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La Economía que mata

por 20 febrero, 2015

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Recientemente (mediados de enero del 2015), fue publicado en Roma un libro que recoge el pensamiento social y económico del Papa Francisco. Con el título Papa Francisco. Esta economía mata, escrito por Andrea Tornielli, coordinador de Vatican Insider, y Giacomo Galeazzi, vaticanista de La Stampa. El texto reúne y analiza los discursos, documentos e intervenciones de Francisco sobre la pobreza, la migración, la justicia social, la salvaguardia de la creación, además de comparar las opiniones de expertos en economía, finanzas y Doctrina Social de la Iglesia.

Un Papa que ha sido incluso tildado de “comunista” por su condena a una economía al margen de la ética, la especulación financiera, el consumo exacerbado y un modelo que perpetúa la inequidad (la que considera como “el origen de todos los males”, en Evangelii Gaudium). Sin embargo, para ojos conocedores de la Doctrina Social de la Iglesia, lo que este pontífice hace es imprimir una mayor vehemencia a mensajes que han estado presentes desde hace siglos. Cambiando la forma, sigue siendo fiel al fondo de las enseñanzas sociales que llaman a manifestar el amor a Dios a través del amor al prójimo y que promete vida eterna a quienes den de comer al hambriento, de beber al sediento, vestimenta al desnudo, compañía y cuidados al enfermo y al privado de libertad.

Cuando ya no es el hombre sino el dinero lo que ocupa el centro del sistema, cuando el dinero se convierte en un ídolo, los hombres y las mujeres son reducidos a meros instrumentos de un sistema social y económico dominado por profundos desequilibrios. 

Un Papa que desde el inicio de su pontificado manifestó querer una Iglesia pobre para los pobres, frase que no quedó sólo para el bronce sino que fue acompañada por un sinnúmero de gestos de austeridad personal y solidaridad con diversos grupos necesitados, destacando su especial atención hacia los inmigrantes que llegan a costas italianas en condiciones miserables (los que sobreviven la travesía por el Mediterráneo). La semana pasada, de hecho, fue sin previo aviso a un albergue para refugiados, para gran sorpresa de ellos y de los voluntarios que los atendían. También hace pocas semanas se inauguraron en el Vaticano baños y duchas para quienes viven en situación de calle en la ciudad de Roma. Es un par de botones de muestra dentro de centenares de señales concretas de la opción preferencial por los pobres.

Respecto a la visión de la economía del Papa Francisco, contenida en este libro, se pueden destacar las luces y sombras que se descubren en el modelo capitalista o neoliberal, que si bien ha contribuido a que millones dejen la pobreza, al surgimiento de la clase media y al aumento de la riqueza en términos macroeconómicos, por otra parte presenta vicios estructurales que favorecen la prevalencia de los más aptos, la competencia desmedida, la inequidad y la exclusión de quienes no saben cómo subir al tren del progreso. “La cultura del descarte”, o “la economía que mata”, en la que priman criterios utilitaristas y economicistas, que causan estragos al medio ambiente, a la cultura de los pueblos y la sociedad.

Cuando ya no es el hombre sino el dinero lo que ocupa el centro del sistema, cuando el dinero se convierte en un ídolo, los hombres y las mujeres son reducidos a meros instrumentos de un sistema social y económico dominado por profundos desequilibrios. Y así se "descarta" lo que no le sirve a esta lógica: es esa actitud la que desecha a los niños por nacer, a quienes sufren de minusvalías de diversa índole, a los ancianos y enfermos. El Papa se pregunta, con un escalofrío "cuál será el próximo descarte", algo nada de descabellado si examinamos la historia reciente y actual.

Asimismo, se desarrolla la necesidad de integrar la ética tanto a la economía como a la política, dado que la falta de legitimidad y el desprestigio del que adolece el mundo político en varios países, además de la corrupción, pública y también privada, hacen un daño inconmensurable a la cultura, al progreso y a la paz. El Pontífice está convencido de que "nunca resolveremos los problemas del mundo sin una solución de los problemas de los pobres. Se necesitan programas, mecanismos y procesos orientados a una mejor distribución de los recursos, a la creación de trabajo, a la promoción integral de los excluidos".

De igual manera, remarca que la Iglesia tiene objetivos alejados de tendencias políticas o de alguna determinada corriente económica. No ofrece modelos ni soluciones técnicas, sin embargo, llama a que el centro de toda decisión económica y política pública sea la persona humana, entendida integralmente, como un ser bío-psico-espiritual, sujeto de derechos y deberes, libre y responsable, llamado a vivir y crecer en comunidad. Una comunidad en la que sus miembros se cuidan mutuamente, protegen a los más débiles y custodian su entorno, en lugar de mirar hacia el otro lado.

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