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La Araucanía y las “40 horas”

por 19 octubre, 2019

La Araucanía y las “40 horas”
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Pronto se iniciará la votación en la cámara de diputados del proyecto de ley que buscaría reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. Esta medida, para una región como la nuestra, con brechas negativas de productividad coincidentes con los bajos salarios respecto de la media nacional, generaría un panorama incierto, no solo para las empresas, también para los propios trabajadores. Analizaremos algunos de los principales rubros generadores de empleo que se enfrentarían a un complejo escenario. El comercio detallista, debería modificar horarios de atención, lo que no es viable, así sería excesivo el aumento de las horas extraordinarias requeridas, siendo necesaria la contratación de personal adicional, esto elevará el peso de las planillas de remuneraciones. Considerando que se deberían mantener los salarios, la única opción es transferir a precio este mayor costo, que finalmente lo terminaría absorbiendo el consumidor final de los bienes y servicios. Para el gran comercio y la industria, el mayor costo laboral podría incentivar aceleradamente la robotización de procesos que reemplazarían a las personas, este sería un efecto no deseado. En la agricultura y ganadería, la situación no sería distinta, pues considerando que las horas efectivas de trabajo serían 40 o 35, ya que los horarios de colación estarían a cargo del empleador, se encarecen los costos de producción y como en este rubro existen ciclos biológicos relacionados con la alimentación, ordeña y cuidado del ganado, faenas que son continuas y estarían siendo ininterrumpidas, se obliga a la contratación de personal adicional. Para mantener la productividad, el agro requeriría de una alta inversión en automatización de los procesos, esto para la Araucanía representaría aumentos de inversión que hoy no son viables para los pequeños y medianos agricultores. Además, como es una industria tomadora de precios y muy atomizada en su producción, un aumento en los costos sólo estrecha el margen, lo que en algunos casos podría llevar a empresas simplemente a la quiebra. En un sector como la construcción, la incertidumbre se genera porque no existen estudios que establezcan el impacto directo de estos cambios legislativos, pues nada se plantea respecto de la mayor especialización y el fomento a la formación de oficios para incrementar la productividad. La mayor proporción del personal en una obra trabaja “a trato”, el tiempo de trabajo está directamente relacionado con sus ingresos, en consecuencia, menos tiempo trabajado, menor trato y por consiguiente menor ingreso, lo anterior incentivaría a la informalidad. En el caso de los servicios públicos, que en nuestra región son un gran empleador, se origina un mayor gasto, pues deben mantener las horas de atención a los ciudadanos y para ello estas se deben contratar. Considerando estas apreciaciones, es recomendable, para regiones con rezago, una reducción gradual de las horas de trabajo, con evaluación de impacto en la productividad, en los ingresos y en el mercado del trabajo de la zona, propiciando más bien la flexibilidad y los acuerdos entre trabajadores y empleadores a fin de no impactar negativamente en la generación de empleo ya mermada.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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