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Gobierno: el tiempo se acaba

por 28 agosto, 2015

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Siempre he creído que la perseverancia en los momentos difíciles es un buen antídoto en contra del pesimismo. Por eso me permito en esta ocasión llamar la atención ante el clima que se vive al interior de las filas del oficialismo.

En estas últimas semanas nuestra coalición ha sido sometida a los vaivenes de nuestro gobierno que intentó aclarar la ruta que sigue en estos pocos más de treinta meses que le quedan a esta administración. Y para esos efectos desde La Moneda se inventó el concepto de “realismo sin renuncia” que hasta el día de hoy muchos no entendemos. Ese concepto abrió más interrogantes que certezas y ello es preocupante.

Y si de interpretaciones se trata, me permito señalar que para mí el “realismo” es preocuparnos de aquellas personas que no lo están pasando bien, de aquellas chilenas y chilenos que ven que el abuso es lo que impera. Por ejemplo, el 74 por ciento del país gana menos de 400 mil pesos, o sea, tres de cada cuatro trabajadores ven cómo solo unos pocos logran atender sus necesidades.

Y el “sin renuncia” para mí es no renunciar a enfrentar a los abusadores con coraje. Para eso los ciudadanos eligieron a este gobierno y a sus parlamentarios.

 Lo urgente es que el gobierno tome decisiones globales, que estas se comuniquen de manera transparente y sin lugar a nuevas interpretaciones. Hasta ahora la autoridad está sometida a las presiones de los medios de comunicación vinculados a la derecha que solo buscan impregnar de miedo al país, y a una derecha que debe estar feliz porque cada día logran estirar la línea del tiempo. Son los mismos que, por ejemplo, vaticinaron los males del apocalipsis al inicio de la década de los 90 cuando se impulsaron y aprobaron las primeras reformas laborales. Los chilenos están siendo capturados por ese miedo que infunden algunos sectores.

Sin embargo, en estos últimos días hemos visto una serie de señales preocupantes que denotan una falta de estrategia, una ausencia de diseño global. No puede ser que estemos frente a un nuevo cambio de la gratuidad en la reforma universitaria, que aún no tengamos claro que sin reemplazo en caso de huelga no hay una efectiva reforma laboral, y que nuevamente haya sido postergado el envío de la reforma a la Ley de Isapres.

Cada uno de estos vaivenes ha sometido a nuestra coalición a una serie de conflictos internos que no merecemos.

Y aunque pueda sonar pedestre o liviano, quiero hacer notar que a esta fecha el próximo año el país va estar sometido al calor de las campañas para las elecciones municipales. Y en lo inmediato nadie podría negar que vienen las Fiestas Patrias, el inicio de las eliminatorias del Mundial de Fútbol, las fiestas de fin de año y luego las vacaciones de verano.

El tiempo se acaba.

Y no quiero que se diga que pienso que este año y medio de gobierno ha sido perdido. Yo no soy un autoflagelante. Se han logrado avances valiosos en diversas áreas. Y además he apoyado con mi voto todas las iniciativas de mi gobierno, algo que no todos los miembros de mi coalición pueden afirmar.

Esto es política.

Lo urgente es que el gobierno tome decisiones globales, que estas se comuniquen de manera transparente y sin lugar a nuevas interpretaciones. Hasta ahora la autoridad está sometida a las presiones de los medios de comunicación vinculados a la derecha que solo buscan impregnar de miedo al país, y a una derecha que debe estar feliz porque cada día logran estirar la línea del tiempo. Son los mismos que, por ejemplo, vaticinaron los males del apocalipsis al inicio de la década de los 90 cuando se impulsaron y aprobaron las primeras reformas laborales. Los chilenos están siendo capturados por ese miedo que infunden algunos sectores.

Pero yo no bajo los brazos, porque tengo un compromiso con quienes me eligieron para hacer que su voz se escuchara, el que recuerdo y hago valer en cada una de mis acciones como parlamentario, contribuyendo con lealtad con mi gobierno pero sin dejar a un lado la crítica en los momentos en que hace falta.

Esto es ser realista.

De renuncia no hablemos. Lucho por cumplir lo mejor posible mi trabajo y que el gobierno cumpla el suyo. Chilenos y chilenas: yo no renuncio.

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