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Zonas de sacrificio: la mugre debajo de la alfombra del milagro económico chileno

por 4 septiembre, 2018

Zonas de sacrificio: la mugre debajo de la alfombra del milagro económico chileno
A dos semanas de la última intoxicación masiva, todavía no sabemos de qué empresa(s) salieron los gases contaminantes. ¡Qué vergüenza! ¡Qué desprecio por esta comunidad! En un país medianamente serio y responsable esto se sabría el mismo día. El nivel de oscuridad es mafioso. Cuando se despliegan esfuerzos por apagar el incendio y esconder de nuevo a Puchuncaví y Quintero bajo la alfombra, debemos reiterar con fuerza que esta no es la única zona de sacrificio. Están Huasco, Coronel, Tocopilla, Mejillones y más. Se repiten los patrones, varias de las empresas, comunidades menos pudientes, la complicidad del Estado, la indiferencia de un país.
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No nos engañemos. Lo que se vivió hace dos semanas en Puchuncaví y Quintero no fue una crisis. Fue una expresión predecible de una decisión consciente y continua en el tiempo, adoptada por un enjambre de empresas y autoridades de todos los gobiernos, de concentrar todas las industrias contaminantes en un lugar donde hay gente pobre, sin redes políticas ni poder económico para defenderse. Contaminación y discriminación unidas.  

Llamarlo una crisis sería lo mismo que llamar excesos a las violaciones a los derechos humanos en dictadura. Lo que se vive en esta zona de sacrificio es una violación masiva y sistemática a los derechos humanos en Chile en democracia. El Estado ha incumplido su deber de respetar los derechos a la salud, la vida y a un medioambiente sano, ya que ha contaminado activamente a través de empresas públicas bajo su control, así como ha fallado en su deber de garantizar estos derechos, no contemplando mecanismos efectivos para frenar la contaminación, ni reparar a las víctimas, dejando contaminar por sobre lo aceptable a empresas públicas y privadas.

En los años sesenta se instalaron las empresas más icónicas de la contaminación en Chile: la fundición de cobre, antes de Enami y hoy de Codelco, y la termoeléctrica a carbón que hoy es de AES Gener. Sin embargo, desde el año 1990 el parque industrial se multiplicó exponencialmente hasta llegar a diecinueve empresas en la Bahía de Quintero. A las mencionadas se suman Puerto Ventanas, Enap, Oxiquim, entre muchas otras que han usado esta zona como un vertedero con personas adentro, donde depositan sus desechos sin hacerse responsables. Y hay nuevas empresas en carpeta.

Los países desarrollados no solo han crecido en su PIB, ni se conforman con pasar el umbral del ingreso per cápita de los 25 mil dólares al año. Son aquellos que han logrado que el bienestar llegue a todos sus habitantes, que se han vuelto más equitativos, menos contaminados, que usan energía limpia, que en definitiva cuidan y respetan a toda su población por igual. Chile puede ser un país desarrollado, pero solo si les devuelve la dignidad a estas comunidades y se compromete a un nuevo “Nunca Más”, ahora por las zonas de sacrificio.

Así, este lugar costero que alguna vez fue limpio, de mar abundante y hermoso, no muy distinto a Zapallar o Cachagua a pocos kilómetros de allí, se convirtió en la mugre bajo la alfombra del milagro económico chileno: crecimiento a cualquier costo, donde unos se benefician y otros, los más vulnerables o, sin eufemismos, los más débiles, se llevan todas las cargas. Salmoneras, pesqueras industriales, mineras siguen la misma lógica.

Cada cierto tiempo levantamos la alfombra solo porque hay niños intoxicados –sí, ministro Santelices: ¡intoxicados!– y llevados de urgencia a un hospital donde son atendidos en el suelo por la paupérrima situación de los servicios de salud regionales.

Lo cierto es que la contaminación a niveles peligrosos para la salud humana es una realidad permanente hace años, presente en el aire, agua dulce, mar y tierra en la Bahía de Quintero. Se sobrepasa cientos de veces en el año la norma de dióxido de azufre fijada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), pero en Chile tenemos una norma propia hecha a la medida de empresas como la fundición de Codelco y la cuatro termoeléctricas de AES Gener (que emiten este contaminante), la cual saca un promedio diario que permite esconder y dejar impune cada vez que estas exceden el límite de la OMS.  

Entre 2010 y 2015 los promedios anuales de concentración de arsénico superaron hasta 23 veces la norma europea, pero en Chile no hay norma para arsénico. El 100% de las especies marinas muestreadas en esta área estaban contaminadas. Estudios demostraron que sobrepasan en 500% el cobre permitido; el arsénico en 400% y el cadmio en 500%, en almejas, jaibas, locos y lapas. Y la larga lista de contaminantes sigue. Estos estudios están hace años en manos de los ministerios del Medio Ambiente y de Salud.

A dos semanas de la última intoxicación masiva, todavía no sabemos de qué empresa(s) salieron los gases contaminantes. ¡Qué vergüenza! ¡Qué desprecio por esta comunidad! En un país medianamente serio y responsable esto se sabría el mismo día. El nivel de oscuridad es mafioso.

Cuando se despliegan esfuerzos por apagar el incendio y esconder de nuevo a Puchuncaví y Quintero bajo la alfombra, debemos reiterar con fuerza que esta no es la única zona de sacrificio. Están Huasco, Coronel, Tocopilla, Mejillones y más. Se repiten los patrones, varias de las empresas, comunidades menos pudientes, la complicidad del Estado, la indiferencia de un país.

Lo único que queda para demostrar que por fin dejamos atrás el siglo XX, es convertir a Puchuncaví y Quintero en el mayor símbolo de la descontaminación del siglo XXI, en un proceso de recuperación tan exitoso que sea la nueva cara de Chile en un mundo donde la manera en que producimos es tan o más importante que lo que finalmente producimos.

En concreto, se debe:

  • Usar el anunciado proceso de descarbonización para cerrar en el mediano plazo las termoeléctricas a carbón, partiendo por las más antiguas que tienen casi 50 años y terminar con Campiche, que fue aprobada el 2009 en uno de los procesos más espurios que se han dado en Chile, para instalarse a 50 metros de las casas.  
  • Cerrar la Fundición de Codelco-Ventanas que hace años va a pérdidas, perjudicando a todo el país y contaminando a destajo hace 50 años.
  • Hacerse responsable de los trabajadores de dichas empresas, que no tienen por qué pagar por los abusos de los dueños.
  • Implementar un sistema de monitoreo público y en línea que permita conocer las emisiones de inmediato y de forma transparente. Hoy el sistema de monitoreo depende de Codelco y AES Gener y hasta han borrado peaks de contaminación del registro de la página web.
  • Actualizar las normas de emisión y calidad ambiental a niveles recomendados por la OMS para proteger a la población y clausurar aquellas empresas que las incumplan.
  • Cambiar la tecnología de las empresas existentes por nueva tecnología limpia, que impida derrames de petróleo o de carbón y emisiones por sobre las nuevas normas.
  • Remediar y recuperar el ambiente marino y terrestre de la Bahía de Quintero.
  • Reparar a la población de Puchuncaví y Quintero por los perjuicios causados, por las vidas perdidas, por las enfermedades asociadas a la contaminación, por el bienestar reducido, por las pérdidas de ingreso del sector turismo y la pesca artesanal, y cualquier otro que derive de estos abusos.

Las zonas de sacrificio son nuestro espejo. Nos muestran claramente cómo somos. Como país no somos mejores ni más desarrollados que como vive una porción de la población.

El actual Presidente y sus antecesores, han prometido que seremos un país desarrollado en pocos años más. Nunca seremos un país desarrollado si tenemos zonas de sacrificio como estas.

Los países desarrollados no solo han crecido en su PIB, ni se conforman con pasar el umbral del ingreso per cápita de los 25 mil dólares al año. Son aquellos que han logrado que el bienestar llegue a todos sus habitantes, que se han vuelto más equitativos, menos contaminados, que usan energía limpia, que en definitiva cuidan y respetan a toda su población por igual. 

Chile puede ser un país desarrollado, pero solo si les devuelve la dignidad a estas comunidades y se compromete a un nuevo “Nunca Más”, ahora por las zonas de sacrificio.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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