miércoles, 17 de agosto de 2022 Actualizado a las 20:54

Fuerte debate interno entre cumplir promesas o abocarse a privilegiar logros

El complejo escenario con que La Moneda trata de cerrar su peor año político

por 4 diciembre, 2015

El complejo escenario con que La Moneda trata de cerrar su peor año político
El 2014 los objetivos en el Gobierno estaban claros. La aprobación de la reforma educacional y la eliminación del sistema binominal eran los hitos políticos y comunicacionales que permitieron decretar la victoria y cerrar el año con cifras azules. Pero hoy en el oficialismo todos reconocen que ese símbolo potente no existe, que cada uno tiene su propia interpretación de lo que debe hacerse, lo que solo fomenta el zigzagueante e inestable apoyo ciudadano a la Presidenta Michelle Bachelet, que en la última encuesta Adimark obtuvo apenas 26% de aprobación.
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Un balde de agua fría. Eso fue el 26% que la Presidenta Michelle Bachelet registró este miércoles en la última encuesta Adimark, correspondiente a noviembre, porque la cifra echó por tierra la expectativa del Gobierno de consolidar una recuperación de la confianza pública para terminar en buen pie uno de los peores años políticos que ha vivido la administración bacheletista en sus dos mandatos.

Aún así, desde La Moneda se dibuja –ya que es un debate que no está totalmente zanjado– una fórmula para tratar de mejorar el rendimiento gubernamental y que apunta más a mostrar frutos concretos de lo realizado ante la ciudadanía, antes que insistir en cumplir, aunque sea solo en el papel, con las promesas de campaña.

En octubre la Presidenta Bachelet logró un 29% de aprobación, cuatro puntos más que en el sondeo de septiembre, cifra que llevó a los inquilinos de La Moneda a asegurar que habían logrado detener la estrepitosa caída del apoyo ciudadano a la Mandataria desde que estalló en febrero el caso Caval.

A todas luces, en La Moneda celebraron anticipadamente, porque en el oficialismo no todos se convencieron del repunte y advirtieron que el alza respondía solo a un efecto directo del buen manejo frente al terremoto y tsunami de septiembre, lo que, sumado al paro del Registro Civil, apuntaba solamente a un espejismo momentáneo más que a una tendencia consolidada.

El año pasado, a esta fecha, los objetivos en el Gobierno de Bachelet estaban claros. La aprobación de los proyectos vinculados a la reforma educacional y la eliminación del sistema binominal eran los hitos políticos y comunicacionales que se habían definido para decretar la victoria, cerrar el año con cifras azules y con un auspicioso panorama hacia adelante.

Hoy se habla de la agenda anticorrupción, la reforma laboral, el proyecto de gratuidad en la educación superior, la ley de partidos políticos, pero lo concreto es que ese símbolo potente no existe, reconocen en el Gobierno y en la Nueva Mayoría. Cada uno tiene su propia interpretación de lo que debe hacerse de aquí a finales de enero, diversidad que no contribuye a que La Moneda sortee efectivamente un escenario complejo como el actual.

“No hay un hito ni una imagen, algo que nos permita subsanar política y públicamente el mal año que hemos tenido, es lamentable, porque no se termina el año en las mejores condiciones, eso es indiscutible, la situación es zigzagueante, la volatilidad es muy alta”, reconoció un diputado de la Nueva Mayoría.

La permanente caída del cobre, los problemas de gestión gubernamental, las divergencias públicas y fisuras que ya se evidencian en la Nueva Mayoría, el hecho de ingresar de lleno a la mitad del mandato y de un año electoral que tensiona, son solo algunos de los elementos que conforman el panorama al que se ve enfrentada hoy la administración de Bachelet.

Lo anterior, sin considerar el escollo del recurso que presentaron 31 parlamentarios de oposición ante el Tribunal Constitucional (TC) para impugnar la glosa presupuestaria de la gratuidad en la educación, con el argumento de que discrimina aribitrariamente a los alumnos vulnerables.

El tema no es menor. El TC declaró ayer admisible el recurso y tiene un plazo de 10 días para resolver y, si decide acogerlo, en la práctica pone en jaque que La Moneda pueda cumplir a través del presupuesto con la prometida gratuidad en la educación a partir de marzo del 2016.

En el seno de La Moneda reconocen que hay un debate aún no zanjado. Dos visiones que en estos momentos chocan, sobre cuál es la ruta más acertada para repuntar el mal año que representó el 2015 y llevar al Gobierno a niveles de apoyo ciudadano superiores, más cercanos al umbral del 40%. Unos, consideran que el debate constitucional y cumplir con las promesas que la Presidenta Bachelet hizo durante la campaña, casi como una suerte de check list que se pueda mostrar a la opinión pública, son la clave. Pero otros tienen el foco puesto –visión que es compartida en sectores de la Nueva Mayoría– en desplegar los esfuerzos en resultados concretos de gestión que mostrar a estas alturas del mandato.

En el oficialismo y en el propio gobierno se suman las críticas internas hacia La Moneda por demostrar, una vez más, la incapacidad para prever los conflictos y no preparar una fórmula efectiva para sortearlos. “Por ir rápido perdimos un año completo, las explicaciones no sirven, porque lo único efectivo era poder mostrar en la práctica a la ciudadanía que la gratuidad era algo real y el problema es que el Gobierno tomó un camino del que no ponderó todas sus aristas, en este caso al TC”, criticó un alto asesor de La Moneda.

Más aún, en el Ejecutivo reconocen que no han sido claros en explicar qué alternativa tienen realmente para enfrentar un fallo adverso en el Tribunal Constitucional, si desde ya públicamente se descartó el envío de una ley corta y en privado en La Moneda aseguraron durante la semana que “se va a evitar”, como sea, recurrir a la fórmula de las becas.



Si en Palacio ya asumen que si se acoge el recurso de la derecha incidirá directamente en demorar la necesaria recuperación de las confianzas públicas de la ciudadanía con el Gobierno, en la Nueva Mayoría –agregaron varios dirigentes– consideran que la incertidumbre actual en la que se encuentran alumnos, apoderados e instituciones educacionales será igual de nefasta y generará irremediablemente una merma en la credibilidad gubernamental.

No más palabras

En el seno de La Moneda reconocen que hay un debate aún no zanjado. Dos visiones que en estos momentos chocan, sobre cuál es la ruta más acertada para repuntar el mal año que representó el 2015 y llevar al Gobierno a niveles de apoyo ciudadano superiores, más cercanos al umbral del 40%. Unos, consideran que el debate constitucional y cumplir con las promesas que la Presidenta Bachelet hizo durante la campaña, casi como una suerte de check list que se pueda mostrar a la opinión pública, son la clave. Pero otros tienen el foco puesto –visión que es compartida en sectores de la Nueva Mayoría– en desplegar los esfuerzos en resultados concretos de gestión que mostrar a estas alturas del mandato.

“Ya es hora de empezar a mostrar frutos, ese es el camino real y efectivo para el repunte del Gobierno, para recuperar la confianza de la gente (…) atención primaria de salud, la gratuidad en la educación, que la gente compruebe que no va a gastar plata en la matrícula de sus hijos este año, esas son cosas reales, concretas, cotidianas, a eso hay que abocarse”, explicaron en La Moneda.

Una visión compartida en la Nueva Mayoría: “Lo que se debe hacer es dar una señal concreta de mejorar las listas de espera en salud, reducir la percepción negativa en materia de delincuencia, apuntar a las áreas realmente sensibles”, destacó un diputado PS.

El escollo radica en que como dicho debate no está resuelto en el propio Gobierno, colisionan ambas posiciones. Un gallito que oscila en estos días entre seguir empujando el carro de los cambios institucionales, poniendo el foco de prioridades en el proceso constituyente, el proceso de descentralización e, incluso, la elección directa de intendentes, y quienes consideran que la recuperación de la confianza pública solo se logrará con cosas concretas, resultados que la ciudadanía pueda palpar en su vida cotidiana.

En el oficialismo ya dan por perdida una recuperación del Gobierno en el corto plazo, es más, con honestidad apuntan a marzo e incluso para finales del primer semestre del 2016. Un objetivo que no solo se logrará con la fórmula de los hechos concretos sino que además requiere –agregaron en la Nueva Mayoría– la necesidad de que el comité político afine su forma y estilo de trabajo, que armonicen más entre todos e insista en tener una mayor sintonía con la Presidenta Bachelet.

Desde la Nueva Mayoría agregan que es indispensable que Bachelet asuma un liderazgo mayor ante la coalición, porque es la única que puede influir como factor de unidad, para asegurar la cohesión del conglomerado y que las divergencias no se traduzcan en conflictos públicos y reveses legislativos del programa de Gobierno.

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