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Chile y Argentina: crónica de una negociación anticipada

por 20 septiembre, 2021

Chile y Argentina: crónica de una negociación anticipada

Crédito: Aton

Los chilenos debemos sumarnos tras la defensa de nuestra integridad territorial y marítima. Sabemos que la razón y el derecho nos asisten, tal como en controversias anteriores. Considerando que la política tradicional de nuestro país ha sido siempre la de favorecer, de buena fe y de manera apegada al derecho, la aplicación de sistemas de arreglos de controversias en el ámbito internacional, el TPA establece el marco definido por ambos países para iniciar la búsqueda de una solución al diferendo.
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La fijación de los límites de las plataformas continentales de Chile y Argentina en el Mar Austral, tiene a ambos países enfrentados en una nueva controversia limítrofe, que deberá resolverse conforme a los mecanismos de solución de controversias que establece el Tratado de Paz y Amistad de 1984 (TPA). Este sistema, de medios sucesivos, se aplica a todas las controversias entre ambos países, presentes o futuras, cualquiera sea su naturaleza, incluyendo por cierto las de límites.

El actual problema limítrofe tiene su origen en el 2009, con ocasión de la pretensión argentina de extender su plataforma continental en el Mar Austral y Antártica más allá de las 200 millas, afectando con ello los intereses chilenos en la zona y vulnerando el límite marítimo establecido en el TPA (punto “F”). No obstante la persistente oposición chilena, el Gobierno transandino perseveró en sus pretensiones y finalmente fijó sus limites el año 2020 a través de un acto legislativo interno.

Aún está por verse cuál de los dos países dará el primer paso. Las negociaciones directas entre ambos gobiernos –actuales y próximos– deberán desarrollarse sobre la base de la buena fe y con espíritu de cooperación, tal como demanda el TPA. Frente al surgimiento de una controversia, el tratado también impone a las partes el deber de adoptar las medidas adecuadas para evitar que esta se agrave o se prolongue innecesariamente y con ello se afecten las relaciones bilaterales. Con tal fin, la creación de todas las condiciones políticas necesarias, en ambos países, para generar un ambiente favorable al diálogo, resulta fundamental.

La controversia ya estaba instalada, cuando el Gobierno chileno fijó el límite de 200 millas de la plataforma continental chilena al sur del Canal del Beagle, en conformidad con el Derecho Internacional y el TPA. Con esta medida, el Estado de Chile da un importante y decisivo paso, largamente esperado, para consolidar sus derechos soberanos en la zona, lo que ha valido el reconocimiento y apoyo transversal de altas autoridades nacionales, parlamentarios, excancilleres y la opinión pública. Incluso, los principales candidatos a la Presidencia adelantaron su respaldo a la actuación del Gobierno, como parte de una política de Estado.

El TPA faculta a cualquiera de los dos países a dar inicio, de forma unilateral, al mecanismo de solución previsto, sin que ninguno pueda frustrar su aplicación. Frente al interés argentino promovido durante la mediación papal, de no dejar amarradas a las partes a un mecanismo de solución en particular, este elemento fue determinante en la aprobación del sistema de arreglo pacífico finalmente incorporado en dicho tratado. Así se evitaba un vacío legal que permitiera a cualquiera de las partes amagar el derecho de la otra parte de dar inicio a un mecanismo de solución, para resolver las diferencias entre ambos países.

Aún está por verse cuál de los dos países dará el primer paso. Las negociaciones directas entre ambos gobiernos –actuales y próximos– deberán desarrollarse sobre la base de la buena fe y con espíritu de cooperación, tal como demanda el TPA. Frente al surgimiento de una controversia, el tratado también impone a las partes el deber de adoptar las medidas adecuadas para evitar que esta se agrave o se prolongue innecesariamente y con ello se afecten las relaciones bilaterales. Con tal fin, la creación de todas las condiciones políticas necesarias, en ambos países, para generar un ambiente favorable al diálogo, resulta fundamental.

A partir de la positiva experiencia de la mediación papal, se plantean algunas consideraciones para sostener el proceso de negociación bilateral, siempre teniendo presente lo que Arturo Fontaine, exembajador chileno en Buenos Aires, afirmaba sobre negociar con Argentina: “Los argentinos son bien volátiles. Son gente muy cambiante, entonces uno nunca sabe cuál es la última palabra. Es un país difícil para negociar”. Veamos.

La conformación del equipo negociador, integrado de manera transversal y de carácter multidisciplinario, surge como un primer factor de éxito. Todos los sectores y especialistas deben estar disponibles para aportar a la causa. La pronta identificación y rescate de las aproximaciones y convergencias sobre los temas colaterales o secundarios al problema principal, para luego abocarse a las soluciones de fondo, es otro tema relevante. Partir al revés podría abortar todo el proceso. No obstante el controvertido historial de nuestros vecinos, desarrollar al proceso de negociación de buena fe y con ánimo cooperador, es crucial para un diálogo constructivo entre ambos países.

Aún se recuerdan las “vías paralelas” que se desarrollaron durante las negociaciones bilaterales de 1978, que consistían en iniciativas personales que derivaban en líneas paralelas de gestión y que causaban las peores interferencias. En esta ocasión, será importante entender el rol del equipo negociador y respetarlo durante todo el proceso. Finalmente, y aunque parezca obvio, es clave fijar un plazo para llevar a cabo el proceso de negociación, a fin de que, ante un eventual fracaso, cualquiera de ellas pueda dar inicio al siguiente mecanismo de solución previsto en el TPA.

Los chilenos debemos sumarnos tras la defensa de nuestra integridad territorial y marítima. Sabemos que la razón y el derecho nos asisten, tal como en controversias anteriores. Considerando que la política tradicional de nuestro país ha sido siempre la de favorecer, de buena fe y de manera apegada al derecho, la aplicación de sistemas de arreglos de controversias en el ámbito internacional, el TPA establece el marco definido por ambos países para iniciar la búsqueda de una solución al diferendo.

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