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Argentina: chuteando la deuda y preparando elecciones

por 29 junio, 2021

Argentina: chuteando la deuda y preparando elecciones
Todos los analistas consultados indican que el oficialismo ha sufrido un desgaste por la economía y por la pandemia. ¿Cuánto? ¿Afecta más al presidente que al kirchnerismo? ¿Seguirá unido el peronismo? En diversos episodios se han hecho patentes las diferencias entre las tendencias que hoy comparten el gobierno. Cristina Fernández ha adelantado peones y alfiles. Virtualmente ha posicionado a Axel Kicillof, hoy gobernador de la poderosa provincia de Buenos Aires, como su abanderado presidencial. Suele opinar con fuerza sobre la marcha de la economía, y el mundo K defiende a su gente, como ocurrió cuando el ministro Guzmán intentó renunciar a un subsecretario díscolo. Por su parte, en la oposición el gobernador de la capital, Rodríguez Larreta, le disputa a Macri la candidatura y la conducción del PRO. Mueve peones a la provincia de Buenos Aires (principal distrito electoral argentino). Los radicales también se animan y, conforme a reglamento, los socialistas argentinos están divididos, unos con el gobierno y otros en la oposición. 
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El 2021 ha sido un año difícil para Argentina. Para la inmensa mayoría, los desafíos urgentes son la angustia que provocan la economía y la campaña de vacunación. Mientras tanto, las elites se debaten ante la necesidad de chutear la deuda (y sus consecuencias), al tiempo que los partidos preparan las elecciones parlamentarias de noviembre próximo y sus primarias de septiembre.

Después de un espectacular inicio en el siglo XX (Argentina llegó a ser una de las 10 principales economías del planeta), al final de dicha centuria la situación cambió sustancialmente. Desde hace algunas décadas los argentinos viven de crisis en crisis, en un país rico en recursos naturales, con una población altamente escolarizada, una intelectualidad descollante y un fútbol de categoría mundial. En Argentina, a lo largo del siglo XX, fue creciendo una extendida clase media, junto a un robusto sindicalismo. Paralelo a un campo fértil que permite el cultivo de diversos granos (ayer trigo, hoy soya) y una ganadería de excelencia. Quien no ha gozado de un asado criollo argentino, tiene un pendiente en la vida.

Pero el siglo XXI se inició con el “corralito”, una de las crisis más profundas de la economía argentina, que implicó una media docena de presidentes en pocas semanas, como consecuencia de la inestabilidad económica y sus secuelas políticas y sociales. En esos días, la calle tronaba al grito “¡Que se vayan todos!”. En el pasado reciente se acumulaban los estragos de una feroz dictadura militar (1976-1984), el trauma de Malvinas, el retorno a la democracia con el Tío Alfonso, el menemismo y su pizza con champán junto a la paridad del peso con el dólar, amén de la hiperinflación y la consecuente sobrevaloración del peso y la catastrófica devaluación.

El actual presidente Alberto Fernández asumió a finales del 2019. En la previa el expresidente Macri había naufragado por la economía. Recordemos que en su gobierno el dólar se derrumbó, la inflación se disparó y las cuentas nacionales naufragaron. La solución fue un gigantesco préstamo concedido por el FMI. Por supuesto, los ciudadanos lo reprobaron en las elecciones y así asumió Alberto presidente y Cristina vice.

Fernández llegó al poder con un peronismo reunificado, corroborando la máxima de que el peronismo unido, jamás será vencido. La mayoría de los diversos sectores del peronismo (algo que solo los argentinos pueden entender) se agruparon tras la alianza que representaba Alberto Fernández y el kirchnerismo. Con Cristina no se alcanza, sin Cristina no se puede, fue la conclusión realista que sacaron los peronistas desde Jujuy hasta la Patagonia. Así se derrotó a la alternativa de la derecha encabezada por Mauricio Macri.

Y entonces llegó el virus.

En sus primeros momentos al Gobierno no le fue mal en materia sanitaria. Incluso le permitió a sus autoridades cancherear comparándose con sus vecinos. Pronto el virus se expandió y las vacunas escasearon. Igual que en la mayoría de América Latina. Una sociedad acostumbrada a la socialización, con intensa vida urbana, con sesión semanal de psicoanálisis para muchos, cayó bajo los rigores de la cuarentena. De más está decir que la convaleciente economía sufrió un mazazo. El turismo –buen afluente de divisas– se desplomó.  Los estadios, los cines, los teatros, cerraron. Los informales se quedaron sin ingresos.

El peso argentino cerró 2019 en torno a los 50 dólares. Hoy el cambio oficial está arriba de 100 y el llamado dólar “blue” pasó los 170. La inflación galopa mes a mes y la pobreza se elevó por sobre el 40% de la población. Y a fines de este año se cumplían los primeros pagos de los más de 45.000 millones de dólares que el FMI prestó. Cruel panorama para la población y todo un desafío para el ministro de Economía, Martín Guzmán. Entremedio, las vacunas escasearon, estrechez del mercado global según el Gobierno, mal manejo según la oposición. Lo cierto es que hoy el ritmo de vacunación es bajo. Y llegó la Delta.

A mediados de año el Gobierno desplegó una ofensiva con sus acreedores internacionales, los principales son el llamado Club de París y el FMI. Mal no le ha ido, en ambos casos ha logrado postergar el grueso de los pagos para marzo del 2022. ¿Por qué? Evitar el default es vital para todos, y aquí empieza a jugar la política.

El 14 de noviembre próximo se llevarán a cabo elecciones parlamentarias parciales: 127 de 257 diputados y 24 de 72 senadores, previas primarias, que serán el 12 de septiembre. Elecciones de medio tiempo porque el 2023 están programadas las presidenciales. El panorama político está dominado por dos grandes coaliciones: el oficialismo, que  agrupa al kirchnerismo y a buena parte de las múltiples tendencias del peronismo y, en el otro bando, la coalición que aglutina al partido PRO fundado por el expresidente Mauricio Macri, a los radicales y a la agrupación de Elisa Carrió.

Todos los analistas consultados indican que el oficialismo ha sufrido un desgaste por la economía y por la pandemia. ¿Cuánto? ¿Afecta más al presidente que al kirchnerismo? ¿Seguirá unido el peronismo? En diversos episodios se han hecho patentes las diferencias entre las tendencias que hoy comparten el gobierno. Cristina Fernández ha adelantado peones y alfiles. Virtualmente ha posicionado a Axel Kicillof, hoy gobernador de la poderosa provincia de Buenos Aires, como su abanderado presidencial. Suele opinar con fuerza sobre la marcha de la economía, y el mundo K defiende a su gente, como ocurrió cuando el ministro Guzmán intentó renunciar a un subsecretario díscolo.

Por su parte, en la oposición el gobernador de la capital,  Rodríguez Larreta, le disputa a Macri la candidatura y la conducción del PRO. Mueve peones a la provincia de Buenos Aires (principal distrito electoral argentino). Los radicales también se animan y, conforme a reglamento, los socialistas argentinos están divididos, unos con el gobierno y otros en la oposición.

No son pocos los que, ante un escenario polarizado entre Larreta-Macri por la derecha y el kichnerismo en la otra punta, se preguntan si entre Corea del Norte y Corea del Sur no sería conveniente una Corea del Medio. Será tema de estos meses, especialmente para el peronismo provincial.

¿Por qué los acreedores aceptaron postergar los pagos para una ronda de negociaciones en marzo 2022? Fácil, porque esperarán el resultado de las elecciones. Su resultado indicará el poder del gobierno y prefigurarán los resultados de la próxima presidencial.

La inflación se pronostica arriba del 40% anual, y se siente. No todo es tan oscuro. Como el Papa es argentino, y seguro tiene buenas palancas arriba, el precio de la soya se disparó en el último tiempo, al igual que otros granos ¿Resultado? Llegan más dólares por la soya que por la carne. Los chinos demandan volúmenes, como saben hacerlo. Argentina exporta soya en granos, en harina y en aceites. Es uno de los principales productores en el mundo. El Banco Central no sufre tanto y por ahí podrían salir recursos para reanimar la economía.

Mas, como la vida no es fácil, intentando parar el alza del precio de la carne, el Gobierno decretó una veda a su exportación. ¿Funcionará? Los controles estatales no gustan a las calificadoras de riesgo y así Argentina acaba de perder su calidad de país “emergente”, lo que significa que la tasa de interés subirá. Las acciones de empresas argentinas están a la baja en Wall Street, especialmente YPF.

Son muchas las interrogantes que están en el aire. ¿Llegarán más vacunas? ¿Servirán para la variante Delta? ¿Se controlará la inflación? ¿Se estabilizará el dólar? Comprensible la angustia de miles, en una sociedad que “perdió calle” producto de la pandemia, ya no se escuchan los clásicos bombos que acompañan a las manifestaciones.  Poca alegría para el gaucho, pero entre las pocas destaca Lionel Messi, que está jugando como los dioses aunque se lamenta que ya no tenga a Mascherano defendiendo atrás.

¿Los partidos argentinos: una excepción en AL?

Para finalizar, una reflexión comparativa. Mientras que en la mayoría de los países latinos la ciudadanía se ha distanciado de los partidos políticos, pareciera no ocurrir lo mismo en Argentina. El debate político se da entre ellos, y con mecanismos institucionalizados para dirimir sus controversias, como las PASO.

Tema para los politólogos. ¿Por qué en Argentina los partidos han sobrevivido a tantas crisis? Lo cierto es que el enorme capital humano que el país  acumuló en el siglo XX le ha permitido –junto a sus riquezas naturales–   sobrevivir a los cataclismos de diversa índole que han sufrido en las últimas décadas.  Tema no menor que daría para un estudio de las diversas generaciones. Mientras que para los jóvenes la actual crisis provoca indignación, para la tercera edad no es novedad, ya han vivido varias.

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