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Un abrazo al cola de derecha

por 26 diciembre, 2017

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Pedro Pizarro nos compartió una sentida columna sobre su experiencia siendo “Cola” y haber votado por Sebastián Piñera. Más que una provocación sobre el discurso histórico de las organizaciones de sociedad civil y el mundo activista por los derechos LGBTI+, y desde mi perspectiva siendo un “Cola de Izquierda”, lo tomo como una oportunidad para plantear algunas imprecisiones y confusiones que espero se despejen en este nuevo ciclo con Chile Vamos en la cabeza del Gobierno, momento propicio para también plantear ciertos desafíos que observo para la izquierda sobre la agenda de derechos de la Diversidad Sexual en el próximo ciclo presidencial.

Un gran error del que nos debemos hacer responsables quienes trabajamos en temas relacionados con la Diversidad Sexual, es la excesiva gremialización de la demanda de los derechos, separándola del ideario de país que queremos proponer para Chile. Las demandas por el reconocimiento y garantía de derechos sobre el identidad, la maternidad/paternidad y la familia no están separadas de las demandas de igualdad y libertad que como izquierda le proponemos a Chile. Libertad en cuanto creemos que el sistema económico y social actual impide que cada cual pueda desarrollar su proyecto de vida en función de sus decisiones personales e igualdad en la medida que cada persona, en base a sus decisiones pueda tener las mismas condiciones para desarrollarse.

La demanda LGTBI+ no está supeditada a un pequeño grupo de “colas”, la entendemos como una mejora de la sociedad en su conjunto. La visión de un estado que garantice los derechos a la educación, salud y seguridad social, la comparto en la medida que estoy seguro que las leyes del mercado, más que chorrear beneficios, van generando una pirámide de exclusiones donde al final de ella, se encuentran las mujeres, los pueblos originarios y las personas LGBTI+.

Con absoluto respeto a la opción política del columnista, me permito decirle que el mercado no puede estar por sobre la dignidad de las personas, y no es la derecha chilena quien va a resguardar sus libertades personales.

Invito al columnista a mirar Chile más allá de sus privilegios, a darse la posibilidad de dialogar con personas Trans y ver si los comentarios del presidente electo sobre la identidad de género les son indiferentes, o que revise de qué sectores socioeconómico son los jóvenes LGBTI+ que se suicidan cada año. Una de las trampas del neoliberalismo es volvernos ciegos al dolor ajeno, y creer que la reactivación económica llegará en algún momento a los sectores más desfavorecidos de la sociedad chilena. Está demostrado, durante 45 años en Chile no ha pasado.

Citar a Trudeau en Canadá es bastante fácil e inspirador, un liberal que le pide perdón a la comunidad LGBTI+ por las políticas represivas del Estado y que marcha en el Día del Orgullo. La diferencia recae en el peso de los hechos. Canadá, Alemania y Francia, todos países OCDE, tienen sistemas de bienestar bastantes mas avanzados que Chile, con una fuerte presencia del Estado y con una regulación del mercado que ya quisiera que Evopoli propusiera para Chile. Pero no es así. Lo invito a mirar los países con Matrimonio Igualitario y mirar sus niveles de desigualdad, de distribución del ingreso y acceso a educación y salud, espero se pueda dar cuenta que lo que la izquierda propone para Chile, no es seguir el ejemplo de Venezuela y Cuba, es mirar la sociedad chilena desde la libertad y la igualdad.

Es necesario precisar algo sobre la Ley Zamudio, aprobada durante el primer gobierno de Sebastián Piñera. El proyecto de ley nunca estuvo en el programa de gobierno, así como hoy tampoco existe ninguna alusión a la Diversidad Sexual en su programa 2018-2022. La tortura y asesinato de Daniel, la conmoción pública y la presión de las organizaciones de la sociedad civil hicieron que el ejecutivo pusiera urgencia a un proyecto que fue ingresado por Ricardo Lagos en 2005. Durante la discusión de la misma, la derecha se encargó de retrasar el proyecto una y otra vez, ponen en duda hasta el último momento, el ingreso de la orientación sexual y la identidad de género, como categoría de discriminación arbitraria. Esa misma derecha que en la tramitación de la ley de Acuerdo de Único Civil, se negaba a que esta generara estado civil, esperando que las colas de derecha, izquierda o de centro se comprometieron en una notaría, semejante a la compraventa de un auto o la firma del finiquito de trabajo.

Con absoluto respeto a la opción política del columnista, me permito decirle que el mercado no puede estar por sobre la dignidad de las personas, y no es la derecha chilena quien va a resguardar sus libertades personales. La izquierda no ha sido tampoco el mejor ejemplo, pero al parecer aprende más rápido. Con todo el amor del mundo, le digo que está en la vereda que lo va a abandonar, porque el mercado es así, si no puedes pagar, no puedes acceder. Siendo cola lo van a seguir dejando a la cola. Sinceramente, le mando un abrazo al cola de derecha.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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