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Una invitación a la inversión social

por 24 noviembre, 2018

Una invitación a la inversión social
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Para las personas, la inversión social hace referencia a un cambio de mentalidad en cómo nos relacionamos los unos con los otros. Si nos atrevemos a dar el paso a una sociedad más generosa y solidaria con quienes nos rodean, de ponernos en el lugar de quien está frente nuestro e intentar entender la carga que trae, el foco se pone en la inversión de tiempo, experiencia y conocimientos, donde no sólo entregamos, sino que también recibimos un tremendo aprendizaje del otro que nos enriquece como personas.

Por otro lado, toda empresa privada es y continuará siendo parte integrante de la sociedad a la que pertenecemos, tanto de sus triunfos como de sus fracasos. Hoy, de hecho, para muchas de ellas la sociedad se ha convertido en uno de sus más importantes stakeholders. Tanto así, que la visión asistencialista de la RSE, basada en la donación de dinero o productos, está dando paso a un vínculo basado en las relaciones humanas, inversión social y el valor compartido.

Entendemos que la misión de las empresas es la de generar un retorno a la inversión, siendo éstos de gran importancia a la hora de decidir dónde y cuándo invertir. Por eso, en algunos casos ven difícil el camino de la inversión social, ya que los hace ingresar a un mundo a veces desconocido y con retornos más difíciles de
calcular. Además, hoy se espera mayor compromiso y responsabilidad de su actuar en la sociedad, donde el negocio genere un impacto positivo (económico, social y medioambiental) para todas las partes involucradas. Es cosa de observar el éxito de la emisión de “bonos verdes y sociales” en la Bolsa de Comercio de Santiago.

Toda donación siempre será bienvenida, pues permite a las organizaciones sociales financiar los proyectos para los cuales fueron creadas. Aun cuando la caridad hace referencia a una entrega al prójimo de manera desinteresada, es positiva más no suficiente. Hoy en día Chile necesita personas y empresas involucradas en las causas a las que aportan, lo que se puede hacer de muchas formas, más allá de la mera donación en dinero.

De hecho, en la última Encuesta Nacional de Voluntariado y Solidaridad, que hicimos este año con Cadem, se refleja que para el 73% de las personas la donación de dinero por sí sola no nos hace ser un país realmente solidario.

¿Qué implica este cambio de donación a inversión? La inversión es un concepto más amplio que la donación debido a que, al involucrarse, la empresa debe velar por el uso adecuado de los recursos y trabajar para que el retorno social sea lo más alto posible. El bien social es necesario si las empresas quieren seguir creciendo como unidad productiva, siendo justamente aquel uno de los principales retornos de la inversión: una sociedad en crecimiento que permita la existencia de la empresa.

Compromiso País, iniciativa recientemente anunciada por el Ministerio de Desarrollo Social, justamente comparte la misma visión para generar igualdad de oportunidades: involucrar mediante soluciones colaborativas y efectivas, donde converjan ideas y talentos, a todas las partes interesadas: gobierno, empresas, academia y sociedad civil.

Otro claro ejemplo de inversión social es el empujado por Sistema B, movimiento de empresas lucrativas y rentables desde el punto de vista financiero, pero que, además, luchan por la existencia de una economía donde el éxito se mida por el bienestar de las personas, de las sociedad y la naturaleza. Es decir, una empresa B no solo velará por su rentabilidad financiera, sino que además por su impacto en el entorno que la rodea, siendo las personas y medio ambiente un pilar de alta importancia a la hora de medir el éxito de estas organizaciones.

En el ámbito privado, los ejemplos también abundan. Entre las empresas con las que trabaja Fundación Trascender tenemos iniciativas destacables de inversión social. Agrosuper y su acercamiento a las comunidades de O’Higgins a través del fortalecimiento de sus organizaciones y dirigentes sociales, involucrando en la tarea a sus colaboradores. O Ultramar y el trabajo que realizaron en un campamento de Antofagasta para mejorar la seguridad doméstica y con ello la dignidad de la vivienda. O Banco Falabella y los talleres de micro emprendimiento para migrantes motivados para apoyar a su inclusión en la sociedad chilena. Solo por mencionar algunos ejemplos.

Las empresas tienen, hoy en día, una oportunidad como nunca la han tenido. La invitación está sobre la mesa, para que digan, alto y fuerte, “somos parte del problema y queremos ser parte de la solución”.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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