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Fallen angels Opinión

Fallen angels

Marcos Vergara I.
Por : Marcos Vergara I. Ph.D. Profesor Asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile. Adscrito al Programa de Políticas y Gestión de la Escuela de Salud Pública.
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Siempre dijimos que el sistema de Isapre, en tanto componente de seguros privados dentro del sistema de seguridad social, es decir, seguros privados previsionales -no voluntarios-, solo era posible en la certeza de que la totalidad de la población descansara en la protección de un “seguro público” que es la cobertura que ofrece el Fonasa, dentro y fuera de la red pública de provisión de servicios, en sus modalidades de atención institucional y de libre elección, respectivamente. Este seguro es, en la práctica, un seguro de “último término”, una suerte de lona -como la red de los trapecistas en el circo- sobre la cual caen los beneficiarios del sistema VIP de las isapres cuando por alguna razón su permanencia en este ya no es viable. Esta red se ubica a algunos metros por sobre el piso, pero evita a las personas costalazos muy dañinos para la salud. En su momento pensamos que crear isapres sin la certeza de esta red habría sido impresentable al público, si bien su creación no fue objeto de debate.


Recurro a Siches y su columna de los VIP en La Tercera del sábado 4 de marzo recién pasado, cuando se refiere a los conglomerados familiares, de amistad o identitarios que devienen en grupos de poder que se esconden detrás de las decisiones de políticas públicas en defensa de sus propios intereses.

Un conglomerado VIP singular es el de la clase media acomodada con acceso, gracias a sus ingresos, a los seguros previsionales de salud, es decir, a las isapres. Estas isapres han sido el arreglo institucional que ha hecho posible la conformación y permanencia en sociedad de este grupo VIP en Chile. El grupo, al que yo mismo pertenezco, goza de un modelo de servicios distinto del que tiene el resto de la población, con amenidades singulares de comodidad y confort y acceso directo a los especialistas, modelo que quisiéramos conservar los que de él nos beneficiamos. Convergen aquí además los intereses de los propios dueños de las compañías que nos “aseguran”, de los dueños y los sindicatos de las clínicas y centros ambulatorios que les venden servicios y de los médicos que participan de un mercado de buen tamaño, en el que prestan sus servicios y generan la parte más importante de su renta, agentes todos que operan como VIP complementarios.

Dicho lo anterior, no es difícil imaginar el entretejido de influencias que los VIP descritos, beneficiarios, empresarios, sindicatos y médicos, tienen en el mundo político. Es interesante observar el cuidado con que los parlamentarios, por ejemplo, hacen referencia a las medidas que cabría tomar para resolver el difícil momento que la institucionalidad vigente para estos VIP está viviendo. Delicadas sentencias que nos dejan claro por un lado que “no habrá salvataje”, al tiempo que pareciera que sí lo habrá, porque no sería razonable dejar el asunto así como está, a la deriva. Todo sea, dicen estos maestros de las comunicaciones, por los beneficiarios en riesgo de quedar desprotegidos.

Con todo, hay una reforma en ciernes, en cuyo diseño el gobierno trabaja, aun cuando es evidente que tal reforma encontrará serios obstáculos al momento de iniciarse la conversación bajo formato de proyecto de ley. Esta es la reforma del denominado Seguro Universal, donde las isapres encontrarían su espacio de desarrollo futuro en el mercado de los seguros complementarios, fuera del sistema de seguridad social que se financia con cotizaciones obligatorias -el 7% de los ingresos-. Complementariamente, existe ya un piloto de Atención Primaria Universal en 8 comunas, con un financiamiento del Banco Mundial asociado a resultados.

Siempre dijimos que el sistema de Isapre, en tanto componente de seguros privados dentro del sistema de seguridad social, es decir, seguros privados previsionales -no voluntarios-, solo era posible en la certeza de que la totalidad de la población descansara en la protección de un “seguro público” que es la cobertura que ofrece el Fonasa, dentro y fuera de la red pública de provisión de servicios, en sus modalidades de atención institucional y de libre elección, respectivamente. Este seguro es, en la práctica, un seguro de “último término”, una suerte de lona -como la red de los trapecistas en el circo- sobre la cual caen los beneficiarios del sistema VIP de las isapres cuando por alguna razón su permanencia en este ya no es viable. Esta red se ubica a algunos metros por sobre el piso, pero evita a las personas costalazos muy dañinos para la salud. En su momento pensamos que crear isapres sin la certeza de esta red habría sido impresentable al público, si bien su creación no fue objeto de debate.

Ahora bien. Henos aquí a punto de ser testigos del desprendimiento masivo de beneficiarios VIP desde el sistema Isapre, quienes irían a dar a la red ya descrita. Si bien ello todavía no ocurre, ya les hemos denominado los “ángeles caídos”. ¿A dónde irían a dar estos “ángeles”? Pues, a la red pública que ya la hemos descrito. A la lona. Y esto sería como una suerte de reforma sanitaria anticipada del seguro universal: las cotizaciones irían a Fonasa y luego los servicios de las dos modalidades de atención de Fonasa estarían disponibles, tal como ya se ha descrito que ocurre para los que ya están ahí, también para los recién llegados. Es decir, estos “ángeles caídos” se transformarían en beneficiarios de Fonasa hechos y derechos. Esto, estando el Fonasa tal como está y en particular para los portadores de más riesgos de enfermar -y qué decir para los que ya están enfermos- podría significar una gran incertidumbre y una presunción de respuesta limitada en oportunidad y cobertura, respecto de lo que antes tenían.

Se dijo en algún momento que, como una expansión de la oferta estándar de Fonasa, los “ángeles” tendrían acceso a seguros complementarios que cada cual debería pagar de su bolsillo, pero donde la intermediación de Fonasa colectivizaría la solución y supondría no solo la seguridad de acceso, sino también buenas tarifas y buenas coberturas, a lo mejor sin preexistencias.

Siguiendo a Emmanuel Carrére, digo como VIP que soy, que ojalá el señor nos mantenga en su santo Reino.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.
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