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Navidad, navidad a ocultar la realidad

por 23 diciembre, 2018

Navidad, navidad a ocultar la realidad
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Una antigua canción del cantautor Chileno Eduardo Peralta, nos hablaba sobre la navidad como una época en que había que “esconder la realidad, guárdala en algún bolsillo por piedad que hoy la vida tiene un brillo de bondad”. Cuando vemos los comercios, las ferias, las calles colmadas de compradores exhaustos, angustiados, peleándose por comprar la última novedad del mercado, nos viene a la mente esa canción.

Una fecha que en nuestra cultura hace mucho que dejó de ser una fiesta religiosa, para transformarse en una instancia para compartir con las familias, sin importar si sabemos o creemos en la celebración cristiana original. El problema no es lo qué celebramos, sino cómo lo hacemos. Según cifras de la Fundación Sol, el 50,6% de los trabajadores de Chile ganan $380.000 o menos y solo el 15,3% tiene un salario superior a $850.000. Con estas cifras, uno esperaría que la desesperación por la compra de regalos, fuera solo tema del 7,3% que gana más de 1,5 millones al mes, pero bien sabemos que eso no es así.

Es cosa de darse una vuelta por cualquier Mall, observar la gente cargada de regalos en el metro, el transantiago o cualquier trasporte público del país, pareciera que la felicidad se alcanza sólo consumiendo sin importar el nivel socioeconómico, pero la realidad nos dice otra cosa. Según estudios de la OMS, alrededor del 17,5 por ciento de los chilenos padecen depresión, nuestro país lidera el ranking mundial  y es una de las dos naciones, junto con Corea del Sur, en el que la tasa de suicidios de niños y adolescentes aumenta cada año en vez de disminuir.

La agresividad, la baja tolerancia a la frustración e incluso los niveles de violencia del Chileno están dando cuenta del estrés laboral, el aumento de la cesantía, el temor al futuro, lo que mesclado es un caldo peligroso. Es cosa de darse unas vueltas por las redes sociales; twitter ya parece una parodia de la agresividad, en youtube circulan videos preocupantes subidos hasta por adolescentes chilenos en que la tortura de animales, el bulling, lenguajes siniestros, es el centro de la historia; hasta el aparente inocente Facebook es usado para agredirnos, lastimarnos, hacernos daño. Basta una chispa, para que emerja la rabia contenida que se traduce en xenofobia, homofobia, intolerancia, actos violentos ante la menor provocación. El caso del asesinato del comunero Mapuche Camilo Catrillanca, es un ejemplo digno de análisis.

Sin embargo en noche buena, después de recibir “sonrisas y aguinaldos que son como suaves brisas”, todos por un breve momento, como en una tregua de navidad entre feroces combates, nos damos las manos y somos hermanos. “Hay un señor que ha buscado a su peor enemigo y le ha dicho entusiasmado esta noche desgraciado vente a merendar conmigo”. Navidad, navidad, a esconder la realidad…

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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