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La inconsistencia de Solidaridad UC: por una reforma integral a la educación

por 25 enero, 2016

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Los últimos años han estado marcados por las movilizaciones de miles de estudiantes por desmercantilizar la educación e instaurar el derecho social a la misma. A diferencia de lo que varios críticos contrarios al movimiento estudiantil declaran, esta demanda no responde a planteamientos ideologizados por parte de la Confech u organizaciones afines, puesto que es precisamente en las lógicas de mercado en donde encontramos las causas de la alta segregación educacional, el endeudamiento de miles de estudiantes y sus familias, la mala calidad y la incapacidad del sistema para contribuir con el desarrollo nacional y regional. Es por estas razones que no podemos dejar sin respuestas intentos como los de la columna escrita por Solidaridad UC por levantar falsas dicotomías y sugerir comparaciones de pobre argumentación, las que en vez de contribuir a la sana discusión estorban el planteamiento de posturas legítimamente contrarias al curso de la actual reforma.

El núcleo argumentativo de la columna señalada se basa en la poca preocupación que la Confech le estaría prestando a la educación inicial y en un actuar individualista basado en “intereses circunstanciales”. Esto implicaría una especie de colusión en el plano de las ideas según los autores de la columna. Ciertamente la educación inicial es fundamental en el desarrollo de la persona, marcando diferencias importantes en el aprendizaje posterior por parte de aquellos estudiantes que sí tuvieron la posibilidad de tener una temprana educación de calidad. No obstante, la propuesta de Solidaridad UC resulta cuestionable por tres razones.

En primera instancia, cabe mencionar que en los últimos años varias organizaciones ligadas al movimiento educacional han impulsado diversas demandas conducentes a transformar el modelo educativo en su conjunto, ya sea en lo que respecta a sus distintos niveles, carrera docente y condiciones laborales de trabajadores ligados a lo educacional. De esta manera, el impacto a largo plazo es nulo o muy limitado si abordamos el problema educacional con una perspectiva que segmenta la reforma en varios niveles, puesto que de poco sirve invertir en los primeros años de educación si de todas formas el estudiante se verá segregado al ingresar a la educación básica y media debido a su ingreso socioeconómico o herencia cultural. Por lo mismo, es fundamental una reforma que considere no solo la desmunicipalización, sino el fortalecimiento de la educación pública, el reemplazo del financiamiento por subvención a la demanda y la superación de pruebas estandarizadas como el Simce y la PSU.

 La gratuidad en la educación no es fruto de una “colusión en el debate de ideas” sino que nace de una necesidad que los estudiantes a lo largo del país han identificado con discusiones que ya se están dando hace casi 10 años. De igual manera, tampoco es solo un mecanismo para que los estudiantes “vulnerables” puedan acceder a la educación superior, puesto que es evidente que la discriminación y segregación en Chile no se soluciona con títulos universitarios. La gratuidad busca un objetivo claro: entender que la educación es un derecho social, inherente a todas y todos.

En segunda instancia, no podemos dejar de mencionar la crítica soterrada que existe en la columna de Solidaridad UC, no solo a la gratuidad en su modalidad vía becas del gobierno, sino a la gratuidad en cuanto principio general. Varios sectores contrarios al movimiento por el derecho social a la educación han levantado la bandera de la educación inicial, necesaria por cierto en una reforma educacional integral, con miras a cuestionar aquellas demandas que buscan de igual forma transformar el sistema de educación superior. Nadie niega la importancia de la educación inicial, pero cuando esto se plantea como una novedad que nadie más ha dicho, como un tema aislado e independiente de la preocupación por la educación básica, media y superior, como si no existiera ningún tipo de relación entre los distintos niveles de enseñanza, nos da a entender que Solidaridad UC no logra comprender en su cabalidad lo que implica la constitución de un nuevo sistema de educación pública, nacional y de carácter transversal.

Finalmente, comparar el actuar de la Confech con el gran empresariado coludido no solo es pobre e inconsistente, sino que además da cuenta de un intento burdo de deslegitimación por parte de una fuerza cuyos intereses no han hecho sentido a los estudiantes de Chile. La gratuidad en la educación no es fruto de una “colusión en el debate de ideas” sino que nace de una necesidad que los estudiantes a lo largo del país han identificado con discusiones que ya se están dando hace casi 10 años. De igual manera, tampoco es solo un mecanismo para que los estudiantes “vulnerables” puedan acceder a la educación superior, puesto que es evidente que la discriminación y segregación en Chile no se soluciona con títulos universitarios. La gratuidad busca un objetivo claro: entender que la educación es un derecho social, inherente a todas y todos. Quienes no estén de acuerdo con ello, siéntanse invitados a disentir desde la base de esta premisa, en lugar de buscar salidas de emergencia, posicionando problemas “nuevos” o criticando la legitimidad de los espacios de representación.

Es cierto que la Confech tiene falencias y es labor de todas y todos trabajar por su perfeccionamiento. La crítica siempre será necesaria en la medida que sea constructiva y no simplemente una acusación infundada que no busca más que la propia legitimación.

Queremos terminar este texto haciendo una invitación de cara al año que inicia. Durante los siguientes meses estaremos definiendo el carácter mismo de la reforma que a través de movilizaciones y arduo trabajo se ha levantado como una necesidad por estudiantes, profesores y la ciudadanía en general. Es desde la movilización de miles de personas que hoy se habla de gratuidad y educación pública, y es labor de nosotros defender los principios de una reforma educacional para que esta responda a los intereses de la sociedad. Las y los estudiantes de Chile deben salir el 2016 a defender una vez más la educación chilena, tanto del oportunismo de la derecha como de la manipulación de la Nueva Mayoría.

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