jueves, 21 de marzo de 2019 Actualizado a las 19:53

OPINIÓN

Autor Imagen

El congreso PS: ¿dónde quedó el feminismo socialista?

por 30 enero, 2019

El congreso PS: ¿dónde quedó el feminismo socialista?
El Partido Socialista posee graves problemas, como una misoginia estructural, que no se van a solucionar con la conformación de una lista de hombres y de mujeres, muy por el contrario, es un error seguir avanzando en reformas que potencien la política de la presencia, sin que las mujeres que ocupan posiciones de poder logren un mínimo de entendimiento acerca de lo que significa representar a otras mujeres, y refloten los valores del feminismo. De hecho, se requiere más formación política, para que a las mujeres les dé menos pudor el poder y su ejercicio.
  • Compartir
  • Twittear
  • Compartir
  • Imprimir
  • Enviar por mail
  • Rectificar

El fin de semana recién pasado, el Partido Socialista (PS) realizó su XXXI Congreso, el cual buscaría la ratificación de varios de los compromisos contraídos en la anterior Conferencia Nacional de Organización y Programa, realizada en el mes de julio de 2018. Durante la discusión, se pudo apreciar la necesidad de rescatar los valores del socialismo chileno, logrando instalar la resignificación del rol del Estado como promotor del bienestar social, la protección social y la economía. Avanzar hacia políticas públicas menos neoliberales y perfeccionar la democracia tanto interna como externa del PS, con propuestas innovadoras en términos orgánicos, como la creación de la Vicepresidencia de Disidencias Sexuales y Géneros Fluidos, producto del fuerte activismo de los grupos LGBTIQ+ que representan un sector importante del partido.

Por otro lado, se introdujeron votos orientados a incrementar la participación temática y la discusión política de la militancia por medio de mecanismos de democracia directa, de tal manera que el PS logre consensuar desde sus bases, a través de consultas, referendos y plebiscitos, posiciones políticas sobre política pública, como por ejemplo qué hacer frente al retroceso de las reformas del Gobierno anterior, que la administración actual encabezada por el Presidente Sebastián Piñera quiere retroexcavar, entre otras medidas, como la transparencia, probidad, y compromiso con formas más descentralizadas de ejercer el poder político.

Todos estos temas tienen por objetivo hacer permanecer al PS como un partido responsable con su programa, sus adherentes y el país, y ampliar su chance de reocupar la esfera política a modo de reencantar a sus electores que prefirieron la candidatura de Beatriz Sánchez y el Frente Amplio o, en su efecto, no se movilizaron a votar.

Uno de los principales desafíos de este XXXI Congreso consistía en ratificar que el PS introduciría dentro de su declaración de principios el feminismo socialista, lo cual fue logrado sin ninguna resistencia, pero ante la imposibilidad de que se hiciera una reforma orgánica más “visible”, a la vicepresidencia de la Mujer no se le ocurrió mejor idea que presentar un voto político sin el consenso de todas las mujeres –y sin dar una discusión política previa–, la cual consistía en un voto doble, es decir, que cada militante pueda votar por una lista construida por hombres y otra por mujeres, ya que, de acuerdo a su criterio, habría un problema de legitimidad y falta de méritos de las candidaturas de mujeres, puesto que estas no tenían la posibilidad de obtener las amplias mayorías de los hombres –la relación sería, por ejemplo, 3 mil votos obtenidos por algún hombre como Camilo Escalona, Elizalde, y otros líderes, versus los 300 o 500 a que podría optar una mujer–.

La fórmula establecida por estatuto, que ya cuenta con una norma de paridad en que todos sus órganos colegiados y directivos poseen un 50% de hombres y 50% de mujeres, ya existía –de hecho, fue aprobada en el Congreso anterior–, pero a las “feministas socialistas” les incomoda no tener el “mérito” de obtener las mismas amplias mayorías que los hombres, y se sienten disminuidas y “ayudadas” por la cuota de género.

Es allí donde aparece entonces una alarma, ya que las “feministas socialistas” del PS se declaran en favor del “mérito” a sabiendas que esta es una construcción mentirosa del neoliberalismo y el patriarcado, en que se “venden” posibilidades ficticias para competir en sociedades marcadas por las desigualdades estructurales, sociales, económicas, políticas y culturales, pero ellas insisten en que deben competir igual que los hombres, aun cuando el feminismo de la igualdad ha sido descartado por los feminismos de izquierda. ¿Qué efectos electorales puede traer esta medida?

Primero, generar una lista solo de hombres y otra solo para mujeres, es lo que se conoce en los estudios electorales como los “escaños reservados”. Estas fórmulas son ocupadas en los países de oriente como India, países árabes y algunos africanos. ¿Para qué? Para asegurar un mínimo y un máximo de escaños a elegir para un determinado sexo. Es decir, esta fórmula sería lo más parecido a tener vagones de metro solo para mujeres y así evitar su contacto con hombres y que estos las puedan acosar. Se pone también un techo de un 50%, cerrando toda posibilidad, por ejemplo, a que las mujeres puedan entrar en mayoría y superar la representación del 50% de los órganos colegiados y directivos.

Segundo, se potencia la competencia descarnada entre las propias mujeres, situación que no tiene nada de feminista, muy por el contrario, las mujeres volverán a ser subutilizadas como carne de cañón por parte de las tendencias históricas del Partido Socialista. Una vez finalizada la competencia, cualquier tipo de alianza resultará imposible de sostenerse, debido a que las relaciones terminarán siendo afectadas, vale decir, la exacerbación de la competencia acabará por terminar con toda posibilidad de un trabajo conjunto de las mujeres al interior del PS – cuyas gestiones incluso de los espacios de mujeres están marcadas por la exclusión política de las personas que piensan distinto–. Se reproduce entonces la forma patriarcal de la competencia política –una medida nada de feminista y nada de socialista–.

Tercero, dada la cultura política interna del PS, marcada por la fuerte competencia electoral y tensión interna, las acciones afirmativas permitían a los grupos minoritarios ingresar a las instancias de poder intermedio, ya que con solo un 12% de los votos por lista, se podía obtener escaños sin problemas a espacios como el Comité Central. Si a esto se le suman las acciones afirmativas para jóvenes y mujeres, las pequeñas facciones podían utilizar como válvula de escape estas medidas y ampliar su representación, en cambio la construcción de la lista de hombres y de mujeres por separado, reforzará la presencia de los sectores mayoritarios en la conducción del partido, y atentará contra las expresiones pluralistas propias también del socialismo chileno.

Cuarto, no vale la pena hacer reformas orgánicas sin sentido solo por decir que se “hizo algo”, el error de la Vicepresidencia de la Mujer y muchas mujeres socialistas que suscriben este tipo de prácticas, muy propias además de los importantes jeques del PS, demuestra que no tienen idea a qué se refiere ser feministas ni menos socialistas, por lo que terminan banalizando una causa noble, una lucha que lleva más de dos siglos en que mujeres han arriesgado la vida por ampliar su reconocimiento y conseguir más derechos.

Sin lugar a dudas, el Partido Socialista posee graves problemas, como una misoginia estructural, que no se van a solucionar con la conformación de una lista de hombres y de mujeres, muy por el contrario, es un error seguir avanzando en reformas que potencien la política de la presencia, sin que las mujeres que ocupan posiciones de poder logren un mínimo de entendimiento acerca de lo que significa representar a otras mujeres, y refloten los valores del feminismo. De hecho, se requiere más formación política, para que a las mujeres les dé menos pudor el poder y su ejercicio.

Quinto, a pesar de haber aprobado una Vicepresidencia de Disidencia Sexual, la competencia en listas separadas por sexo, es excesivamente heteronormada, cerrando toda posibilidad a que personas de otros géneros puedan competir en alguna de las listas. ¿Qué se hará con las personas que no se identifiquen con el género binario o con el sexo asignado al nacer? ¿Quiénes entonces tendrán el acceso a ocupar esta nueva Vicepresidencia?

En conclusión, la reforma está de más, es un adorno si es que no se generan medidas efectivas que busquen modificar la cultura del Partido Socialista, situación que no solo afecta a las mujeres, sino también a la militancia en su conjunto que, cada vez más, se desafecta de las decisiones –ni hablar de los espacios subnacionales–. Afligirse por no conseguir el mismo número de votos que los varones, no es más que reforzar la competitividad que ha secuestrado las relaciones sociales chilenas, y comprarse el falso cuento de la meritocracia que tiene a Chile sumido en políticas públicas que generan, por ejemplo, sistemas educativos para pobres y otros para ricos, sistemas de salud para pobres y otros para ricos.

Lo que más incomoda es que, amparadas en un “feminismo socialista”, se generen interpretaciones erradas del concepto y se reproduzcan las formas de participación excluyentes propias del sistema político actual. Hasta John Rawls sentiría vergüenza de este tipo de argumentaciones, y eso que él era profundamente liberal, a diferencia de las “feministas” del Partido Socialista.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

Más información sobre El Mostrador

Videos

Noticias

Blogs y Opinión

Columnas
Cartas al Director
Cartas al Director

Noticias del día

TV