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La dignidad ignorada

por 17 octubre, 2013

La dignidad ignorada
Se deben extirpar prácticas como las políticas populistas de los ‘bonos ocasionales' que horadan los cimientos de aquellas fundadas en derechos, que son las que nos aseguran un auténtico desarrollo. Abramos los ojos a una nueva mirada radicada en la dignidad de cada persona, estableciendo de una vez por todas relaciones de igualdad y prácticas orientadas por la justicia.
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Pensar, hablar, elaborar y ejecutar políticas públicas para superar la pobreza y la exclusión social, es contribuir a la dignidad humana y esta sólo se puede edificar sobre el reconocimiento igualitario de los derechos a cada persona.

Desde la Fundación Superación de la Pobreza estamos convencidos de esta visión y, consecuentemente, llevamos más de una década elaborando propuestas que nos permitan caminar en este sentido. Concretamente, desde 1996 hemos buscado robustecer este planteamiento el que, a partir de 1999, ha estado bajo el concepto de “Umbrales Sociales”, que son un cúmulo de experiencias que se consideran elementales para el desarrollo y realización humana y que deben ser garantizadas a todos los miembros de la sociedad sólo por el hecho de formar parte de ella. En este contexto, la política social debe ser sostenida por una acción racional con sólidos principios de solidaridad, donde la responsabilidad de educar, sanar, habitar, trabajar, sea socialmente compartida y no quede recluida sólo a una acción subsidiaria del Estado, que suele ir antecedida de la demostración o acreditación de las familias en pobreza de no ser capaces, por sí mismas, de lograrlo; ni tampoco puede quedar en manos de la libre iniciativa de cada individuo guiada por el mercado.

Como cada año de elecciones presidenciales actualmente nos encontramos en plena entrega de nuevas propuestas a los candidatos y candidatas a la Presidencia de la República, proceso en que nos parece urgente invitar a abrir los ojos sobre la nueva pobreza y la relación del Estado con las personas.

La pobreza es un fenómeno extendido

Un gran número de hogares y comunidades experimentan, cíclicamente, una superposición de necesidades mal satisfechas o restricciones muy relevantes en sus posibilidades de ser/hacer. Esta es una de las razones por las cuales el concepto de pobreza sigue mostrando vigencia, en especial cuando las propias personas lo usan para elaborar una visión de sí mismos y sus circunstancias. Hoy constatamos que se puede habitar en casas sólidas, pero estas se emplazan en barrios segregados; se puede asistir al sistema escolar, pero uno que reparte muy desigualmente el capital cultural de la sociedad; se puede acudir a los centros de salud, pero con calidades y oportunidades de atención disímiles o que implican tratamientos con gastos que trastornan seriamente el presupuesto de las familias de menor renta y que explican que el 80% de los chilenos gasten más de lo que reciben como ingreso mensual.

Necesitamos, entonces, una nueva generación de políticas que enfrenten esta nueva pobreza entendida como un fenómeno multidimensional, multifactorial, dinámico e histórico, que afecta al conjunto de la existencia humana y a comunidades completas. No se puede seguir hablando de “personas pobres”, sino más bien de “personas socialmente excluidas afectadas por situaciones de pobreza”.

Una nueva relación

El cambio de mirada sobre la pobreza y su superación implica, por lo tanto, transformar la concepción manejada por el Estado y sus relaciones. Ello es la base para una toma de decisiones de políticas más coherentes con las nuevas manifestaciones de la pobreza, lo que debe ir acompañado de una profunda modificación de las estrategias de estudio y medición de ella, fundamento de una relación digna, no abusiva, ni construida sobre prejuicios y desconfianzas. Para ello es fundamental la medición de carácter multidimensional, reponer los estudios longitudinales, priorizar la inclusión de estudios estrictamente cualitativos periódicos y oficiales, y asegurar una institucionalidad que haga que sea creíble y autónoma.

El cambio de mirada sobre la pobreza y su superación implica, por lo tanto, transformar la concepción manejada por el Estado y sus relaciones. Ello es la base para una toma de decisiones de políticas más coherentes con las nuevas manifestaciones de la pobreza, lo que debe ir acompañado de una profunda modificación de las estrategias de estudio y medición de ella, fundamento de una relación digna, no abusiva, ni construida sobre prejuicios y desconfianzas.

Las consecuencias de una mirada nueva impactan a los sistemas y medios que habitualmente se utilizan para focalizar y relacionarse con las personas afectadas (fichas y cuestionarios). Es  urgente modificar la Ficha de Protección Social, la que se encuentra en profunda crisis y ha sido invalidada por el mismo sistema y la comunidad. Para revertir esto, se recomienda un sistema de focalización que limite al máximo el uso de Fichas que impliquen autorreporte de la población y que, por ejemplo, se utilicen esquemas categóricos, comprobación verificada sobre la base de datos administrativos, etc.

La tarea más prioritaria en este ámbito es la de cambiar profundamente el paradigma de relacionamiento o trato con las personas, familias o comunidades que invocan el apoyo del Estado. Esto, bajo una mirada que transita desde el “dar beneficios” al “convocar a las personas a un ejercicio de corresponsabilidad”, donde se ejercite un proceso de dignificación que les reconoce como sujetos válidos socialmente. No resulta fácil esta manera de relacionarse, ya que provoca que debamos transitar de un esquema de diálogo estrictamente individual-familiar con el Estado, a otro que incluya también el diálogo con comunidades, donde, aunque las personas lleguen individualmente a pedir apoyo, sean insertas en estrategias de rápida evolución hacia esquemas de trabajo colectivo, que favorezcan la cooperación mutua y transferencia horizontal, que otorgan mayor ejercicio de autonomía y autogestión hacia adelante.

Las prácticas: ¿qué políticas?

En este contexto, las políticas orientadas a la pobreza deben superarse a sí mismas. Deben avanzar desde el paradigma de “dar cosas”, a un enfoque basado en convocar a los afectados a enfrentar el presente y el futuro de manera diferente. La evidencia que hemos acumulado indica que caminos sólidos y sistemáticos de superación de la pobreza pasan por un cambio significativo del marco de relaciones entre los propios afectados y su contexto económico, político, social, institucional y cultural, que se funda en un ejercicio de ampliación progresiva de su marco de decisiones de manera proactiva, propositiva y corresponsable.

En ese sentido, las áreas de propuesta de Umbrales Sociales 2013 son: educación, salud, vivienda-hábitat, trabajo y participación (www.superacionpobreza.cl). Su priorización se debe a la importancia que revisten en la vida y desarrollo de las comunidades afectadas por la pobreza. Lo anterior, se ve reforzado porque coinciden con las dimensiones que diversos especialistas han relevado desde el enfoque de necesidades, capacidades y derechos. Por último, también esta nomenclatura ha generado una impronta en la estructura de gestión social en el Estado, particularmente del Poder Ejecutivo.

De manera particular priorizamos la  participación social en todas las políticas y programas. NO SE PUEDE superar pobreza sin el involucramiento activo y crecientemente empoderado de los afectados. La pobreza, en especial entendida en sus aristas subjetivas, suele estar acompañada de impotencia, pérdida de control sobre la realidad que circunda y la imposibilidad de librarse de las dificultades eligiendo otro camino. Así visto, consideramos de la mayor relevancia que la nueva generación de políticas esté fundada en el diálogo social y la participación, como prácticas que estén al centro de la gestión en todas las etapas,  desde aquellas de diseño o adaptación territorial hasta sus fases de implementación y evaluación.

La urgencia

Para que un Gobierno de sólo 4 años pueda dar inicio a estas urgentes transformaciones relacionadas profundamente a la dignidad de quienes hoy viven en situación de pobreza y exclusión, se requiere de rápidos y duraderos acuerdos –transversales–, que permitan construir políticas sociales acumulativas guiadas por el claro horizonte de los derechos. Con este fin, se deben extirpar prácticas como las políticas populistas de los ‘bonos ocasionales’ que horadan los cimientos de aquellas fundadas en derechos, que son las que nos aseguran un auténtico desarrollo. Abramos los ojos a una nueva mirada radicada en la dignidad de cada persona, estableciendo de una vez por todas relaciones de igualdad y prácticas orientadas por la justicia.

 

 

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