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Desinformar también pone en riesgo la disponibilidad de agua

por 14 enero, 2022

Desinformar también pone en riesgo la disponibilidad de agua
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Desde hace un tiempo que hemos presenciado con preocupación las diferentes afirmaciones sobre el destino o mal uso del agua al ser “desperdiciada” cuando el agua del río llega al mar; o cuando el agua “se va a las napas subterráneas”, o simplificando los efectos y causalidad de la escasez hídrica, atribuyéndola al cambio climático o al “uso humano”.

Queremos ser enfáticos en la necesidad de comprender, medir y respetar el ciclo del agua a nivel cuenca, para poder asegurar y distribuir el agua para los diferentes usos a nivel local. Eso implica re-diseñar toda nuestra forma de entender el uso y administración del agua, y entender que el agua no se pierde en el mar y tampoco se pierde en las napas subterráneas. En los próximos años nos esperan evidentes efectos del cambio climático en el régimen de precipitaciones para todo el territorio nacional, no solo en la zona central, por lo cual debemos abordar este problema complejo, de manera multidimensional, donde todos los actores involucrados deben asumir un grado de responsabilidad con las acciones urgentes que debemos tomar para enfrentar este desafío de escasez hídrica.

Hacemos un llamado a preparar el camino para construir una cultura en torno al agua como bien común, construir una cultura ciudadana del cuidado del agua, que involucre también a los municipios y a la industria. Donde la ciencia juega un rol fundamental; sin embargo, los investigadores y periodistas deben hacerse responsables de no gatillar o agravar rencillas locales con un recurso tan sensible como es el agua, con afirmaciones tendenciosas que no ayudan a solucionar el problema de fondo, por ejemplo, como observamos hace algunos días en el caso de la Laguna Aculeo.

Para enfrentar la escasez hídrica de hoy, hay muchos los flancos que debemos abordar como país con gran responsabilidad. Por una parte, la Convención Constitucional trabaja para recuperar el agua como bien nacional de uso público; consagrar como derecho humano y asegurar su disponibilidad para las funciones ecológicas que determinan el bienestar de la naturaleza. Asimismo, el congreso debe aprobar los cambios en el código de agua y poner urgencia en el reconocimiento del agua para desalación, estableciendo límites claros sobre la escala, usos y destinos del agua desalada y limitar el uso de esta tecnología a circunstancias muy específicas, debido a los impactos que genera en el medio marino. El sector privado por su parte debe urgentemente promover acciones para medir y optimizar el uso de agua, en sus procesos productivos e invertir en formas de restauración de fuentes de agua y sus servicios ecosistémicos. Es justamente el sector privado un actor clave, donde será necesario destinar recursos, no solamente para aumentar su eficiencia hídrica, sino que también, abrirse a diversificar los cultivos agrícolas, saliendo de la lógica agroindustrial extensiva que nos caracteriza como país.

Recordemos que la sequía que estamos transitando incrementa los riesgos de incendios y desabastecimiento de agua, e incluso problemas a la salud; por lo tanto, las políticas públicas deben dar prioridad a proteger las fuentes de agua, e institucionalizar la gestión local de agua a nivel de cuenca, justamente por el bien de la producción económica nacional; del aseguramiento del consumo humano y de la restauración de los ecosistemas que proveen y participan en el ciclo del agua.

El cambio climático, producto del aumento y acumulación de gases de efecto invernadero, es el mejor ejemplo de cómo desestimar las consecuencias de las decisiones productivas genera desastres y cambios irreversibles para todos, afectando sobremanera a los más vulnerables. Por favor, no cometamos nuevamente este error con el agua y transformemos positivamente nuestra relación con ella. La desinformación pone en riesgo la disponibilidad del agua para zonas locales que merecen soluciones efectivas.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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