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Los temores de Cecilia Morel

por 29 mayo, 2017

Los temores de Cecilia Morel
La ex Primera Dama, quien ha asumido un rol muy protagónico en la campaña, hizo un llamado dramático para que sus partidarios concurran a votar: “Por pensar que es una carrera corrida no van a votar, y uno puede perder en la primaria y hasta ahí llega la historia”. Su sinceridad desconcertó a su comando. Tanto es así, que el propio Sebastián Piñera saldría el día siguiente a reforzar un discurso que apuntó exactamente en la línea opuesta. El ex Presidente pronosticó, audazmente, un millón de votantes. Un optimismo que tiene muy poca base, si consideramos además que la abstención en las municipales de 2016 llegó casi a 67%.
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La primera en encender las alarmas fue Jacqueline Van Rysselberghe (JVR), quien planteó que el bloque opositor debía evitar la realización de primarias. Comenzó por argumentar que era una pérdida de tiempo, considerando que Sebastián Piñera estaba a una distancia sideral de sus competidores, sin embargo, luego dejó en evidencia sus verdaderos temores. Advirtió que era probable que los votantes de derecha no concurrieran a las urnas el 2 de julio, pero remató verbalizando el fantasma que la atormentaba: su convicción de que personas de centroizquierda irían a votar en masa –supongamos que por Ossandón– y podrían terminar influyendo en el resultado. De más está decir que, si JVR tuviera la fórmula para movilizar a simpatizantes de la deprimida Nueva Mayoría –deben ser independientes, ya que los militantes no pueden votar por el bloque contrario– un domingo de invierno en que se juega la final de la Copa Confederaciones, pasaría a la historia.

Ahora fue Cecilia Morel. La ex Primera Dama, quien ha asumido un rol muy protagónico en la campaña, hizo un llamado dramático para que sus partidarios concurran a votar: “Por pensar que es una carrera corrida no van a votar, y uno puede perder en la primaria y hasta ahí llega la historia”. Su sinceridad desconcertó a su comando. Tanto es así, que el propio Sebastián Piñera saldría el día siguiente a reforzar un discurso que apuntó exactamente en la línea opuesta. El ex Presidente pronosticó, audazmente, un millón de votantes, lo que superaría largamente a las 800.000 que se movilizaron en 2013 –versus los 2.137.090 que fueron a votar en las primarias de la ex Concertación–.

Un optimismo que tiene muy poca base, si consideramos además que la abstención en las municipales de 2016 llegó casi a 67%. ¿Qué datos manejará Piñera para haber afirmado esa cifra? Ninguno, de seguro solo es la expresión de su voluntarismo y exceso de confianza.

Y por supuesto que la confianza desmesurada tiene consecuencias directas a la hora de movilizar a sus potenciales electores. Mientras menos competitiva sea una elección, y mayor grado de certeza tengan las personas respecto del resultado, el incentivo a participar disminuye. Con este escenario, es probable que la votación sea menor que la última primaria de la entonces Alianza por Chile. En esa oportunidad, se enfrentaron dos fuerzas parejas –Allamand vs. Longueira–, pero principalmente fue la expresión de una fuerte disputa entre cuál de los dos partidos lograba imponerse sobre el otro. Hoy la UDI y RN están jugados por un mismo candidato.

Las intervenciones de Van Rysselberghe y Cecilia Morel demuestran que las diferencias de género en la política chilena son significativas. En contraste con el optimismo desbordante de Piñera y la evitación de reconocer el problema en público de la mayoría de los dirigentes –con la excepción de Ossandón, que aseguró que votarán 700.000, y Monckeberg, quien confesó que con suerte sufragará el mismo número de 2013–, ambas mujeres fueron capaces de señalar, sin pelos en la lengua y sin cálculos políticos, un temor creciente que se instaló hace meses en la derecha y que tiene activadas a las directivas de la UDI y RN en la campaña “10x1”, es decir, cada militante debe comprometer el voto de 10 personas más.

Lo cierto es que Piñera fue quien se encargó de proyectar esta sensación de triunfo anticipado y hoy está atrapado en su propio exitismo. Desde que el ex Mandatario lanzó oficialmente su campaña en marzo, la puesta en escena ha reforzado exactamente lo que Cecilia Morel criticó el día que presentó el Consejo Ciudadano: el que la “carrera estaba ganada”. Todas sus intervenciones proyectan a un Presidente en ejercicio. Como que la elección fuera un trámite. Sin ir más lejos, el repentino viaje a la zona afectada por los temporales en el norte fue la máxima expresión de esta estrategia.

Piñera ha intentado no dejar espacios para la interpretación. Más que un candidato, al llegar a terreno o en sus entrevistas, sus asesores parecieran haberle recomendado que se presente como “aquí está el Presidente”. Este exceso de confianza –Ricardo Lagos fue derrotado como senador y estuvo a punto de ser alcanzado por Lavín en la presidencial de 1999 siguiendo esta misma estrategia– es el principal peligro para el 2 de julio.

Y por supuesto que la confianza desmesurada tiene consecuencias directas a la hora de movilizar a sus potenciales electores. Mientras menos competitiva sea una elección, y mayor grado de certeza tengan las personas respecto del resultado, el incentivo a participar disminuye. Con este escenario, es probable que la votación sea menor que la última primaria de la entonces Alianza por Chile. En esa oportunidad, se enfrentaron dos fuerzas parejas –Allamand vs Longueira–, pero principalmente fue la expresión de una fuerte disputa entre cuál de los dos partidos lograba imponerse sobre el otro. Hoy la UDI y RN están jugados por un mismo candidato.

Aunque de seguro a Piñera no se le ha pasado por la cabeza perder las primarias, sí debe estar preocupado de que una escasa participación implique un resultado más estrecho de lo que pudo imaginar en el peor de sus insomnios. Eso lo dejaría en muy mal pie a propósito de su estrategia ganadora e, inesperadamente, le daría un segundo aire a Guillier e incluso a Goic. A diferencia de lo que piensa JVR, a los que más les conviene que las primarias de ChileVamos sean acotadas en votos son, sin duda, los candidatos de la ex Nueva Mayoría y el Frente Amplio. Una participación por debajo de los 800.000 votos sería un balde de agua fría para la oposición, con miras a la elección presidencial y parlamentaria.

Pero los “retadores” de Piñera – y sus seguidores– sí tienen motivación para ir a votar. Solo pueden ganar. Cualquier cifra por sobre lo que hoy les dan las encuestas –menos del 3% entre ambos– será interpretada por ellos como un triunfo de sus proyectos políticos. Ossandón tiene además el estímulo de haber conquistado 317.311 sufragios en su circunscripción en 2013, lo que demostró una alta capacidad de convocatoria en “su territorio”. En el caso de Piñera, demos por descontado que los militantes de la UDI y RN votarán en masa, es decir, 70.000 personas. Sin embargo, ¿qué podría servir de estímulo al ciudadano común para ir a votar por quien ya se presenta como el ganador? Nada. Esas personas con suerte van a concurrir a las urnas en noviembre.

A la luz de los datos actuales, tal vez Jacqueline Van Rysselberghe tenía razón en la idea de eludir las primarias. El pensamiento hablado que la caracteriza, fue un acto de sincera expresión de temor. Y también es un hecho que Cecilia Morel logra percibir lo que su inquieto y acelerado marido es incapaz de visualizar.

No olvidemos cuando, en la gira posterior al rescate de los 33 por Europa, la ex Primera Dama lo retó públicamente, obligándolo a guardar el mensaje de los mineros para evitarle un papelón. Tal vez, le convendría escucharla más, porque si ella se refería en particular a alguien cuando dijo que algunos daban esta carrera por ganada, se trataba precisamente de su marido, Sebastián Piñera.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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