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De la utópica a la esópica: ir y venir de la política chilena

por 19 mayo, 2021

De la utópica a la esópica: ir y venir de la política chilena
Las fábulas que se configuran con ganas y con gusto –en los segundos pisos del palacio que sea– vaya que nos han legado más discursos que realidades en el escenario político chileno. De Ottone a Larroulet, nos han imbuido de cuentos, relatos, historias fantásticas, con animales fantásticos, minotauros, que van desde un Presidente con afanes faraónicos (Lagos) a otro con ribetes cosmopolitas (Piñera). Así, cuándo le vamos a creer a esta democracia que no se atiene a la mesura, a la escucha, a la realidad, a los hechos ni a la voluntad de las mayorías.
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De las utopías de Marx a las fábulas de Esopo hay tan solo un paso… y la política chilena en las últimas décadas ¡vaya que lo ha demostrado!. De Allende a Piñera o de Frei Montalva a Bachelet, por dios que nos han dado duro a los simples y vulgares hombres y mujeres de a pie, a la common people: los ingenuos de siempre, los cuarto medio, los Becas Chile, los primeros en su generación en llegar a la universidad, los por mérito, los por notas, los por preuniversitario o los por dios quién sabe qué gracia.

Las fábulas que se configuran con ganas y con gusto –en los segundos pisos del palacio que sea– vaya que nos han legado más discursos que realidades en el escenario político chileno. De Ottone a Larroulet, nos han imbuido de cuentos, relatos, historias fantásticas, con animales fantásticos, minotauros, que van desde un Presidente con afanes faraónicos (Lagos) a otro con ribetes cosmopolitas (Piñera). Así, cuándo le vamos a creer a esta democracia que no se atiene a la mesura, a la escucha, a la realidad, a los hechos ni a la voluntad de las mayorías.

La gran perdedora aquí es la educación cívica, la educación ciudadana. Mal tratada. Mal querida. Mal amada, entregada al currículum escolar que, dicho sea de paso, está trancado en el marasmo de una realidad que no existe en los hechos: los niños y jóvenes en edad escolar aprenden lo que no existe o, peor, lo que dejó de existir hace décadas. Las mismas décadas en las que nos vienen hablando de la sociedad del conocimiento y de la sociedad de la innovación, mientras la 5G ya la tenemos encima y mientras el capital no suma en conocimiento vernáculo y sigue sumando en cobre, salmones y pipeño. Así, cuándo.

Nuestra última gran hazaña fue la del segundo Gobierno de Sebastián Piñera, cuando todos y cada uno sabíamos que la suma total de electores que había votado por él, era por lejos mucho menor al cincuenta por ciento del total de los potenciales votantes. Así y todo, nos imbuimos del cuento de la derrota de algunos y del triunfo de otros. Nos imbuimos de la gracia según la cual no contamos a los que no van a votar por considerarlos –técnicamente– unos idiotas. Y ahí tuvieron su octubre y hoy tienen su nuevo fracaso.

¿De qué trata la política sino de relatos? La maquiavélica idea de que el gobernante debe ser mitad humano y mitad animal, es completamente absurda cuando el que gobierna se cree precisamente o dios o semidios. Zorro y león, aconsejaba el florentino Maquiavelo a quien quisiera ser el Príncipe. Zorro por la astucia (sobre todo en la retirada) y león por la valentía (sobre todo al ataque). Pero ¿y si el Príncipe se cree un dios faraónico o un dios cristiano, qué queda para los simple mortales?

Lo que va quedando es un libro de fábulas, de mentiras hechas a la medida electoral, un vademécum que se traspasa de segundo piso a segundo piso, de generación en generación por ADN, sin transparencia, entre caníbales, a través de los pasillos del poder.

Hoy, nuevamente cegados por el espejismo de la hora electoral, creemos ver realidades donde precisamente no las hay. Vemos a ganadores y perdedores, pero no vemos ningún proyecto político serio o ningún ánimo de transformación social serio. Vemos a “abuelos” y “antiabuelos”. Así, cuándo.

La gran perdedora aquí es la educación cívica, la educación ciudadana. Mal tratada. Mal querida. Mal amada, entregada al currículum escolar que, dicho sea de paso, está trancado en el marasmo de una realidad que no existe en los hechos: los niños y jóvenes en edad escolar aprenden lo que no existe o, peor, lo que dejó de existir hace décadas. Las mismas décadas en las que nos vienen hablando de la sociedad del conocimiento y de la sociedad de la innovación, mientras la 5G ya la tenemos encima y mientras el capital no suma en conocimiento vernáculo y sigue sumando en cobre, salmones y pipeño. Así, cuándo.

Mil perdones a las electas y los electos, pero proyecto político social y ciudadano, no hay y no se ve.

Mientras tanto, la “política esópica” sigue campeando y la política del otro mundo posible, sigue aún, más (im)posible que nunca.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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