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Diplomacia policial y derecho al derecho

por 16 diciembre, 2018

Diplomacia policial y derecho al derecho
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Llevo algún tiempo explorando la relación entre policía y democracia. A todas luces se trata de una relación heterogénea de entidades incomparables, pero a cada paso nos encontramos con perlas policiales coronando nuestro ordenamiento político. El subsecretario Ubilla, anunciando que Chile no firmaría el Pacto Migratorio de las Naciones Unidas parece ser la guinda de mi investigación. No se trata solo de encontrarse con que el Ministerio del Interior define y comunica las políticas de Relaciones Exteriores sino con descubrir que las consideraciones policiales prevalecen directamente y sin mediaciones en el dictado de la política exterior.

Lo que se ha decidido y comunicado por un funcionario oscuro, primero en la forma de una negación del derecho humano a desplazarse por el mundo, luego, como la defensa de una soberanía que no está siendo restringida y finalmente, como una justificación de políticas de ‘ordenamiento migratorio’, se ha decidido de manera improvisada, liviana y sin responsabilidad. Lo popular en el corto plazo se volverá una piedra en el zapato cuando queramos reasumir un lugar de seriedad y compromiso en el orden mundial; tendremos que reparar heridas y sobre todo, expectativas, ya no por excesivas sino por descaminadas.

El ordenamiento migratorio que pretende el Gobierno no se encuentra de ninguna manera trabado por la firma de un compromiso humanitario.

La Declaración de los DDHH está en internet. Es recomendable leerla y descubrir como ella nos ha protegido, afirmando el derecho a un debido proceso y a la seguridad social; dando preferencia a los padres para elegir la educación de sus hijos, protegiendo la propiedad individual y a las libertades políticas que fundan la Democracia y a los derechos anteriores al derecho, que algunos llaman naturales y otros derechos de la humanidad.

La diplomacia de Carabineros

Uno no salta del tren en marcha salvo para sobrevivir como Llanero Solitario. Uno no se baja de las instituciones internacionales sin romperse una pata. De todos los errores políticos cometidos por este Gobierno este es el que más cicatrices le va a dejar. Junto a los casos que involucran a Carabineros; Huracán y la falsificación jurídica como política institucional; la corrupción generalizada en la oficialidad; la intimidación y provocación como política policial; el asesinato y el  encubrimiento hacen necesario investigar los aspectos sistémicos de una institución cimentada en la asociación ilícita multidelictual.

La fuga de las conversaciones sobre migración no es distinta a la suma de los escándalos policiales; son una de sus culminaciones. Lo que hemos hecho es subordinar las relaciones exteriores a una política interna de orden policial. Ni siquiera se trata de una actuación que obedezca a la lógica de la economía o de la política. Este es el sometimiento liberal a la prioridad asignada al orden de la paranoia y de la retórica de la inseguridad que la nutre.

(Es necesario aclarar que Carabineros son muchas organizaciones y sobre todo distintas lógicas del orden compartiendo un cuerpo que se asfixia).

Los países no existen de cualquier manera

Nunca hemos sido rápidos en dar cumplimiento a las orientaciones humanitarias de la ONU. Hemos tardado décadas en ponernos al día con la Declaración Universal de Derechos Humanos, pero la firmamos, ayudamos a redactarla y no nos restamos a su carácter orientador. Lo mismo en cuanto a lentitud vale para las recomendaciones de la OMS, la OIT o la UNICEF. Nos ha tomado cada vez mucho tiempo adaptar nuestra normativa interna a las orientaciones de la cultura occidental desarrollada. Nos hemos tardado decenios en reconocer  los derechos de los niños y en empezar a proteger a las mujeres y a los pueblos indígenas.

En la actualidad, esos derechos subyacen a todo nuestro ordenamiento jurídico y son reconocidos, como anteriores e ineludibles por cualquier reglamento local. No firmar el pacto no hará más fácil eludir los derechos humanos de todos los habitantes.

Chile puede sumarse a los consensos humanitarios, que son lo que está en juego en este pacto y hacer reservas para la aplicación práctica de esos principios. Pero el Gobierno chileno parece estar a tal punto capturado por las comunicaciones y la publicidad, que las políticas se desenvuelven en un terreno operático, como ratones que han sido paridos por montañas.  

Un Estado Paria

Tenemos la experiencia de haber sido un Estado impresentable y, aunque quisiéramos no verlo, seguimos sufriendo los efectos de sospecha y descariño que vienen de esos años oscuros. El gobierno de Pinochet –que debe ser reintroducido en una historia descarnada  de Chile- constituyó un extremo de la subordinación de la política exterior a razones de orden policial. No interesa aquí un análisis detallado del terror de Estado, los destierros y los peligros convocados por el aislamiento internacional. Importa llamar la atención sobre la estrecha unidad entre la pertenencia al sistema internacional, la apertura política y la posibilidad de participar en los intercambios mundiales. Para un país como el nuestro que eligió la apertura comercial y la hizo posible por medio de la democracia y el respeto a los DDHH, no es posible jugar con la ilusión de que la prioridad policial es compatible con la participación en los intercambios globales.

El Gobierno no sabe lo que hace pero eso no lo disculpa

Nuestro Gobierno comete un error serio creyendo que estamos en un momento de reversión de la cultura humanista moderna. Si actuamos creyendo que los DDHH son un estorbo y que no hay relación entre mercados libres y libre circulación de las personas; si trabajamos con un concepto de soberanía absolutista, nos obligamos a retirar la firma de todos aquellos acuerdos internacionales que limitan. Si no aceptamos las normas de la colaboración internacional, tendríamos que retirarnos de los más diversos foros internacionales y, ya que estamos en eso, de la ONU. Es peligroso confundirse entre las ilusiones absolutistas de la soberanía y una pragmática digna y eficiente en las relaciones internacionales. La diferencia es el ostracismo.

Desde hace un par de días somos un país menos confiable y más vulnerable

La ruptura de las solidaridades culturales y políticas se pagan también en efectos económicos. Para nosotros, el libre comercio es fundamental y la democracia es nuestro camino de integración al mundo. Volver al proteccionismo y a la sustitución de importaciones no es viable -ni siquiera lo es para Gran Bretaña o para EEUU-. Lea las crónicas del Brexit para actualizar las complejidades de la soberanía y entender la relación entre la libre circulación de las personas y la fluidez del comercio mundial. Los que creen que este argumento no aplica a la mano de obra morena y sin calificar, no entienden la íntima relación entre la eliminación del racismo y la libre circulación de ideas, bienes y personas.

Europa tierra de los exilios

La Europa que se formó de los movimientos voluntarios y forzosos de pueblos enteros que iban de norte a sur o de este a oeste, fue la que inventó el concepto de humanidad justamente para facilitar la globalización y crear los conceptos necesarios para un intercambio mundial entre culturas diferentes.

El reconocimiento a la humanidad y a los derechos humanos ha hecho un camino largo y accidentado, repleto de brechas, inconsistencias, hipocresías y crímenes. La humanidad es a la vez un reconocimiento, una invención y una promesa. Lo que la humanidad promete lo anuncia para toda la especie y su entorno planetario. Este siempre va a ser un trabajo en proceso. Lo que no quiere decir que se trate de una promesa postergada o inaccesible; devenimos humanos en un proceso de valoraciones universales, accesos abiertos y construcción de autonomías.

¿Quién es el funcionario que se atreve a hablar en nombre de la humanidad y decir que el derecho a viajar y a establecerse no es un derecho humano? Seguro no entiende que lo que él niega para los otros, lo niega también para nosotros. Un millón de chilenos que vaga por el mundo o que se han asentado como migrantes han visto arriesgada su seguridad por esta improvisación operática.

El mundo no se retrotrae a formas antiguas de agrario-laborismo. Eso no será un fenómeno ni durable ni profundo.

Los que creen ver oportunidades de un regreso a la tierra en la confluencia entre ecologistas y agricultores, están viendo el mundo desde sus deseos. Los que creen que detrás de los chalecos amarillos está el retorno de la alianza entre obreros, campesinos y estudiantes se equivocan también. Ninguno de esos movimientos, ni el nacionalismo ni el tradicionalismo jerárquico, ni las vanguardias obreras -que se estremecen de esperanza y de horror a la vista de estos movimientos- ninguno de ellos es capaz de construir un sujeto histórico que pueda preservar las dos condiciones de convivencia democrática y de crecimiento económico que permitan mantener la sobrevida de la especie. Cuando Marine Le Pen gobierne Francia, lo hará desde un ajuste moderado de las políticas de Angela Merkel. Y cuando China ocupe el primer lugar en la economía mundial, lo hará desde un régimen neo-demo-burocrático y condiciones laborales similares a las de occidente. El otro cuento, el cuento del lobo, sirve para hacerse fuerte en posiciones interesadamente catastrofistas.

El canto del cisne de la soberanía imperiosa

Sucede que los viejos imperios occidentales se han empobrecido efectivamente, porque han perdido sus rentas coloniales y las ventajas monopólicas que ostentaban sobre Asia y el resto del mundo. Los subsidios a la agricultura, las pensiones de ensueño, la seguridad laboral y los altos sueldos han debido moderarse de manera incomprensible para los que sufren el deterioro de sus condiciones de vida. Pero eso es todo; un ajuste competitivo con remezones y retrocesos puntuales en la globalización y la democracia.

Muchos países caídos en su economía y heridos en su orgullo están experimentando diversas coreografías del Canto del Cisne. Esa despedida de la vida, ese saludo a la muerte que la desafía, ese canto que se estrangula en la esperanza de un renacer es lo que anima las salidas de escena de los actores narcisistas. El mal gusto y la desafinación, al revés de la fábula de Esopo, nos han llevado a confundir los pechos inflados de los cisnes con las barrigas atormentadas de los pavos irreales que se meten en las casas para aleccionarnos día tras día.. Ninguno de los liderazgos nacional-populistas que se pavonean ante nuestros ojos tiene la grandeza de advertir lo que está en juego en este giro de la cultura. El mentón elevado y desafiante, el pecho inflado y el desprecio a los adversarios inventados, ese es el sello de Mussolini en la imagen de Trump y de los cretinos solemnes que son sus imitadores chilenos.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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