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La nobleza de un verdadero Heraldo

por 4 noviembre, 2017

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Resulta curiosa la existencia del tácito acuerdo en política exterior chilena, al extremo de apoyarse mutuamente todos los sectores políticos al margen de los resultados en las controversias internacionales. El efecto más reciente de este pacto es el nulo costo político para el gobernante anterior el haber entregado menos territorio que el que recibió. Todo ello ante un país absolutamente ignorante respecto al estado del diferendo con Bolivia y con una cancillería incapaz de reaccionar dignamente frente al permanente ataque del gobierno boliviano.

Contrasta este tibio actuar del Canciller chileno con su persistente y casi obsesiva preocupación por el proceso democrático de Venezuela, obligándose a opinar acríticamente, en el sentido sociológico del término, tomando partido a favor del actuar vandálico de la oposición liderada por la MUD. Uno podría explicarse su sensibilidad frente a la concentración de poder del régimen de Maduro, pero de ahí a justificar las “guarimbas” con la quema de 29 policías es algo que no puede representar al gobierno de la presidenta Bachelet.

Lo más curioso es que al país con más procesos electorales, uno cada 11 meses, le exijamos pruebas de blancura que nosotros, si en Chile, difícilmente podemos exhibir. Nuestro sistema de elecciones aún se realiza con padrones que debemos limpiar, con ciudadanos que han sido cambiados de domicilio, y con una bajísima participación de la ciudadanía, con un control absoluto de los medios de comunicación por los sectores de derecha.

La existencia de un orden institucional cuyo poder no radica en la soberanía popular y que contiene trampas que hacen imposible su modificación no le otorgan a Chile autoridad ninguna para criticar el proceso venezolano por una sola razón: la Constitución de Venezuela no está en entredicho como la chilena, no es objetada por la oposición, a Maduro se critica más bien por no cumplirla.
Lo más curioso es que al país con más procesos electorales, uno cada 11 meses, le exijamos pruebas de blancura que nosotros, si en Chile, difícilmente podemos exhibir. Nuestro sistema de elecciones aún se realiza con padrones que debemos limpiar, con ciudadanos que han sido cambiados de domicilio, y con una bajísima participación de la ciudadanía, con un control absoluto de los medios de comunicación por los sectores de derecha.

Si a ello agregamos la existencia de un tribunal constitucional que puede modificar la voluntad popular, alterando la decisión de quienes son depositarios de la soberanía del pueblo, lo inexplicable que resulta el hecho que una alianza política obtenga un alto porcentaje de adhesión ciudadana y deba reconcursar con su programa de gobierno ante sus opositores para hacerlo realidad, para darnos cuenta cuan imperfecta es nuestra democracia a la hora de compararnos con Venezuela.

Un país como Chile que diariamente aparece en los noticiarios internacionales como agresor del pueblo mapuche e incapaz de resolver la transgresión a los derechos humanos como secuela de la dictadura, donde la impunidad es a la medida de lo posible, que eleva la delincuencia a la categoría de lo político, fenómeno calificado por Piñera presidente como “algo tan propio de la naturaleza humana”, para ocultar la perversidad de un modelo de desarrollo construido sobre la base del empobrecimiento de la mayoría de la población.

Somos demasiados vulnerables ante la comunidad internacional, con una imagen de país agresor que aún nuestra cancillería no logra modificar, como para estar respaldando junto a 11 países, por mandato de Almagro una auditoría internacional sobre las elecciones regionales de Venezuela. Con justificada razón o no podría un grupo de ciudadanos apelar ante la comunidad internacional una auditoría de similar característica sobre nuestro país.

Además, se debilita nuestra preocupación por el funcionamiento de la democracia en otros países cuando callamos frente a la represión de la policía nacional española durante el referéndum realizado el 1º de octubre en Cataluña. Fue un verdadero asalto a la democracia, con policías destruyendo los ventanales de los colegios, locales de votación, rompiendo urnas y material electoral y todo el mundo libre contemplando sin culpa tales atropellos, incluido Chile.

Ya quisiéramos que los mensajes a transmitir por nuestro Heraldo fueran más auspiciosos para nuestro país, que expresaran una mayor nobleza hacia nuestros hermanos latinoamericanos, liderando grandes ceremonias en que Chile sea reconocido por su buena vecindad, por ser solidario ante los desastres naturales sin discriminar a los beneficiados. Necesitamos una política exterior de mayor coherencia y si el elevado comercio exterior que mantenemos con China y hasta con Corea del Norte no nos llevan a enjuiciar su sistema político tampoco lo hagamos ante una Venezuela que lucha por alcanzar la paz.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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