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Credibilidad y confianza

por 24 marzo, 2019

Credibilidad y confianza
La credibilidad entonces es importante porque nos hace confiar. Entonces, ¿por qué es importante confiar en la prensa? ¿Por qué si lo cierto es que hoy gracias a la tecnología y a las redes sociales podemos “informarnos” por otras vías, prácticamente en todo momento y lugar? Porque el periodismo es una profesión y ella implica un encargo social, un estatuto jurídico, una forma determinada de hacer las cosas, una responsabilidad legal, moral y una ética profesional. Y por muy en serio que se tome su tarea cualquier persona que quiera informar a través de las redes sociales, no está haciendo periodismo y no es responsable de la misma forma.
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Las últimas semanas dos canales de televisión han cometido “errores” a la hora de informar. El 8 de marzo, a propósito de la marcha por los derechos de la mujer, el noticiario del medio día de Mega difundió imágenes de enfrentamientos en la Plaza Sotomayor de Valparaíso, imágenes que en realidad correspondían a diciembre de 2018. Días después, el noticiero central de Canal 13 informó sobre el apagón de Venezuela utilizando una fotografía de Michelle Bachelet de fondo, alta comisionada de las Naciones Unidas por los Derechos Humanos.

Ambos canales de televisión pidieron disculpas por los errores, lamentando la confusión y reiterando el compromiso con la cobertura veraz (Mega) y lamentando también las lecturas erradas del hecho fortuito (Canal 13).

Podríamos mencionar más ejemplos de este tipo, los ha habido recientemente. Y también podríamos detenernos en las interpretaciones de estos hechos fortuitos o, reflexionar sobre la confusión que en ocasiones estos errores producen entre lo que significa tener una línea editorial y manipular la información. Porque este es el meollo del asunto: sea fortuito o no, al usar imágenes que no se condicen con los hechos se ha manipulado la información, sea por error o no.

¿Por qué este tipo de errores genera tanto desconcierto y molestia? Sin duda porque queda la sensación agria del engaño y también, porque socialmente sabemos que la prensa tiene como razón de ser la de informar, sobre hechos que hayan sucedido para que la ciudadanía pueda tomar decisiones.

Con toda esta reflexión sobre la credibilidad de la prensa, no pretendo hacer una defensa del periodismo, está bien criticarlo y cuestionarlo. El tema no es evitar la muerte de una profesión, sino evaluar qué es lo que muere con ella; la manera de ejercer el periodismo puede cambiar, pero mientras la función social de los medios sea legítima, el derecho a la información ha de ser satisfecho, sin errores que nos lleven a desconfiar del trabajo de los medios.

Y la gran consecuencia de este tipo de errores es el menoscabo de la credibilidad, en el medio, en el noticiario, en los periodistas y también en la función social de la prensa en general. La credibilidad es una cualidad que se puede tener o bien carecer de ella. Se puede perder y recuperar, aunque una vez perdida cuesta mucho recuperarla, porque se asocia con la confianza.

Pensando en la prensa, se puede hablar entonces de institución creíble, así como del periodista creíble y del resultado de su trabajo, la información creíble. Aunque, lo que se espera de la información es que sea verdadera, la credibilidad permite que el público confíe en que determinado medio y/o profesional entregará la información veraz, a tiempo, etc.

Si el trabajo profesional del periodista es creíble generará confianza. La credibilidad del periodista y la confianza del ciudadano son patrimonio invaluable del trabajo informativo, del trabajo bien hecho. La credibilidad se transforma en confianza y ésta en puntos de audiencia, número de visitas, radioyentes o periódicos vendidos. Pero sobre todo, la confianza es el nudo de las relaciones humanas, es la condición de posibilidad de estrechar el vínculo humano.

La credibilidad entonces es importante porque nos hace confiar. Entonces, ¿por qué es importante confiar en la prensa? ¿Por qué si lo cierto es que hoy gracias a la tecnología y a las redes sociales podemos “informarnos” por otras vías, prácticamente en todo momento y lugar? Porque el periodismo es una profesión y ella implica un encargo social, un estatuto jurídico, una forma determinada de hacer las cosas, una responsabilidad legal, moral y una ética profesional. Y por muy en serio que se tome su tarea cualquier persona que quiera informar a través de las redes sociales, no está haciendo periodismo y no es responsable de la misma forma.

Si por ejemplo, contrato a un arquitecto para que proyecte una casa en la playa y esa casa se derrumba, ese arquitecto tiene una responsabilidad ética y legal derivada de su profesionalidad. No sucede lo mismo si se le pido a un amigo que es muy buen dibujante que proyecte la casa en la playa y finalmente ésta se derrumba. Se podrá cuestionar la habilidad para el dibujo del amigo, pero no es responsable ni ética ni legalmente, porque no es un profesional del rubro.

Con toda esta reflexión sobre la credibilidad de la prensa, no pretendo hacer una defensa del periodismo, está bien criticarlo y cuestionarlo. El tema no es evitar la muerte de una profesión, sino evaluar qué es lo que muere con ella; la manera de ejercer el periodismo puede cambiar, pero mientras la función social de los medios sea legítima, el derecho a la información ha de ser satisfecho, sin errores que nos lleven a desconfiar del trabajo de los medios.

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