencias hacia América Latina, cabe preguntarse si esta orientación provisional puede tener algún efecto sobre Chile. La pregunta no es para nada retórica. Por lo pronto, hace un par de décadas, Chile quizá sin aquilatar plenamente su magnitud, apostó por una alianza estratégica con Estados Unidos, que contó con apoyo transversal y que se ha afianzado regularmente, en términos de ser hoy Washington el principal socio estratégico del país. Además, hace algún tiempo, el Ministerio de Relaciones Exteriores anunció que Chile mantendría una “neutralidad activa” frente a la disputa entre Estados Unidos y China, una cuestión delicada y sensible para cualquier potencia mediana y especialmente para el país.

Considerando lo expuesto, se puede advertir que la Interim National Security Strategy Guidance contiene elementos que inciden sobre la situación de seguridad de Chile en, al menos, cuatro ámbitos.

En primer término, está su diagnóstico de la situación de seguridad internacional. Aunque responde a un enfoque propio de Washington, ratifica lo que se ha ponderado en diversos estudios y artículos en Chile. La política mundial experimenta un proceso de desregulación, de mayores tensiones, del surgimiento de nuevas amenazas y de menor predictibilidad y especialmente de nuevas formas de conflicto. Aquello que John Mearsheimer avizoró en su ya clásico artículo Why We Will Soon Miss The Cold War  publicado en 1990, es una realidad. Esto es complejo para el país. Aunque la mayoría de estos fenómenos son más perceptibles en el Hemisferio Norte, producen efectos reflejos en las demás regiones. Chile no puede encontrar solaz en su presunta lejanía de las zonas de confrontaciones estratégicas. A mayor abundamiento, no existe hoy una estructura de seguridad regional funcional y efectiva que amortigüe para el país los riesgos de seguridad global.

En segundo lugar, la Interim National Security Strategy Guidance confirma la existencia de una confrontación real, efectiva entre Estados Unidos, China y Rusia. Una suerte de neo o segunda guerra fría, aunque desprovista de las connotaciones ideológicas de la primera. Ésta es una cuestión central en la dinámica de la seguridad internacional y tiene especial relevancia para Chile. Más allá de la referida “neutralidad activa”, es un hecho que Chile es parte del sistema de seguridad del Indo-Pacífico, magnitud geoestratégica donde la nueva disputa mundial adquiere sus manifestaciones más intensas y potencialmente más explosivas. Además, tiene responsabilidades de custodia de uno de los puntos geoestratégicos focales del Indo-Pacífico, los Pasos Marítimos Australes. Esto acrecienta el valor de Chile como jugador relevante en los esquemas de poder del Indo-Pacífico, mas también incrementa su débito.

En tercer término, la nueva estrategia de Estados Unidos confirma el valor del multilateralismo en el campo de la seguridad internacional. No cualquier forma de multilateralismo sino una aproximación realista, que combina los intereses propios con los de los amigos y aliados. Este tema es relevante para Chile. Desde luego, se imbrica con la contribución de Chile a la seguridad internacional merced de su participación en operaciones de paz. De igual modo, el país valora y asume el multilateralismo pero en esto, su política exterior quizás debe aprender a integrar mejor los intereses nacionales, al menos en el campo de la seguridad.

Finalmente, la última forma de proyección de la Interim National Security Strategy Guidance es conceptual. Y gira en torno al valor de una estrategia de seguridad nacional. Históricamente, este concepto ha sido acuñado y utilizado por las grandes potencias; de hecho, se ajusta muy bien a su forma de  posicionamiento en el Sistema Internacional, en cuanto puede controlar con más independencia sus factores de poder, especialmente los de naturaleza política y militar. Sin embargo, no hay ninguna razón para que no pueda ser utilizado igualmente por las potencias medianas. Esta es una cuestión pendiente en Chile y a no dudarlo quedará como un tema para la próxima Administración. Entonces, deberá ser abordado y resuelto con sentido de futuro, sofisticación en la mirada estratégica y no poca voluntad política. .

En síntesis, en óptica estrictamente de realpolitik,  la Interim National Security Strategy Guidance recientemente publicada por Estados Unidos a un tiempo apoya y confirma diagnósticos relevantes para la seguridad internacional del país y su posicionamiento estratégico y, paralelamente, deja –o debería dejar– tareas para las instancias superiores responsables de la política exterior y la defensa de la República.

 

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